Un lugar para caminar con San Pablo... para llevar a Cristo a cada persona en cada paso... un espacio para peregrinar a través de las Cartas de San Pablo, un lugar para reflexionar, compartir, y disfrutar de La Palabra a través de su gesta como el Apóstol de las Gentes. Una oportunidad más para conocer a Pablo de Tarso, misionar con él y llevar la Palabra de Jesús Resucitado.

martes, diciembre 23

Carta a los Gálatas: Parte II (3-4) por Rafael Sanz


















Es la parte de argumentación doctrinal: Demuestra por la Escritura que es la fe, y no la ley, la que salva al hombre en el plan divino.

Pablo presenta ahora una defensa escriturística y doctrinal de su evangelio. Esta defensa contiene tres partes, en las que Pablo se refiere al reino de la fe y al reino de la libertad cristiana y los ilustra con una alegoría de un pasaje del Antiguo Testamento.

Estos capítulos 3 y 4 están dominados por la figura de Abraham y por la de Cristo, su descendente y heredero de la promesa. La argumentación de Pablo nos parece muy sutil. Se adivina que los ,judaizantes insistían en la necesidad de que los convertidos se unieran a la descendencia de Abrahán mediante la circuncisión y pertenecieran a la ciudad de Jerusalén hacia la que habrían de dirigirse los pueblos (Is 2,2-4). Con habilidad, Pablo cambia esta argumentación releyendo la Escritura a partir de Cristo, crucificado y resucitado.

El progreso de su pensamiento es así: 1) la experiencia de la espiritualidad de los gálatas: ¿de quien han recibido el Espíritu? ( 1-5); 2) La promesa hecha a Abrahán: se goza de ella por la fe, no por las obras de la ley (6-14); 3) La ley, dada posteriormente, y provisional, no anuló la promesa; lo sometió todo al pecado (15-25); 4) una doble preocupación dogmática: a) formamos uno solo en Cristo Jesús: somos la descendencia de Abrahán para quienes vale la promesa (26-29) + b) acabada la tutela de la ley, somos hijos en el Hijo, gracias al Espíritu, fruto de la promesa (4,1-7); 5) vuelta a la experiencia de los gálatas (8-20) y 6) vuelta a la Escritura: hijos de la mujer libre, los cristianos pertenecen a la Jerusalén celestial. ¡Que no caigan de nuevo en la esclavitud de la ley! (21-31)

a) el reino de la fe (3,1-29)

Pablo propone dos argumentos para explicar la sustitución de la Ley por la Fe:

1°) Es presentado en forma de tres preguntas y está tomado de la experiencia cristiana (3,1-5):

3,1 ¡Gálatas insensatos! ¿Quién os ha fascinado a vosotros, a cuyos ojos ha sido presentado Jesucristo crucificado? 2 Quiero saber de vosotros una sola cosa: ¿habéis recibido el Espíritu por las obras de la ley o por la fe en la predicación? 3 ¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿termináis ahora en carne? 4 ¿Habéis pasado en vano por tales experiencias? ¡Pues bien en vano sería! 5 El que os otorga el Espíritu y obra milagros entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley o por fe en la predicación?


2°) A partir de la Sagrada Escritura (3,6-28), en cuatro fases:

(a) la fe y la ley (6-14):

6 Así, Abrahán creyó en Dios y le fue reputado como justicia. 7 Tened, pues, entendido que los que creen, ésos son los hijos de Abrahán. 8 La Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, anunció con antelación a Abrahán esta buena nueva: En ti serán bendecidas todas las naciones. 9 Así pues, los que creen son bendecidos con Abrahán el creyente. 10 Porque todos los que viven de las obras de la ley incurren en maldición. Pues dice la Escritura: Maldito todo el que no se mantenga en la práctica de todos los preceptos escritos en el libro de la Ley. -11 Y que la ley no justifica a nadie ante Dios es cosa evidente, pues el justo vivirá por la fe; 12 pero la ley no procede de la fe, antes bien quien practique sus preceptos, vivirá por ellos.- 13 Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: Maldito el que cuelga de un madero. 14 Y esto para que la bendición de Abrahán llegara a los gentiles, en Cristo Jesús, y por la fe recibiéramos el Espíritu de la promesa.

(b) la ley no anula la Promesa (I5-18):

15 Hermanos, voy a explicarme al modo humano: aun entre los hombres, nadie anula ni añade nada a un testamento hecho en regla. 16 Pues bien, las promesas fueron hechas a Abrahán y a su descendencia. No dice: «y a los descendientes», como si fueran muchos, sino a uno solo, a tu descendencia, es decir, a Cristo. 17 Y digo yo: Un testamento ya hecho por Dios en debida forma, no puede ser anulado por la ley, que llega cuatrocientos treinta años más tarde, de tal modo que la promesa quede anulada. 18 Pues si la herencia dependiera de la ley, ya no procedería de la promesa, y sin embargo, Dios otorgó a Abrahán su favor en forma de promesa.


(c) función de la ley (19-22):

19 Entonces, ¿para qué la ley? Fue añadida en razón de las transgresiones hasta que llegase la descendencia, a quien iba destinada la promesa, promulgada por los ángeles y con la intervención de un mediador. 20 Ahora bien, cuando actúa uno solo, no hay mediador, y Dios es uno solo. 21 Según esto, ¿la ley se opone a las promesas de Dios? ¡De ningún modo! Si se nos hubiera otorgado una ley capaz de dar vida, en ese caso la justicia vendría realmente de la ley. 22 Pero la Escritura encerró todo bajo el pecado, a fin de que la promesa fuera otorgada a los creyentes mediante la fe en Jesucristo.

y (d) el advenimiento de la fe (23-29):

23 Antes de que llegara la fe, estábamos encerrados bajo la vigilancia de la ley, en espera de la fe que debía manifestarse. 24 De manera que la ley fue nuestro pedagogo hasta Cristo, para ser justificados por la fe. 25 Mas, una vez llegada la fe, ya no estamos bajo el pedagogo. 26 Pues todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús. 27 Los que os habéis bautizado en Cristo os habéis revestido de Cristo: 28 ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. 29 Y si sois de Cristo, ya sois descendencia de Abrahán, herederos según la promesa.


b) el reino de la libertad cristiana (4,1-4,20)

La segunda parte de la defensa escriturística y doctrinal que hace Pablo de su evangelio comienza con el tercer desarrollo midráshico del relato de Abrahán (cf. 3,6.15). Para llegar a ser heredero de las promesas hechas a Abrahán no se requiere el cumplimiento de las obras de la ley, sino la fe, que hace que el hombre sea verdadero descendiente suyo. Todo esto se ilustra con ejemplos tomados de las costumbres griegas y palestinenses sobre la herencia.

4,1 Pues digo yo: Mientras el heredero es menor de edad, en nada se diferencia de un esclavo, con ser dueño de todo; 2 sino que está bajo tutores y administradores hasta el tiempo fijado por el padre. 3 De igual manera, también nosotros, mientras éramos menores de edad, éramos esclavos de los elementos del mundo. 4 Pero, al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, 5 para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibiéramos la condición de hijos. 6 Y, como sois hijos, Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que clama: ¡Abbá, Padre! 7 De modo que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero por voluntad de Dios.

8 Pero en otro tiempo, cuando no conocíais a Dios, servíais a los que en realidad no son dioses. 9 Mas, ahora que habéis conocido a Dios, o mejor, que él os ha conocido, ¿cómo retornáis a esos elementos sin fuerza ni valor, a los cuales queréis volver a servir de nuevo? 10 Observáis los días, los meses, las estaciones, los años. 11 Me hacéis temer haya sido en vano todo mi afán por vosotros.


El cambio de los gálatas.

12 Haceos como yo, pues yo me hice como vosotros. Ningún agravio me hicisteis. 13 Pero bien sabéis que una enfermedad corporal me dio ocasión para evangelizaros por primera vez; 14 y, no obstante la prueba que suponía para vosotros mi cuerpo, no me mostrasteis desprecio ni repulsa, sino que me recibisteis como a un mensajero de Dios: como a Cristo Jesús. 15 ¿Dónde está ahora el parabién que os dabais? Pues yo mismo puedo atestiguaros que os hubierais arrancado los ojos, de haber sido posible, para dármelos. 16 ¿Es que me he vuelto enemigo vuestro diciéndoos la verdad? 17 Ese interés por vosotros no es bueno; quieren alejaros de mí para que os intereséis por ellos. 18 Bien está ser objeto de interés para el bien, pero siempre, y no sólo cuando yo estoy entre vosotros. 19 ¡Hijitos míos!, por quienes sufro de nuevo dolores de parto, hasta ver a Cristo formado en vosotros. 20 Quisiera hallarme ahora en medio de vosotros para poder acomodar el tono de mi voz, pues no sé cómo habérmelas con vosotros.

c) la alegoría de Sara y Agar ilustra esta libertad (4,21-31)

Quizá el empleo de la metáfora de la madre sugirió a Pablo el cuarto de los desarrollos midráshicos del relato de Abrahán, una alegoría sobre Sara, la madre de Isaac, el verdadero heredero.

21 Decidme vosotros, los que queréis estar sometidos a la ley: ¿No oís lo que dice la ley? 22 Pues está escrito que Abrahán tuvo dos hijos: uno de la esclava y otro de la libre. 23 Pero el de la esclava nació según la naturaleza; el de la libre, en virtud de la promesa. 24 Hay en ello una alegoría: estas mujeres representan dos alianzas; la primera, la del monte Sinaí, madre de los esclavos, es Agar, 25 (pues el monte Sinaí está en Arabia) y corresponde a la Jerusalén actual, que es esclava, y lo mismo sus hijos. 26 Pero la Jerusalén de arriba es libre; ésa es nuestra madre, 27 pues dice la Escritura: Regocíjate estéril, la que no dabas hijos; rompe en gritos de júbilo, la que no conocías los dolores de parto, que más son los hijos de la abandonada que los de la casada. 28 Y vosotros, hermanos, a la manera de Isaac, sois hijos de la promesa. 29 Pero, así como entonces el nacido según la naturaleza perseguía al nacido según el Espíritu, así también ahora. 30 Pero ¿qué dice la Escritura? Despide a la esclava y a su hijo, que no herederá el hijo de la esclava junto con el hijo de la libre. 31 Así que, hermanos, no somos hijos de la esclava, sino de la libre.

(Continuará)

sábado, diciembre 20

Se ha manifestado el amor de Dios















"La gracia de Dios, que es fuente de salvación para todos los hombres, se ha manifestado.

Ella nos enseña a rechazar la impiedad y los deseos mundanos,

para vivir en la vida presente con sobriedad, justicia y piedad,

mientras aguardamos la feliz esperanza y la Manifestación de la gloria

de nuestro gran Dios y Salvador, Cristo Jesús.

Él se entregó por nosotros, a fin de librarnos de toda iniquidad,

purificarnos y crear para sí un Pueblo elegido y lleno de celo en la práctica del bien". (Carta a Tito 2, 11-14)

Con lo saludos navideños y de Año nuevo del P. Benito

Consigna: “Vivamos con sobriedad, justicia y piedad”.

lunes, diciembre 8

Carta a los Gálatas: Parte I (1,11-2,21)


Es la parte narrativa, más personal e histórica: Pablo defiende su evangelio: su evangelio es de origen divino y está confirmado por la autoridad de la Iglesia.

Al parecer, los judaizantes habían acusado a Pablo de que su mensaje no provenía de Cristo, sino de otros predicadores, y que lo había adulterado al liberar a los gentiles de la obligación de circuncidarse. Su réplica consiste en reafirmar el origen divino de su misión apostólica y en explicar las relaciones que mantiene con la Iglesia madre de Jerusalén.

Por tanto los hechos se evocan solamente para poner en evidencia la verdad del evangelio. Podemos proponer este plan general:

l °) Pablo es llamado a ser apóstol de las naciones y
2°) el combate de Pablo por la verdad de su evangelio en Jerusalén y en Antioquía.
a) el evangelio de Pablo no es de origen humano sino divino (1,11-24)

El evangelio que Pablo tiene que proclamar no es un mensaje abstracto de salvación, ni tampoco una proclamación existencíal sobre el destino del hombre, sino una Persona, el Hijo… Lo que importa percibir es el vínculo entre este descubrimiento teologico y el universalismo de la misión. Si Jesús es el Hijo de Dios y no solamete el Mesías, entonces saltan todas las barreras que separanban a los judíos y a los gentiles. La revelación de Hijo introduce la era del cumplimiento en la que todas las naciones se benefician de la promesa, por medio de la fe (Gal 3,6-9).

11 Porque os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí, no es de orden humano, 12 pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo. 13 Pues habéis oído hablar de mi conducta anterior en el judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la iglesia de Dios para destruirla, 14 y cómo superaba en el judaísmo a muchos compatriotas de mi generación, aventajándoles en el celo por las tradiciones de mis padres. 15 Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien 16 revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo a hombre alguno, 17 ni subir a Jerusalén donde los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde volví a Damasco.18 Luego, de allí a tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas y permanecí quince días en su compañía. 19 Y no vi a ningún otro apóstol, sino a Santiago, el hermano del Señor. 20 Y en lo que os escribo, Dios me es testigo de que no miento. 21 Más tarde me fui a las regiones de Siria y Cilicia. 22 Personalmente no me conocían las iglesias de Cristo en Judea. 23 Solamente habían oído decir: «El que antes nos perseguía ahora anuncia la buena nueva de la fe que entonces quería destruir». 24 Y glorificaban a Dios por mi causa.

b) el evangelio de Pablo está aprobado por los responsables de Jerusalén en el concilio de Jerusalén (2,1-10)

Lo demuestra con la aparición constante del verbo circuncidar (2,3; 5,2.3; 6,12.13) y del sustantivo ciscuncisión (2,7.8.9.12; 5,6.11; 6,15).

2,1 Luego, al cabo de catorce años, subí nuevamente a Jerusalén con Bernabé, llevando conmigo también a Tito. 2 Subí movido por una revelación y les expuse a los notables en privado el Evangelio que proclamo entre los gentiles para ver si corría o había corrido en vano. 3 Pues bien, ni siquiera Tito que estaba conmigo, con ser griego, fue obligado a circuncidarse. 4 Y esto a causa de los intrusos, los falsos hermanos que solapadamente se infiltraron para espiar la libertad que tenemos en Cristo Jesús, con el fin de reducirnos a esclavitud, 5 a quienes ni por un instante cedimos, sometiéndonos, a fin de salvaguardar para vosotros la verdad del Evangelio… 6 Y de parte de los que eran tenidos por notables -¡no importa lo que fuesen: Dios no mira la condición de los hombres- en todo caso, los notables nada nuevo me impusieron. 7 Antes al contrario, viendo que me había sido confiada la evangelización de los incircuncisos, al igual que a Pedro la de los circuncisos, 8 -pues el que actuó en Pedro para hacer de él un apóstol de los circuncisos, actuó también en mí para hacerme apóstol de los gentiles- 9 y reconociendo la gracia que me había sido concedida, Santiago, Cefas y Juan, que eran considerados como columnas, nos tendieron la mano en señal de comunión a mí y a Bernabé, para que nosotros fuéramos a los gentiles y ellos a los circuncisos.10 Sólo nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, cosa que he procurado cumplir. c) el evangelio de Pablo puso de manifiesto la falta de consecuencia de Pedro en Antioquía (2,11-14): el combate de Pablo por la libertad cristiana y la verdad del evangelio.

Los “pilares” de la Iglesia de Jerusalén no sólo aprobaron el evangelio de Pablo, sino que en la Iglesia de Antioquía, formada por gentiles y judíos, la predicación de Pablo apareció como la única respuesta posible. En la parte narrativa de la carta, el conflicto de Antioquía constituye el punto final.

11 Mas, cuando vino Cefas a Antioquía, me enfrenté con él cara a cara, porque era censurable. 12 Pues antes que llegaran algunos de parte de Santiago, comía en compañía de los gentiles; pero una vez que aquéllos llegaron, empezó a evitarlos y apartarse de ellos por miedo a los circuncisos. 13 Y los demás judíos disimularon como él, hasta el punto de que el mismo Bernabé se vio arrastrado a la simulación.

14 Pero en cuanto vi que no procedían rectamente, conforme a la verdad del Evangelio, dije a Cefas en presencia de todos: «Si tú, siendo judío, vives como gentil y no como judío, ¿cómo fuerzas a los gentiles a judaizar?

d) Resumiendo: Pablo resume su evangelio (2,15-21): por la fe en Cristo, Dios justifica a judíos y paganos.

La primera parte de Gal termina con un resumen de la enseñanza de Pablo sobre la fe y la Ley, y viene a ser una reformulación de las palabras que Pablo dirigió a Pedro en Antioquía. Gran parte de la doctrina de Rom y Gal se encuentra sintetizada con gran concisión en estos siete versículos. Estos versículos apasionados en los que Pablo nos abre el secreto de su vida personal, constituyen el corazón mismo de toda la carta y sirven de transición a la demostración por medio de la Escritura.

15 «Nosotros somos judíos de nacimiento y no gentiles pecadores; a pesar de todo, 16 conscientes de que el hombre no se justifica por las obras de la ley sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos creído en Cristo Jesús a fin de conseguir la justificación por la fe en Cristo, y no por las obras de la ley, pues por las obras de la ley nadie será justificado. 17 Ahora bien, si buscando nuestra justificación en Cristo, resulta que también nosotros somos pecadores, ¿está Cristo al servicio del pecado? ¡De ningún modo! 18 Pues si vuelvo a edificar lo que una vez destruí, a mí mismo me declaro transgresor. 19 En efecto, yo por la ley he muerto a la ley, a fin de vivir para Dios: con Cristo estoy crucificado; 20 y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Esta vida en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí. 21 No anulo la gracia de Dios, pues si por la ley se obtuviera la justicia, habría muerto en vano Cristo.»

Escrito por rsanzcarrera

Archivado en Corpus Paulinum
14 Junio, 2008

Continuará...

¿COMO EXPONE SAN PABLO LA LIBERTAD CRISTIANA EN LA CARTA A LOS GALATAS?

1) La libertad que predica Pablo corresponde a una vocación (5,15). Esta llamada a la libertad se inscribe en el plan divino que nos revela la promesa hecha a Abrahám.

2) Esta libertad no puede desarrollarse más que en virtud de la redención realizada por Cristo (5, 1), sin el no hubiéramos podido.

3) La libertad cristiana se caracteriza en primer lugar como vida filial (4,4-7). La perspectiva teologal prevalezca sobre la perspectiva moral: la lucha contra los malos deseos de la carne no es anterior a la conversión al Dios Padre, sino que la contemplación del amor de Dios, revelado por la cruz de Cristo, lo que permite la lucha de liberación contra la tiranía del pecado

4) La libertad cristiana se desarrolla en el servicio mutuo. Lejos de encerrar al hombre en su suficiencia, lo entrega a los demás, lo mismo que Cristo se entregó por amor (2,20)

5) El Espíritu Santo es el actor decisivo: caminemos bajo su impulso (5,25) ya que donde está el Espíritu del Señor allí está la libertad.

6) Pablo no dice nada de las condiciones sociales, económicas, políticas de la libertad cristiana. Según la enseñanza de Pablo el mal está en la conciencia antes de estar en la sociedad y las reformas que miran a las estructuras no llevarán nunca a la verdadera liberación del hombre si no van dirigidas por el Espíritu de Jesucristo que provoca en cada uno la conversión personal.

Es la parte exhortativa: conservad esa libertad en Cristo. Vivir según el Espíritu: Cristo nos ha redimido para la libertad.

Pablo extrae algunas conclusiones prácticas de la exposición doctrinal que precede. Se trata de que los gálatas respondan a su vocación de libertad, la que el Espíritu de Dios suscita entre los hijos de la Jerusalén de arriba. Esta parte comprende dos secciones:

a) Advertencia para que no pierdan la libertad en Cristo (5,1-12)

Si Cristo nos ha comprado, no ha sido para hacernos cambiar una esclavitud por otra, sino para concedernos la libertad de los hijos de Dios. Se impone esta interpretación, si tenemos en cuenta el texto paralelo de Rom 8,15: mirad, no recibisteis un espíritu que os haga esclavos y os vuelva al temor; recibisteis un Espíritu que os hace hijos. 5,1 Para ser libres nos ha liberado Cristo. Manteneos, pues, firmes y no os dejéis oprimir nuevamente bajo el yugo de la esclavitud. 2 Soy yo, Pablo, quien os lo dice: Si os circuncidáis, Cristo no os aprovechará nada. 34 Habéis roto con Cristo todos cuantos buscáis la justicia en la ley. Habéis caído en desgracia. 5 En cuanto a nosotros por el Espíritu y la fe esperamos la justicia anhelada. 6 Porque siendo de Cristo Jesús ni la circuncisión ni la incircuncisión tienen eficacia, sino la fe que actúa por la caridad. De nuevo declaro a todo hombre que se circuncida que queda obligado a practicar toda la ley. 7 Corríais bien, ¿quién os puso obstáculos para que no siguierais la verdad? 8 Semejante persuasión no proviene de Aquel que os llama. 9 Un poco de levadura hace fermentar toda la masa. 10 Por mi parte, confío en el Señor que no cambiaréis de actitud; pero el que os perturba, quienquiera que sea, cargará con su sentencia. 11 En cuanto a mí, hermanos, si aún predico la circuncisión, ¿por qué soy perseguido? ¡Pues se acabó ya el escándalo de la cruz! 12 ¡Ojalá que se mutilaran los que os perturban!

b) Instrucciones sobre el recto uso de la libertad cristiana (5,13-6,10)

Pablo, en un primer momento, quiere dejar clara la primacia de la caridad (13-18), y junto a un catálogo de vicios (obras de la carne) que el cristiano debe evitar si quiere compartir las bendiciones del reino de Dios (19-21) añade un elenco de las virtudes que denomina frutos del Espíritu Santo (22-25).
13 Vosotros, hermanos, habéis sido llamados a la libertad; pero no toméis de esa libertad pretexto para la carne; antes al contrario, servíos unos a otros por amor. 14 Pues toda la ley alcanza su plenitud en este solo precepto: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 15 Pero si os mordéis y os devoráis unos a otros, ¡mirad no vayáis a destruiros mutuamente! 16 Os digo esto: proceded según el Espíritu, y no deis satisfacción a las apetencias de la carne. 17 Pues la carne tiene apetencias contrarias al espíritu, y el espíritu contrarias a la carne, como que son entre sí tan opuestos, que no hacéis lo que queréis. 18 Pero, si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley. 19 Ahora bien, las obras de la carne son conocidas: fornicación, impureza, libertinaje, 20 idolatría, hechicería, odios, discordia, celos, iras, ambición, divisiones, disensiones, 21 rivalidades, borracheras, comilonas y cosas semejantes, sobre las cuales os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios. 22 En cambio el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, 23 modestia, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley. 24 Pues los que son de Cristo Jesús, han crucificado la carne con sus pasiones y sus apetencias. 25 Si vivimos por el Espíritu, sigamos también al Espíritu. 26 No seamos vanidosos provocándonos los unos a los otros y envidiándonos mutuamente.

Y en un segundo momento exhorta a vivir bajo la ley de Cristo que son preceptos de amor y celo (6,1-10).

6, 1 Hermanos, si alguno es sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregidle con espíritu de mansedumbre, y cuídate de ti mismo, pues también tú puedes ser tentado. 2 Ayudaos mutuamente a llevar vuestras cargas y cumplid así la ley de Cristo. 3 Porque si alguno se imagina ser algo, no siendo nada, se engaña a sí mismo.4 Examine cada cual su propia conducta y entonces tendrá en sí solo motivos de gloriarse, y no en otros, 5 pues cada uno lleva su propia carga. 6 Que el catecúmeno comparta sus bienes con el catequista. 7. No os engañéis; de Dios nadie se burla. Pues lo que uno siembre, eso cosechará: 8 el que siembre para su carne, de la carne cosechará corrupción; el que siembre para el espíritu, del espíritu cosechará vida eterna. 9 No nos cansemos de obrar el bien; que a su debido tiempo nos vendrá la cosecha si no desfallecemos. 10 Por tanto, mientras tengamos oportunidad, hagamos el bien a todos, pero especialmente a nuestros hermanos en la fe.

Tomado del Blog: Escritura Sagrada Autor: Rafael Sanz

La estancia imprevista de san Pablo en la región Gálata


Tomado del Blog: Escritura Sagrada Autor: Rafael Sanz

En el siglo III a. C., una tribus celtas, después de haber despojado a Delfos, pasaron el Bósforo y se instalaron en la altiplanicie del Asía Menor, en la región de Ankara. Su último rey Amintas legó sus estados a Roma que engrandeció la provincia Galacia con las regiones limítrofes de Pisidia, Frigia y Licaonia. Como en su carta Pablo se dirige a los fieles con el nombre de gálatas (3,1), podemos estar seguros de que recorrió el corazón del país y no sólo la Pisidia y la Licaonia, a las que había evangelizado en su primer viaje.

Deseoso de predicar el evangelio en las grandes ciudades, Pablo no tenía seguramente la intención de detenerse en las aldeas del país de los gálatas. Pero una grave enfermedad impidió sus proyectos. Con palabras conmovedoras, el apóstol recordará más tarde las delicadas atenciones que recibió (Gal 4, 14). La enfermedad de Pablo no apartó a quienes le hospedaban de prestarle todos sus cuidados. Sin embargo, en el mundo antiguo la enfermedad se creía muchas veces que estaba provocada por los demonios, de los que había que preservarse; con esta intención escupían en tierra ante el enfermo. Lejos de realizar aquel gesto de desaire (Gal 4, 14), los gálatas se conmovieron por la predicación de Cristo en la cruz (Gal 3,1) y su conversión fue seguida de múltiples manifestaciones del espíritu (Gal 3, 2). Pablo conservará un grato recuerdo de esta misión imprevista y por eso sentirá mayor sorpresa del cambio de sus convertidos cuando pasaron por allí los predicadores judaizantes (Gal 3,1-5).

*En la foto cómo luce Galacia hoy día, en el Peloponeso, Grecia.


¡Hablemos de Pablo!

Nuestro blog sobre San Pablo se sostiene de las colaboraciones de gente no solamente que tenga conocimiento sino también de aquellos que tienen la buena voluntad de compartir sus experiencias frente al legado que nos ha dejado Pablo a todos los cristianos. No tenemos colaboradores fijos, esto es un foro abierto para que todos compartamos la Palabra. Necesitamos de sus colaboraciones o el blog no podrá continuar de la misma forma que hasta ahora. Invitamos a los sacerdotes, religiosos en general y laicos a que compartan sus pensamientos, reflexiones acerca del Año Paulino. Envíenos fotos si su parroquia está de fiesta este Año Jubilar por ser la festividad de San Pablo. ¡Compartan con nosotros la alegría de la Palabra a através de Pablo!

sábado, diciembre 6

¡Feliz Cumpleaños, JESUS!


“Todos nosotros éramos impuros…

nadie invocaba tu nombre…

Con todo, Señor, tú eres nuestro Padre,

nosotros somos la arcilla de tus manos,

y tú eres el alfarero,

somos todos obras de tus manos…

¡Ojalá rasgaras el cielo y descendieras”(Isaías 64).



Tú que eres el “regalo” de Dios al mundo,

tú puedes devolvernos la esperanza

y la alegría, y venir en este tu nuevo cumpleaños

que te lo deseamos feliz: ¡Feliz cumpleaños, Jesús!.

Y lo sea también para nosotros y para todo el mundo.



Benito D. Spoletini,ssp

a todos los amigos/as de "Con san Pablo a Cristo"

viernes, noviembre 28

Jesús, nacido de una Mujer, sujeto a la Ley

Éste es el único texto de Pablo, alusivo a María, de la cual ha nacido Jesús. Pablo lo hace para recordarnos que habiéndose Jesús encarnado históricamente, pudimos recibr la adopción de hijos.


“Así también nosotros, cuando éramos menores de edad, estábamos sometidos a los elementos del mundo.


Pero cuando se cumplió el tiempo establecido, Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer y sujeto a la Ley, para redimir a los que estaban sometidos a la Ley y hacernos hijos adoptivos.

Y la prueba de que ustedes son hijos, es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama a Dios llamándolo: ¡Abbá!, es decir, ¡Padre! Así, ya no eres más esclavo, sino hijo, y por lo tanto, heredero por la gracia de Dios”. (Gálatas 4,3-7)

Con los saludos y oraciones del P. Benito


Consigna: Me iré familiarizando con el Padre Dios, rezando con cariño el “Padre nuestro”

Divúlgalo entre amigos

lunes, noviembre 24

SAN PABLO: UNA ESTRELLA POLAR PARA LA VIDA CRISTIANA

Las cartas de san Pablo representan una parte notable del Nuevo Testamento. Es ya pacífica entre los estudiosos la distinción entre las cartas que se remontan al Apóstol y las que se atribuyen más bien a su círculo directo de discípulos; cartas que, en cualquier caso, la Iglesia ha consideradado desde siempre como «canónicas». El epistolario es un gran proyecto, cuyo contenido consideraremos de manera sumaria.

Si nos fijamos en el cómputo de los versículos, el corpus de las 13 cartas que llevan el nombre de Pablo comprenden 2.003 de un total de 5.621 de todo el Nuevo Testamento. Estamos, pues, ante un material textual relevante, dentro del cual emergen claras variantes de vocabulario, de estilo y de temas. Sobre estas variantes, a partir del siglo XVIII, los estudiosos han fijado el microscopio del análisis histórico-crítico y literario.

La «tradición paulina»
Progresivamente se ha llegado a una conclusión –hoy preponderante entre los exégetas– según la cual seis cartas atribuidas titularmente a Pablo serían en realidad «pseudoepígrafas» o «deuteropaulinas», es decir, puestas bajo el nombre y la autoridad del Apóstol, pero en realidad procedentes de discípulos suyos y de la que se ha denominado la «tradición paulina» (Efesios, Colosenses, 2Tesalonicenses, 1 y 2Timoteo, Tito). Esta conclusión merece, sin embargo, dos observaciones de índole general.

1) La primera es de corte histórico-literario. Los argumentos críticos son, sin duda, notables: por ejemplo, en una de las más importantes de estas cartas deuteropaulinas, la carta a los Colosenses, se encuentran 34 palabras completamente inéditas en todo el Nuevo Testamento, 28 extrañas al epistolario estrictamente paulino; se ignoran los temas fundamentales tan queridos por el Apóstol como la justificación, la fe, la ley; la construcción de las frases es pesada, prolija y repetitiva; se revela el uso de la retórica clásica y se hallan ausentes las referencias directas, típicas de Pablo; Cristo es presentado según un inesperado perfil de Señor cósmico, «cabeza de todo principado y potestad» (2,10) «Tronos, Dominaciones, Principados, Potestades: todo fue creado por él y para él» (1,16); como aquel que «es anterior a todo, y todo se mantiene en él» (1,17), y por él quiso Dios «reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra» (1,20); ya no está en escena la Iglesia local, sino la universal de la que Cristo es la «cabeza», cambiando de este modo la imagen paulina clásica de la Iglesia como «cuerpo de Cristo» (1Cor 12).
Podríamos extendernos ampliamente fijándonos en las variantes temáticas de este escrito, partiendo de un concepto del acto de fe, no ya considerado como acto de adhesión personal radical, sino como «conocimiento» de un contenido de verdad (fides quae más que fides qua, por usar el lenguaje teológico posterior). Y así sucesivamente con otras muchas sorpresas, generalmente indicadas en los comentarios de la carta. Dicho esto, hay que reconocer también que semejantes consideraciones, aunque muy notables e imprescindibles, referentes a la carta a los Colosenses y a las otras deuteropaulinas, nunca son absolutamente apodícticas, ya que de por sí no se pueden excluir evoluciones estilísticas y temáticas en un pensador tan creativo y original como es Pablo.

2) Existe, también, otra observación importante, de corte más teológico: las cartas deuteropaulinas siguen siendo «canónicas», y, reconociéndolas como pertenecientes al horizonte de los discípulos paulinos, no se invalida la inspiración divina. Como hacía notar la Dei Verbum (7 y 8), el hecho de que algunos textos neotestamentarios procedan de autores «del círculo» de los Apóstoles no afecta a su «canonicidad», ya que también estos escritos son «apostólicos», en el sentido que testimonian –aunque sea de manera mediata– la predicación apostólica (pensemos, por ejemplo, en el caso de Marcos y Lucas).
Como se lee en un comentario a otra importante carta considerada «pseudoepígrafa», la carta a los Efesios (de Stefano Romanello), «el hecho de que Pablo no sea el autor de la carta no resta nada al valor con el que la comunidad creyente la acoge. En todo caso, en la carta estamos en contacto con una predicación apostólica, es decir, con un testimonio de la fe de la Iglesia de los orígenes, que no queda vinculada de manera estática a la figura del Apóstol fundador, sino que elabora la palabra como un tesoro vivo, que se hace significativo para las nuevas situaciones en las que la comunidad se va encontrando».
Un plan de lectura integral
Llegados a este punto quisiéramos proponer de modo extremadamente esencial un itinerario en las dos áreas del corpus paulino, a partir de la directamente atribuida al Apóstol. De este modo se podría configurar también un plan de lectura integral de estos escritos, fundamentales para la fe y la historia del cristianismo, siguiendo la probable articulación cronológica y, por tanto, la eventual evolución de su pensamiento.

* Nos encontramos en torno al año 51. Desde Corinto, Pablo envía a los cristianos de Tesalónica una primera carta que está marcada por el registro autobiográfico de los recuerdos, por el tema pastoral referente a las tensiones que atenazan a la comunidad, y por el hilo teológico que en este caso se desarrolla en torno al tema escatológico de la parusía de Cristo al final de los tiempos, sello de la historia pero también luz para iluminar el presente sin caer en agitaciones apocalípticas.

* En Corinto Pablo había permanecido al menos un año y medio. Desde Éfeso, a mediados de la década de los 50, dirige la primera de sus dos cartas a los Corintios. Se trata de un claro desmentido a quien considera al Apóstol como un frío teórico, «el Lenin del cristianismo», para citar a Gramsci. En efecto, sus páginas tratan todos los temas de una Iglesia inmersa en un contexto secular con el que está invitada a confrontarse, del que recibe con frecuencia influencias negativas, pero en el que debe demostrar con valor su fe en Cristo resucitado y el amor fraterno que la une.
Las relaciones entre los cristianos de Corinto y Pablo no fueron precisamente idílicas. La segunda Carta que les dirige lo demuestra con fuerza. Su misma redacción manifiesta saltos de tema y de tono, reflejando las tensiones internas, pero a la vez la difícil relación con el Apóstol. Sin embargo en esas páginas se configura un proyecto caritativo e intraeclesial (la colecta para la Iglesia de Jerusalén) muy sugestivo.

* Y con la carta a los Gálatas entramos en el corazón del «Evangelio» de Pablo, aunque con frecuencia este escrito haya sido considerado como un «ensayo» con respecto a la posterior obra maestra de la carta a los Romanos. Efectivamente, en el centro está la tesis exquisitamente paulina de la justificación por la fe en la gracia divina: léase 2,16, donde por tres veces se corrobora que «el hombre no se justifica por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo». Así está preparada la base para la arquitectura central de la carta a los cristianos de Roma.

* Pero antes de ella se sitúa probablemente el escrito dirigido a los amadísimos cristianos filipenses, en el que, como escribía un conocido exegeta (J. Murphy O`Connor) «se siente latir el corazón de Pablo». Escrita en la cárcel (probablemente durante el período de prisión en Éfeso), la carta recoge un espléndido himno (2,6-11) que sintetiza de modo admirable la Encarnación y la Pascua de Cristo según un esquema de «exaltación» que posteriormente gustará mucho también a Juan.

* Y así estamos ante esa obra que un comentarista, Paul Althaus, introducía con esta declaración: «Las grandes horas de la historia de la Iglesia han sido las grandes horas de la carta a los Romanos», incluso en los momentos de áspera confrontación, como sucedió con la Reforma protestante. Construida sobre un doble movimiento teológico-doctrinal (capítulos 1-11) y ético-pastoral (capítulos 12-16), frecuente en los escritos paulinos, la carta tiene en su corazón una grandiosa reflexión modulada sobre la justificación por la fe (capítulos 1-5) y sobre la vida según el Espíritu (capítulos 6-8), sobre la base del lema de Abacuc 2,4 reinterpretado por Pablo: «El justo vivirá por la fe» (1,17).

* La serie de las cartas protopaulinas se concluye con el conmovedor y breve escrito dirigido a Filemón a causa del percance de su esclavo Onésimo y con un sorprendente final de esperanza que ilumina la prisión del Apóstol: «Ve preparándome el hospedaje, pues espero que, gracias a vuestras oraciones, volveré pronto a veros» (v. 22).

Los escritos deutero-paulinos
De este modo nos encontramos ante otra área histórico-teológica del epistolario, la de las «cartas deutero-paulinas».

* Impresiona la segunda carta a los Tesalonicenses, marcada por los tonos de la apocalíptica y no carente de pasajes difíciles de interpretar, aunque siempre, atenta a conjugar historia y escatología.

* Está luego la carta a los Colosenses, de la que ya hemos hablado y que constituye un punto de referencia también para el texto destinado a los Efesios (y tal vez también a las otras Iglesias de Asia Menor), ambas marcadas por una solemne apertura hímnica. Cristo, la Iglesia y el cristiano son los tres protagonistas de una reflexión de perspectivas nuevas y originales.

* El corpus epistolar paulino se cierra con un fascículo de tres escritos homogéneos, que desde el siglo XVIII se denominan cartas pastorales, debido a su tema dominante y sus destinatarios, los colaboradores de Pablo y pastores de comunidades cristianas Timoteo y Tito. En ellas la Iglesia se presenta ya con su estructura ministerial de obispos, presbíteros y diáconos, pero también de viudas, de maestros no siempre ortodoxos, y se manifiesta marcada por una crisis de crecimiento. Inolvidable es el testamento atribuido a la pluma ideal de Pablo (2Tim 4,6-8).

* Fuera del corpus paulino, con su radical autonomía, a pesar de algunas referencias al horizonte paulino, la carta a los Hebreos sigue siendo un monumento literario-teológico en sí mismo.
A pesar de la complejidad de su planteamiento general del pensamiento del Apóstol y de su tradición, a pesar del carácter ocasional de muchas de sus reflexiones pastorales, a pesar de la diversidad de los tiempos e incluso de los autores, el epistolario paulino constituye un extraordinario proyecto en el que teología y moral, pensamiento y acción, cristología y eclesiología, teología y pastoral se reclaman y se funden, dilatándose hacia nuevas perspectivas y constituyendo una estrella polar para la historia y para la vida de la cristiandad.


Tomado de la Página: http://www.paulinos.sanpablo.es/fichactdo.php?idc=222
Protasio Gómez, 15 - 28027 MADRID
Tel.: 917 425 113 - Fax: 917 425 723 - C.I.F.: Q 7800045
info@paulinos.com

lunes, noviembre 17

LA PARUSIA -SEGUNDA VENIDA DE CRISTO- EN LA PREDICACION DE SAN PABLO -BENEDICTO XVI













Queridos hermanos y hermanas:

El tema de la Resurrección, sobre el que hablamos la semana pasada, abre una nueva perspectiva, la de la espera de la vuelta del Señor y, por ello, nos lleva a reflexionar sobre la relación entre el tiempo presente, tiempo de la Iglesia y del reino de Cristo, y el futuro (éschaton) que nos espera, cuando Cristo entregará el Reino al Padre (cf.1 Co 15, 24). Todo discurso cristiano sobre las realidades últimas, llamado escatología, parte siempre del acontecimiento de la Resurrección: en este acontecimiento las realidades últimas ya han comenzado y, en cierto sentido, ya están presentes.

Probablemente en el año 52 san Pablo escribió la primera de sus cartas, la primera carta a los Tesalonicenses, donde habla de esta vuelta de Jesús, llamada parusía, adviento, nueva, definitiva y manifiesta presencia (cf. 1 Ts 4, 13-18). A los Tesalonicenses, que tienen sus dudas y problemas, el Apóstol escribe así: "Si creemos que Jesús murió y que resucitó, de la misma manera Dios llevará consigo a quienes murieron en Jesús" (1 Ts 4, 14). Y continúa: "Los que murieron en Cristo resucitarán en primer lugar. Después nosotros, los que vivamos, los que quedemos, seremos arrebatados en nubes, junto con ellos, al encuentro del Señor en los aires, y así estaremos siempre con el Señor" (1 Ts 4, 16-17). San Pablo describe la parusía de Cristo con acentos muy vivos y con imágenes simbólicas, pero que transmiten un mensaje sencillo y profundo: al final estaremos siempre con el Señor. Este es, más allá de las imágenes, el mensaje esencial: nuestro futuro es "estar con el Señor"; en cuanto creyentes, en nuestra vida ya estamos con el Señor; nuestro futuro, la vida eterna, ya ha comenzado.

En la segunda carta a los Tesalonicenses, san Pablo cambia la perspectiva; habla de acontecimientos negativos, que deberán suceder antes del final y conclusivo. No hay que dejarse engañar —dice— como si el día del Señor fuera verdaderamente inminente, según un cálculo cronológico: "Por lo que respecta a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, que no os dejéis alterar tan fácilmente en vuestros ánimos, ni os alarméis por alguna manifestación del Espíritu, por algunas palabras o por alguna carta presentada como nuestra, que os haga suponer que está inminente el día del Señor. Que nadie os engañe de ninguna manera" (2 Ts 2, 1-3). La continuación de este texto anuncia que antes de la venida del Señor tiene que llegar la apostasía y se revelará un no bien identificado "hombre impío", el "hijo de la perdición" (2 Ts 2, 3), que la tradición llamará después el Anticristo.

Pero la intención de esta carta de san Pablo es ante todo práctica; escribe: "Cuando estábamos entre vosotros os mandábamos esto: si alguno no quiere trabajar, que tampoco coma. Porque nos hemos enterado de que hay entre vosotros algunos que viven desordenadamente, sin trabajar nada, pero metiéndose en todo. A esos les mandamos y les exhortamos en el Señor Jesucristo a que trabajen con sosiego para comer su propio pan" (2 Ts 3, 10-12). En otras palabras, la espera de la parusía de Jesús no dispensa del trabajo en este mundo; al contrario, crea responsabilidad ante el Juez divino sobre nuestro obrar en este mundo. Precisamente así crece nuestra responsabilidad de trabajar en y para este mundo. Veremos lo mismo el domingo próximo en el pasaje evangélico de los talentos, donde el Señor nos dice que ha confiado talentos a todos y el Juez nos pedirá cuentas de ellos diciendo: ¿Habéis dado fruto? Por tanto la espera de su venida implica responsabilidad con respecto a este mundo.

En la carta a los Filipenses, en otro contexto y con aspectos nuevos, aparece esa misma verdad y el mismo nexo entre parusía —vuelta del Juez-Salvador— y nuestro compromiso en la vida. San Pablo está en la cárcel esperando la sentencia, que puede ser de condena a muerte. En esta situación piensa en su futuro "estar con el Señor", pero piensa también en la comunidad de Filipos, que necesita a su padre, san Pablo, y escribe: "Para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia. Pero si el vivir en la carne significa para mí trabajo fecundo, no sé qué escoger. Me siento apremiado por las dos partes: por una parte, deseo partir y estar con Cristo, lo cual, ciertamente, es con mucho lo mejor; mas, por otra parte, quedarme en la carne es más necesario para vosotros. Y, persuadido de esto, sé que me quedaré y permaneceré con todos vosotros para progreso y gozo de vuestra fe, a fin de que tengáis por mi causa un nuevo motivo de orgullo en Cristo Jesús, cuando yo vuelva a estar entre vosotros" (Flp 1, 21-26).

San Pablo no tiene miedo a la muerte; al contrario: de hecho, la muerte indica el completo estar con Cristo. Pero san Pablo participa también de los sentimientos de Cristo, el cual no vivió para sí mismo, sino para nosotros. Vivir para los demás se convierte en el programa de su vida y por ello muestra su perfecta disponibilidad a la voluntad de Dios, a lo que Dios decida. Sobre todo, está disponible, también en el futuro, a vivir en esta tierra para los demás, a vivir para Cristo, a vivir para su presencia viva y así para la renovación del mundo. Vemos que este estar con Cristo crea a san Pablo una gran libertad interior: libertad ante la amenaza de la muerte, pero también libertad ante todas las tareas y los sufrimientos de la vida. Está sencillamente disponible para Dios y es realmente libre.

Y ahora, después de haber examinado los diversos aspectos de la espera de la parusía de Cristo, pasamos a preguntarnos: ¿Cuáles son las actitudes fundamentales del cristiano ante las realidades últimas: la muerte, el fin del mundo? La primera actitud es la certeza de que Jesús ha resucitado, está con el Padre y, por eso, está con nosotros para siempre. Y nadie es más fuerte que Cristo, porque está con el Padre, está con nosotros. Por eso estamos seguros y no tenemos miedo. Este era un efecto esencial de la predicación cristiana. El miedo a los espíritus, a los dioses, era muy común en todo el mundo antiguo. También hoy los misioneros, junto con tantos elementos buenos de las religiones naturales, se encuentran con el miedo a los espíritus, a los poderes nefastos que nos amenazan. Cristo vive, ha vencido a la muerte y ha vencido a todos estos poderes. Con esta certeza, con esta libertad, con esta alegría vivimos. Este es el primer aspecto de nuestro vivir con respecto al futuro.

En segundo lugar, la certeza de que Cristo está conmigo, de que en Cristo el mundo futuro ya ha comenzado, también da certeza de la esperanza. El futuro no es una oscuridad en la que nadie se orienta. No es así. Sin Cristo, también hoy el futuro es oscuro para el mundo, hay mucho miedo al futuro. El cristiano sabe que la luz de Cristo es más fuerte y por eso vive en una esperanza que no es vaga, en una esperanza que da certeza y valor para afrontar el futuro.

Por último, la tercera actitud. El Juez que vuelve —es Juez y Salvador a la vez— nos ha confiado la tarea de vivir en este mundo según su modo de vivir. Nos ha entregado sus talentos. Por eso nuestra tercera actitud es: responsabilidad con respecto al mundo, a los hermanos, ante Cristo y, al mismo tiempo, también certeza de su misericordia. Ambas cosas son importantes. No vivimos como si el bien y el mal fueran iguales, porque Dios sólo puede ser misericordioso. Esto sería un engaño. En realidad, vivimos en una gran responsabilidad. Tenemos los talentos, tenemos que trabajar para que este mundo se abra a Cristo, para que se renueve. Pero incluso trabajando y sabiendo en nuestra responsabilidad que Dios es verdadero juez, también estamos seguros de que este juez es bueno, conocemos su rostro, el rostro de Cristo resucitado, de Cristo crucificado por nosotros. Por eso podemos estar seguros de su bondad y seguir adelante con gran valor.

Un dato ulterior de la enseñanza paulina sobre la escatología es el de la universalidad de la llamada a la fe, que reúne a los judíos y a los gentiles, es decir, a los paganos, como signo y anticipación de la realidad futura, por lo que podemos decir que ya estamos sentados en el cielo con Jesucristo, pero para mostrar en los siglos futuros la riqueza de la gracia (cf. Ef 2, 6 s): el después se convierte en un antes para hacer evidente el estado de realización incipiente en que vivimos. Esto hace tolerables los sufrimientos del momento presente, que no son comparables a la gloria futura (cf. Rm 8, 18). Se camina en la fe y no en la visión, y aunque sería preferible salir del destierro del cuerpo y estar con el Señor, lo que cuenta en definitiva, habitando en el cuerpo o saliendo de él, es ser agradables a Dios (cf. 2 Co 5, 7-9).

Finalmente, un último punto que quizás parezca un poco difícil para nosotros. En la conclusión de su primera carta a los Corintios, san Pablo repite y pone también en labios de los Corintios una oración surgida en las primeras comunidades cristianas del área de Palestina: Maranà, thà! que literalmente significa "Señor nuestro, ¡ven!" (1 Co 16, 22). Era la oración de la primera comunidad cristiana; y también el último libro del Nuevo testamento, el Apocalipsis, se concluye con esta oración: "¡Ven, Señor!". ¿Podemos rezar así también nosotros? Me parece que para nosotros hoy, en nuestra vida, en nuestro mundo, es difícil rezar sinceramente para que acabe este mundo, para que venga la nueva Jerusalén, para que venga el juicio último y el Juez, Cristo. Creo que aunque, por muchos motivos, no nos atrevamos a rezar sinceramente así, sin embargo de una forma justa y correcta podemos decir también con los primeros cristianos: "¡Ven, Señor Jesús!".

Ciertamente, no queremos que venga ahora el fin del mundo. Pero, por otra parte, queremos que acabe este mundo injusto. También nosotros queremos que el mundo cambie profundamente, que comience la civilización del amor, que llegue un mundo de justicia y de paz, sin violencia, sin hambre. Queremos todo esto. Pero ¿cómo podría suceder esto sin la presencia de Cristo? Sin la presencia de Cristo nunca llegará un mundo realmente justo y renovado. Y, aunque sea de otra manera, totalmente y en profundidad, podemos y debemos decir también nosotros, con gran urgencia y en las circunstancias de nuestro tiempo: ¡Ven, Señor! Ven a tu modo, del modo que tú sabes. Ven donde hay injusticia y violencia. Ven a los campos de refugiados, en Darfur y en Kivu del norte, en tantos lugares del mundo. Ven donde domina la droga. Ven también entre los ricos que te han olvidado, que viven sólo para sí mismos. Ven donde eres desconocido. Ven a tu modo y renueva el mundo de hoy. Ven también a nuestro corazón, ven y renueva nuestra vida. Ven a nuestro corazón para que nosotros mismos podamos ser luz de Dios, presencia tuya. En este sentido oramos con san Pablo: Maranà, thà! "¡Ven, Señor Jesús"!, y oramos para que Cristo esté realmente presente hoy en nuestro mundo y lo renueve.


BENEDICTO XVI

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 12 de noviembre de 2008



SOBRE LA CENTRALIDAD DE CRISTO RESUCITADO EN EL MISTERIO DE LA SALVACION

"El objetivo del Año Paulino es aprender de San Pablo, aprender la fe, aprender a Cristo, por último, aprender la forma correcta de la vida". - Benedicto XVI

AÑO PAULINO, NOVENA CATEQUESIS DE BENEDICTO XVI
Sobre la centralidad de Cristo resucitado en el misterio de la salvación.

Benedetto XVI
“La enseñanza que San Pablo nos ha dejado sobre la centralidad de Cristo Resucitado en el misterio de la salvación” ha sido el centro de la novena catequesis del Santo Padre Benedicto XVI para el Año Paulino, durante la audiencia general del pasado miércoles 22 de octubre en la plaza de San Pedro.

Después de haber evocado cómo “El Apóstol contempla fascinado el secreto escondido del Crucificado-resucitado y a través de los sufrimientos experimentados por Cristo en su humanidad (dimensión terrena) se remonta a la existencia eterna en la que es uno con el Padre (dimensión pre-temporal)”, el Papa ha resaltado que “éstas dos dimensiones, la preexistencia eterna junto al Padre y el descenso del Señor en la encarnación, se anuncian ya en el Antiguo Testamento, en la figura de la Sabiduría” y que son exaltadas en varias de las Cartas Paulinas, sobre todo en el himno de la Carta a los Filipenses (2, 6-11). Así pues, ha afirmado que: “Cristo es el verdadero puente que nos guía al cielo, a la comunión con Dios” precisando que no con la soberbia sino con la humildad, el hombre tiende a ella, “le sigue la elevación al cielo a la que Dios nos atrae con su amor”. Y ha concluído: “Cristo es la recapitulación de todo, lo asume todo y nos guía a Dios. Así nos implica en un movimiento de descenso y de ascenso, invitándonos a participar en su humildad, es decir, en su amor al prójimo, para ser así partícipes también de su glorificación”.

Tomado de Anno Paolino.

jueves, noviembre 13

El clima de la comunidad de JESUS





Las motivaciones de Pablo siguen actuales para que se construyan comunidades abiertas, alegres, contagiosas y sólidas, fundadas sobre la Palabra de Dios.

“Como elegidos de Dios, sus santos y amados, revístanse de sentimientos de profunda compasión. Practiquen la benevolencia, la humildad, la dulzura, la paciencia. Sopórtense los unos a los otros, y perdónense mutuamente siempre que alguien tenga motivo de queja contra otro. El Señor los ha perdonado: hagan ustedes lo mismo. Sobre todo, revístanse del amor, que es el vínculo de la perfección. Que la paz de Cristo reine en sus corazones: esa paz a la que han sido llamados, porque formamos un sólo Cuerpo. Y vivan en la acción de gracias. Que la Palabra de Cristo resida en ustedes con toda su riqueza”. (Colosenses 3, 12-16).

Con los saludos y oración del P. Benito

Consigna: Dichosos los constructores de Comunidades.

Divúlgalo entre amigos

lunes, noviembre 10

De los Encuentros con San Pablo
















Canto :

Hasta que Cristo se forme en nosotros

Hasta que Cristo se forme en nosotros,

En mí, en ti, en nosotros.

Canto :

Es Cristo quien vive en mí.

Ya no soy yo quien vive,

Es Cristo quien vive en mí.

Bienvenida

La vocación cristiana, la vida misma, es experiencia de elección por parte del Padre, que «en Cristo, nos ha elegido antes de la creación del mundo». Iluminados por el testimonio del Apóstol Pablo, que vivió apasionadamente esta llamada, queremos reflexionar también nosotros sobre nuestra vocación como camino de conversión, y como respuesta al amor gratuito e incondicional de Dios.

Efesios 1, 3-7

Bendito se Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales y celestiales.
En
Él nos ha elegido antes de la creación del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia por la caridad.
N
os ha predestinado a ser sus hijos adoptivos, por medio de Jesucristo, y confirme al beneplácito de su voluntad.
Y esto para alabanza y su gloria de su gracias, que nos ha dado en su querido Hijo.

Lectura Bíblica

Lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch. 22, 3. 6-10)

«Soy un judío nacido en Tarso de Cilicia, pero educando aquí en esta ciudad a los pies de Gamaliel, instruido en la fiel observancia de la ley de nuestros padres, partidario entusiasta de la causa de Dios, como todos nosotros lo son en este día.

«Pero sucedió que cerca ya de Damasco, hacia el mediodía, de repente me envolvió un gran resplandor del cielo. Caí a tierra, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿Por qué me persigues? Yo pregunté: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues. Los que estaban conmigo vieron la luz, pero no oyeron la voz del que me hablaba. Yo dije: ¿Qué tengo que hacer, Señor? Y el Señor me dijo: Levántate y entra en Damasco; allí te dirán lo que debes hacer».

Palabra de Dios.

Canto :

Te basta mi gracia

Óyeme, te basta mi gracia,

déjate hacer por mi gracia,

que en tu debilidad

se muestra mi fuerza.

Me complazco en mi necesidad

y en la tribulación, si es por ti

siendo débil yo, Señor,

te haces fuerte en mí

me haces fuerte en mí.

Cántico de Efesios (3, 4-21)

Doblo mis rodillas ante el Padre, del que toma nombre toda paternidad en el cielo y en la tierra,
Para que nos conceda, conforme a la riqueza de su gloria, el ser fortalecidos poderosamente por su Espíritu para que progrese el hombre interior.
Que Cristo habite en nuestros corazones por la fe, para que, arraigados y fundamentados en el amor, podamos comprender con todos los creyentes.
Cuál es la anchura, la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que sobrepasa todo conocimiento, para que nos llene de toda plenitud de Dios.
A aquél que es poderoso para hacer muchísimo más de lo que pedimos o pensamos, en virtud de su poder que actúa en nosotros,
A
Él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús, en todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén

Oremos Unidos:

Padre de la luz y de la vida, te damos gracias por el don inmenso del bautismo que ha grabado en nosotros el rostro de tu Hijo, Jesús nuestro Señor. Te rogamos, por intercesión de san Pablo, que nos sostengas con tu gracia para que el misterio que el Señor resucitado se pueda realizar en nosotros en toda plenitud; y que lleguemos a ser en el mundo manifestación de su presencia y de su anuncio. Él es Dios y desde siempre viven en comunión contigo y con el Espíritu Santo. Amén.

Escogido de las oraciones para el programa de actividad: Encuentro con San Pablo: En su vida Interior por Jonathan Colón - Cooperador Paulino. Queremos compartir con las personas que asistieron y con las que no. A los interesados en obtener una copia en Publisher con sus respectivo diseño para que puedan imprimirlo en sus casas dejen un mensaje en paulinaspr.vm@gmail.com y se lo haremos llegar a su correo electrónico.


Patrono de los escritores y autores; periodistas y personal de editorial de periódicos; Roma; Acción Católica; personal de relaciones públicas; laicos; obispos misioneros; músicos; talabarteros. Protector contra las serpientes y sus mordeduras; granizo.
Este Segmento fue tomado de la Web: Tradición Católica que recomendamos visitar en el siguiente link:
http://www.tradicioncatolica.com



lunes, noviembre 3

III CONFERENCIA SOBRE SAN PABLO: CRISTO Y LA SALVACION (CUARTA PARTE)





CARTA A LOS COLOSENSES


Aunque esta carta no se le atribuye a Pablo, su mensaje es muy pertinente y le da continuidad a lo expuesto anteriormente. Esta carta elabora una teología de la Iglesia, sobre todo la Iglesia como cuerpo y Cristo como su cabeza.

Se busca desarrollar que Cristo es el principio de toda la creación, por lo tanto su presencia en todo el universo, en el cosmos es real. Esa presencia cósmica lo lleva a ser la cabeza del cuerpo es decir la Iglesia. El punto central es descubrir que su presencia reconcilia todo lo creado. Su sangre derramada es la fuente de la salvación, y la esperanza de la paz. Por tanto, Cristo es una realidad es el fundamento de la comunidad y la esperanza del mundo.

La convicción estaba que Cristo es el Señor, cabeza de la Iglesia, pero Colosenses le da un lugar en el macrocosmos. El es la imagen del Dios invisible…ver Colosenses 1, 15-20

El texto nos muestra claramente que todas las cosas se sostienen en Cristo. El es la revelación de Dios. El es la imagen del Dios invisible, como la Sabiduría es la imagen de la bondad de Dios. (Sab. 7, 26) Cristo es el Primogénito de la creación, que lo coloca sobre el cosmos, como fue pre-existente la Sabiduría Prov. 8, 22; Sir. 24,9, Sab. 9.9. Cristo es el mediador de toda la creación. El es la salvación preparada por Dios desde la eternidad.

Cristo es el mediador de toda la creación, se presenta como el Señor. El que se presente como pre-existente, es característico de la Sabiduría. Jesús es la salvación escatológica preparada por Dios desde la eternidad. Este himno expresa su presencia en la creación, ya que todo fue creado por El y para Él. Cristo es el que da sentido a nuestra existencia.

A través de la Iglesia, Cristo ejerce su soberanía sobre el mundo y continúa realizándolo hoy. La Iglesia es el lugar donde Cristo reina aquí y ahora, por medio de la proclamación de salvación y de reconciliación.

Actualmente, no existe armonía, el mundo no está en orden, la humanidad es una víctima, trata de hacer el bien y termina haciendo el mal. Por lo tanto, la reconciliación es inminente. Jesús en quien la plenitud de Dios reside, ha traído la reconciliación. Cristo es el mediador de la reconciliación, y es quien restaura la paz y la armonía en el universo. El es quien promueve la paz, a través de la Iglesia.

Esta experiencia de salvación es una soteriología eclesiológica, no es individual sino más bien comunitaria, es una cristología aplicada. La gracia, la salvación, se desarrolla en el seno de la Iglesia, desde donde se reafirma el mensaje de reconciliación y de paz para nuestras pueblos.

Pidamos que el Señor envíe su Espíritu para que juntos logremos un nuevo renacer, un nuevo camino de paz, armonía y reconciliación.


Por: Dra. Irma Hernández

Con esta carta finalizamos las entregas del contenido de la última charla ofrecida en la Serie de Conferencias sobre San Pablo. Queremos invitarlos a la próxima que se ofrecerá en el Santuario Cristo de la Reconciliación en Dorado, Puerto Rico el próximo 10 de diciembre de 2008 a las 6:30pm. Los esperamos como siempre. Paz y Bien.

miércoles, octubre 29

SOMOS SALVOS EN LA ESPERANZA




Este fuerte pasaje de san Pablo sobre la esperanza, es muy actual debido también a la crisis económica que ha sacudido a Estados Unidos y luego al mundo entero. El papa Benedicto lo ha recordado con fuerza: el dinero se difumina rápido; sólo la Palabra de Dios es sólida y permanece para siempre. “Yo considero que los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros…

Sabemos que la creación entera, hasta el presente, gime y sufre dolores de parto. Y no sólo ella: también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente anhelando que se realice la plena filiación adoptiva, la redención de nuestro cuerpo. Porque solamente en esperanza estamos salvados. Ahora bien, cuando se ve lo que se espera, ya no se espera más: ¿acaso se puede esperar lo que se ve? En cambio, si esperamos lo que no vemos, lo esperamos con constancia”. (Romanos 8, 18-25).

Con los saludos y las oraciones del P. Benito.

Consigna: Se está realizando el Sínodo de Obispos sobre: “La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia” (5-26 de octubre). Participamos con nuestras oraciones y sufrimientos.

sábado, octubre 25

III CONFERENCIA SOBRE SAN PABLO: CRISTO Y LA SALVACION (TERCERA PARTE)

La carta a los Filipenses

En la carta a los Filipenses, Pablo incorpora un himno cuya intensión es para que “tengan unos con otros lo mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús.” La invitación es para que todos tengamos las actitudes de humildad y ternura unos con otros, para evitar las divisiones y las discordias, después de decir esto continúa el himno, donde Cristo es el ejemplo.

El, siendo de condición divina, no reivindicó, en los hechos, la igualdad con Dios…..ver Filipenses 2, 6-11

Los temas que aparecen en el texto son: la preexistencia de Cristo, (ya vista en Juan), la humillación en la encarnación, la glorificación de Cristo, la adoración del universo y el nuevo título Cristo Jesús es el Señor.

Los cristianos que entonaron este himno emplearon una visión cosmológica que viene de la influencia griega de aquel entonces, donde dividen el universo; cielo, tierra, bajo la tierra o en los abismos. El autor desea presentar una cristología, un Cristo cosmocrator, rey del universo, donde todo está bajo Él, los cielos, la tierra y los abismos; la preexistencia, la encarnación, la exaltación y el homenaje a Cristo Jesús, rey del cosmos, del universo. (Schillebeeckx, Christ, the experience of Jesus as Lord; 169)

Jesús toma la forma de hombre, despojándose de su divinidad. Se humilló, se hace obediente hasta la muerte; esta obediencia escatológica, hace que libremente se someta a la muerte y ésta rompe el poder de la muerte para la liberación o salvación del ser humano. Esta muerte y muerte en “cruz” es para Pablo símbolo de gloria y no de vergüenza. Jesús muere y muere en la cruz, no sólo se despoja de su condición divina, sino que acepta en obediencia al Padre la muerte en cruz.

Este himno nos remite a Isaías 45, 22-23, donde invita a todas las naciones a doblar la rodilla y que toda lengua proclame un homenaje a Yahvé. Este texto nos deja ver claramente que Jesús el Cristo es el Señor de toda la creación, aún siendo humano y víctima de la opresión.

Jesús es el regalo escatológico, que existió desde el principio. Su grandeza estriba en haber aceptado la humildad de ser hombre, despojándose de todo. Por eso Dios lo exaltó, lo engrandeció concediéndole el Nombre sobre todo nombre, Jesús es el Señor.

Con este gesto Dios demuestra su amor a la humanidad; todos los seres, del cielo, de la tierra, y de los abismos doblan la rodilla ante la figura de este hombre humilde que desde una visión cósmica es el hijo del hombre y no un ángel. Es decir, Jesús que como hombre está debajo de los ángeles, es exaltado por Dios sobre los ángeles, por su humildad y obediencia.

Lo que se ve en Isaías es transferido a Cristo; el mundo entero, los poderes de arriba y de debajo de la tierra, deben dar homenaje al nuevo rey del universo. Este nuevo rey es Jesús el Cristo, el hombre que compartió su destino humano en solidaridad con nosotros. Esta universalidad es cósmica, todo en el universo dobla su rodilla ante Él. Se convierte en el cosmocrator, en el Cristo cósmico, centro del universo.

Por: Dra. Irma Hernández Torres

lunes, octubre 20

III CONFERENCIA SOBRE SAN PABLO: CRISTO Y LA SALVACION (SEGUNDA PARTE)



La cristología de Pablo.

En la reflexión cristológica de Pablo entran diversos elementos, los principales son: la revelación que Jesús le hizo personalmente (Gal.1,11-12), la aportación de la tradición eclesial, la experiencia de predicador y fundador de comunidades cristianas y, además, su experiencia en la cárcel. En su cristología se da una profundización homogénea, que a través de tres movimientos, pasa de la enseñanza soteriológica de la Iglesia primitiva, centrada toda ella en el acontecimiento pascual y en la parusía a la participación del creyente en la vida misma del Resucitado mediante la justificación, para llegar finalmente a la reflexión sobre el misterio de la persona de Jesús. En cuanto a las cartas pastorales, siguen presentando a Jesús en la perspectiva soteriológica como único salvador del hombre.

Así Jesucristo es presentado como preexistente junto al Padre: es de naturaleza divina, igual a Dios: a pesar de ello, se despojó de esta dignidad y se hizo hombre, adoptando la condición de siervo y obedeciendo hasta la muerte, por lo cual Dios lo resucitó y le proclamó Señor (Flp. 2,6-11). Este Cristo es además imagen del Dios invisible, engendrado antes que toda criatura.

En cuanto a los títulos cristológicos recordamos lo más importantes y que más se repiten. Pablo se dirige a Jesús llamándole Cristo, también Señor, y le reconoce un "nombre por encima de todo nombre" (Flp. 2,9-11); e Hijo de Dios.

Finalmente señalar que en cuanto al valor de los títulos de Señor y de Hijo de Dios, no sólo significan la filiación eterna (preexistencia) de Jesús, sino también indirectamente su divinidad. En particular, el título de Señor coloca a Jesús en la intimidad divina; si puede preexistir respecto a las criaturas, es porque está siempre junto al Padre.

Autora: Dra. Irma Hernández Torres

(La semana entrante les incluiremos la tercera parte: una mirada a las cartas de Pablo a los Filipenses y a los Colosenses)

lunes, octubre 13

III CONFERENCIA SOBRE SAN PABLO: CRISTO Y LA SALVACION (PRIMERA PARTE)


CRISTOLOGIA
Y SOTERIOLOGIA PAULINA


Jesucristo es el centro, la culminación y la realización plena del plan de Dios. Pero ¿conocemos verdaderamente a Cristo? Podemos conocer su vida y su personalidad aplicando la inteligencia iluminada por la fe, reflexionando sobre todo lo que ha dicho y enseñado, llegando a una visión teológica del misterio de su persona y de su obra salvífica. Esto es lo que nos proponemos a continuación, "hacer cristología", esto es, conocer a Jesucristo.

A ello se ha dedicado la Iglesia desde sus orígenes, los Padres de la Iglesia, los teólogos de todos los tiempos y culturas, y también los místicos. A veces nos encontramos con interpretaciones que se deben corregir con el fin de reconducir la reflexión y conocimiento verdadero de Cristo.

A nosotros nos toca ahora profundizar, conocer, vivir y testimoniar a Jesucristo. Guiados por la enseñanza bíblica, la voz de la Tradición, nuestra experiencia de vida con Cristo, guiada por el Espíritu será posible llegar al conocimiento de Jesucristo que constituye el fin último de todo estudio teológico.

Nuestro método será "teológico": "creer para comprender", clave de todo conocimiento teológico y "comprender para creer", esfuerzo necesario para beneficio de nuestra fe y vida cristiana.

La presente reflexión aborda: la llamada cristología bíblica; desarrollo del dogma cristológico; la cristología sistemática a la que se une la soteriología (la afirmación básica de que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre, así como su obrar salvífico a favor del ser humano será el centro y el núcleo); y una exposición de diversos temas relacionados con Cristo.

Finalmente concluir con la afirmación de que el camino para conocer a Cristo no concluye con el estudio de un texto, casi podríamos decir que se reinicia. Con el deseo de recorrerlo con la docilidad del Espíritu, nos encaminamos a abordarlo.

La primera referencia a este respecto son los discursos referidos en el Libro de los Hechos, que anuncian sobre todo la resurrección y glorificación de Jesús de Nazaret. Es paradigmático el discurso de Pedro en Pentecostés. Al Jesús que fue condenado a muerte, Dios lo ha resucitado (He. 2, 32-36) y lo ha proclamado Señor, o sea partícipe de la omnipotencia divina, y Mesías, consagrado para una misión salvífica (He. 2, 33); por tanto es Dios y salvador del ser humano. Cristología y soteriología forman aquí una unidad inseparable. El hombre Jesús se transforma en el salvador del género humano.

A la predicación más antigua pertenece igualmente el texto de 1Cor 15, 1-7. En él recuerda Pablo lo que con anterioridad ya ha anunciado, y que él mismo ha "recibido", a saber: la muerte de Jesús por "nuestros pecados", su sepultura y resurrección, hechos acaecidos todos ellos "según las Escrituras". También este es un texto cristológico de sumo valor, cuya autenticidad puede estimarse indiscutida.

Las homologías o fórmulas de exclamación con las que se proclamaba la fe en Jesucristo, se encuentran entre los testimonios cristológicos más arcaicos. Algunas aclamaciones proclaman que Jesús es el Señor, y hasta el único Señor, e igualmente, que es el Mesías, el Cristo. Otras en cambio, aplican a Jesús el título de Hijo de Dios, título que la Iglesia primitiva interpreta en sentido propio.

Los himnos cristológicos muy probablemente provienen de la liturgia de la Iglesia primitiva. Intentan celebrar el drama divino del Redentor, que baja del cielo para redimir a la humanidad y vencer a las potencias cósmicas después de haber sido exaltado a la gloria. En general se distinguen por la solemnidad del estilo, por una introducción que a menudo les precede, y por el pronombre relativo "el cual", referido a Cristo, sin nexo directo con la introducción misma.

Su enseñanza puede resumirse básicamente en los siguientes términos: El Salvador es uno con Dios e igual a él; es mediador de la creación y de la redención; baja del cielo para vivir entre los hombres, despojándose de su poder; muere en un acto de obediencia a Dios, siendo resucitado; realiza la reconciliación de los hombres y del cosmos con el mismo Dios; finalmente es exaltado y colocado a la derecha de Dios. Tal es la cristología de los comienzos.

Desde los orígenes, la fe de la Iglesia profesa en la predicación y en el culto la presencia de un salvador que es el Mesías, su muerte y su resurrección por la vida de la humanidad, así como su unidad con Dios. Profundizar la comprensión de este núcleo revelado a fin de expresarlo mejor y hacerlo más accesible fue la tarea a la que se entregó la Iglesia en los primeros siglos, valiéndose para ello de aquellas categorías contemporáneas que parecían más idóneas.

Por: Irma Hernández Torres

Continuará...

Sobre la autora: Posee varios títulos de educación superior en Teología y actualmente funge como presidenta del Instituto Teológico Internacional de Puerto Rico (ITIPRI) y labora a tiempo completo como profesora de Teología en la Universidad del Sagrado Corazón en Santurce, Puerto Rico. Para más información sobre el ITIPRI pueden visitar su página web:

http://www.itipri.org , escribir a itipri@isla.net o llamar al 1 (787) 764-5141

Este es..

... un espacio para peregrinar a través de las Cartas de San Pablo, un lugar para reflexionar, compartir, y disfrutar de La Palabra a través de su gesta como el Apóstol de las Gentes. Una oportunidad más para conocer a Pablo de Tarso, misionar con él y llevar la Palabra de Jesús Resucitado.