Un lugar para caminar con San Pablo... para llevar a Cristo a cada persona en cada paso... un espacio para peregrinar a través de las Cartas de San Pablo, un lugar para reflexionar, compartir, y disfrutar de La Palabra a través de su gesta como el Apóstol de las Gentes. Una oportunidad más para conocer a Pablo de Tarso, misionar con él y llevar la Palabra de Jesús Resucitado.
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viernes, marzo 9

El que siembra en abundancia, cosechará también en abundancia...

«Mirad: el que siembra con mezquindad, cosechará también con mezquindad; el que siembra en abundancia, cosechará también en abundancia». II Corintios 9, 6


Dios es justo por lo tanto nos da lo que necesitamos. A veces nuestros planes no están acordes con el plan de Dios y ahí es que experimentamos sentimientos de depresión, desgaste en las relaciones de vida diarias como en el trabajo y en la casa, una continua sensación de fracaso, falta de compromiso con nosotros mismos y con los demás, miedos y angustias, frustraciones y sufrimiento, baja autoestima y un sentimiento de soledad y vacío existencial.

Pero si nos ponemos a analizar la frase que nos deja San Pablo podemos ver que el origen de todo lo que nos pasa está en nuestra manera de actuar. Si pensamos en pequeño, obtendremos pequeños resultados, si damos poco, recibiremos poco o nada.

Si estás deprimido hoy... piensa en cuántas veces has llevado alegría al triste. Si sientes que estás fracasando, ¿has reconocido en otros sus logros para que esos estén ahí para apoyarte? Y así sucesivamente examina cada uno de tus pesares y encontrarás su rastro en la misma fuente: Quien has sido tu para los demás. Piensa... ¿QUE Y CUANTO HAS SEMBRADO ANTERIORMENTE?

LA SIEMBRA ES OPCIONAL PERO LA COSECHA ES SIEMPRE OBLIGATORIA.

miércoles, julio 6

30a. sesión. Las Cartas de San Pablo Las trece cartas más famosas que existen en el mundo y en ellas se resume todo lo que la Iglesia católica enseña




Autor: P Antonio Rivero LC | Fuente: Catholic.net
30a. sesión. Las Cartas de San Pablo
Las trece cartas más famosas que existen en el mundo y en ellas se resume todo lo que la Iglesia católica enseña acerca de la fe.
I. INTRODUCCIÓN

Después de haber estudiado la persona de Pablo, ahora nos adentramos al análisis de sus cartas.

La forma literaria epistolar de la época griega y romana es actualmente muy conocida por la gran cantidad de cartas de ese período que se conservan. Esto permite ver que san Pablo asumió la forma propia de su tiempo. Introdujo, sin embargo, algunos cambios de importancia, lo que trajo como consecuencia que sus cartas pertenezcan a la literatura religiosa.


II. OBJETIVO DOCTRINAL: Conocer el núcleo del pensamiento de san Pablo.


III. OBJETIVO VIVENCIAL: Leer y meditar las cartas de san Pablo, hasta hacerlas vida de nuestra vida.


IV. TESIS: San Pablo escribió las catorce cartas más famosas que existen en el mundo y en ellas se resume todo lo que la Iglesia católica enseña acerca de la fe y la moral. Tienen dos partes: una dogmática, es decir, verdades de la fe, y otra moral, es decir, reglas de buena costumbre. La más extensa y doctrinal es la que escribió a los cristianos de Roma. La más corta, a Filemón. Las más apasionantes y fuertes son las dos que escribió a los corintios, corrigiendo algunos errores. La más elevada y difícil es la de los efesios. La más cariñosa, a los filipenses. Las últimas cartas las escribió desde la cárcel, dirigidas a Timoteo y Tito. La primera carta a los Tesalonicenses tiene el mérito de ser el primer escrito del N.T., pues fue escrita antes que los Evangelios. Todas las cartas tienen como autor, o directamente a Pablo, o a discípulos que escucharon directamente a Pablo.


V. EXPLICACIÓN DE LA TESIS:


A) CARTAS KERIGMÁTICAS: 1 y 2 Tesalonicenses (años 50-51)


1. Situación de la Iglesia: es una comunidad floreciente, suficientemente organizada, firme en la fe, en la esperanza y en la caridad, a pesar de las continuas persecuciones por parte de sus conciudadanos y los judíos. Problemas: ¿qué va a ser de los difuntos sorprendidos por la muerte antes de la venida gloriosa de Cristo Jesús? ¿Cuándo tendrá lugar esta venida?


2. Contenido teológico-espiritual:

  • En la primera: dirige palabras de aliento y consuelo, les recuerda el trato y los desvelos de su predicación y de su trabajo, trata de corregir algunos errores sobre la inminente venida del Señor, les habla de la pureza, del trabajo, del destino de los difuntos, de la vigilancia.

  • En la segunda: puntualiza la doctrina sobre la parusía, diciendo que no es inminente, y por tanto, hay que seguir trabajando, construyendo la ciudad terrena y no dejarse atrapar en las redes de un estéril parasitismo religioso.


    3. Estilo: se nota la naturalidad y sencillez, y el tono parenético, es decir, exhortativo y en forma de avisos.



    B) GRANDES CARTAS: A los Corintios, Gálatas, Romanos


    * A los Gálatas:

    1. Situación de la Iglesia: Los gálatas eran un pueblo de origen céltico, emparentados con las tribus de la antigua Galia. Procedentes de Europa se instalaron en el centro de Asia Menor –la actual Turquía- y fueron sometidos por los romanos en el año 180 a.C. Galacia se hallaba inmersa en una grave crisis de identidad cristiana, provocada desde fuera por unos predicadores del evangelio que ponían en entredicho la validez y legitimidad del anuncio evangélico hecho por Pablo, acusado de falsario y de predicar un evangelio mutilado, de ser un mini-apóstol. Estos agitadores decían que el verdadero evangelio es el que manda observar fielmente la ley de Moisés, incluido el rito de la circuncisión. De ahí que el tono de Pablo en esta carta sea polémico, incluso agresivo en algunas partes.


    2. Esquema y división: hay tres secciones bien definidas:

  • Una sección histórico-apologética en la que Pablo reivindica su legítima condición de apóstol (1-2).
  • Una sección doctrinal, donde demuestra que la verdadera salvación viene de Dios a través de Cristo aceptado por la fe.
  • Y una sección exhortativa, donde señala cuál debe ser la actitud del hombre liberado por Cristo, contrapuesto al hombre según la carne.


    3. Contenido teológico-espiritual:

  • La salvación del hombre (justificación) viene de Dios, a través de Jesucristo muerto y resucitado. La ley no salva.
  • Al hombre le corresponde aceptar, creer que Jesucristo es el único salvador.
  • Esta fe, no sólo es asentimiento intelectual, sino sobre todo amor. Sólo así el hombre se convertirá en hombre nuevo y libre.
  • Este hombre nuevo, recreado por Dios a imagen de Jesucristo será capaz de superar el pecado y la muerte, causantes del hombre viejo.


    4. Estilo: es quizá la carta más genuina de Pablo, por sus datos biográficos, su tono, su estilo y sus ideas. Hace uso de referencias históricas, evocaciones personales, citas de la Escritura, procedimientos exegéticos, característicos de las escuelas rabínicas, interpelaciones personales, observaciones irónicas. Maldice y apostrofa con violencia, recrimina sin respetos humanos; ruega con dulzura. El ardor de la polémica genera un bello desorden y falta de estructura en la carta. Esta carta ha sido piedra de escándalo y signo de contradicción. Los protestantes la enarbolaron como bandera para criticar todas las leyes y normas que ha ido dando la Iglesia, pues “la ley no cuenta” –dice san Pablo. Para entender completamente el mensaje de Pablo hay que leer bien todo el conjunto de las cartas. Aquí, simplemente Pablo nos pone alerta para que no caigamos en un legalismo formulista, vacío y fariseo, sin amor. Pero la Iglesia no cae en eso: sus normas y leyes están motivadas por el amor. Por eso, nuestra fe tiene que ir acompañada de obras de amor.


    * Primera carta a los Corintios:

    1. Situación de la Iglesia: Corinto era célebre como centro comercial, deportivo y cultural, y como lugar donde se daban cita toda clase de cultos religiosos: divinidades griegas, romanas y orientales. En particular se había hecho famoso el templo de Afrodita, la diosa del amor, en cuyo recinto se ejercía sin cortapisa alguna la prostitución sagrada. Todo esto había convertido a Corinto en una ciudad de vida alegre y desenfrenada, propensa a todo tipo de excesos, en particular los sexuales. Esto perturbaba a la joven comunidad cristiana, que de ninguna manera se quería dar a estos excesos deshonestos. Ninguna comunidad causó a Pablo tantos quebraderos de cabeza como la de Corinto. En estas cartas se refleja la fisonomía de la primera comunidad cristiana: dificultades, tensiones, discordias, celos, envidias, rivalidades, problemas, pecados, etc. Pero también el gozo del Espíritu, la efusión de los carismas, la íntima satisfacción del amor cristiano que supera todas las barreras sociales y económicas.


    2. Esquema de la carta: no hay un esquema concreto:

  • Saludo y acción de gracias (1 Cor 1, 1-9).
  • Divisiones en la comunidad (1 Cor 1, 10 – 4, 21)
  • Desórdenes en la comunidad (1 Cor 5, 1-6 – 6, 20)
  • Problemas concretos (1 Cor 7-11): celibato, virginidad, matrimonio.
  • Problemas en las asambleas litúrgicas (1 Cor 11-14)
  • La resurrección de los muertos (1 Cor 15)
  • Conclusión (1 Cor 16).


    3. Contenido teológico-espiritual:

  • Ante la división creada, Pablo proclama la auténtica sabiduría: la de Dios, manifestada en el misterio de la cruz de Jesucristo.
  • Ante los desórdenes sexuales, Pablo recuerda que el cristiano bautizado es una creatura nueva y templo de Dios. Propone los valores del celibato y del matrimonio, como dos caminos que Dios nos ofrece para llegar a la santidad. Pablo ensalza el valor del celibato y virginidad.
  • Ante las demás cuestiones (carnes sacrificadas, asistencia a los banquetes paganos, multiplicidad de carismas...), Pablo expone la lección de la eclesiología práctica, recordando que todos somos parte de la Iglesia y debemos buscar lo que es útil a la comunidad, movidos por el amor.
  • Ante la increíble degeneración a la que habían llegado las asambleas litúrgicas en las que se celebraba la Cena del Señor, Pablo da una estupenda catequesis sobre la Eucaristía y cómo celebrarla y recibirla con dignidad y en estado de gracia en el alma.
  • Ante la resistencia de algunos en aceptar la resurrección de los muertos, Pablo ofrece una reflexión sobre escatología: la resurrección de Cristo garantiza nuestra resurrección.


    4. Estilo: la escribe en un estado sereno y concentrado. Por eso, su estilo es limpio y vigoroso. Hay variedad de tonos: sencillez, densidad, ironía, sarcasmo, explosiones de ternura o de indignación.


    * Segunda carta a los corintios:

    1. Situación de la Iglesia: unos cuantos venidos de Jerusalén y llegados a Corinto rechazaron la autoridad de Pablo, a quien llenan de insultos, acusaciones y calumnias. Pablo tuvo que poner remedio urgente a esta situación, saliendo a la defensa de su ministerio y de su vocación apostólica.


    2. Esquema y división: Más que una carta son diversas cartas:

  • Saludo y acción de gracias (2 Cor 1, 1-11).
  • El ministerio apostólico (2 Cor 1, 12; 7, 16).
  • Colecta a favor de las iglesias pobres de Judea (2 Cor 8-9).
  • Autodefensa de Pablo (2 Cor 10-12).
  • Conclusión (2 Cor 13).


    3. Contenido teológico-espiritual:

  • Profundiza en el ministerio apostólico con sus grandezas y miserias, con su esplendor y su peso, sus riesgos y sus compensaciones. Declara que su ministerio lo recibió de Jesucristo, quien le llamó gratuitamente a ser apóstol de los gentiles.
  • La solidaridad entre las distintas comunidades cristianas.


    4. Estilo: es una carta donde podemos percibir el perfil humano y apostólico de Pablo115 . El estilo es fiel reflejo de un espíritu en efervescencia. La emoción con que está escrita roba claridad a la expresión; a cada paso nos topamos con alusiones oscuras, complejas construcciones gramaticales y desconcertantes interrupciones en el proceso de sus pensamientos. Pero la pasión con que está escrita y la sinceridad desnuda, leal y conmovedora que nos transmite, le confieren una belleza singular ante la que el lector no puede permanecer insensible.


    * Carta a los romanos:116

    1. Situación de la Iglesia: es una comunidad que Pablo no fundó, por eso, es más diplomático. Probablemente judíos procedentes de Palestina, donde se habían convertido al cristianismo, fueron los iniciadores de la comunidad cristiana de Roma. Dado que el emperador Claudio expulsó a todos los judíos de Roma, por los conflictos entre judíos estrictamente tales y judeocristianos, en Roma sólo quedaron cristianos de origen pagano, es decir, romanos convertidos al cristianismo. Más que otra cosa, Pablo presenta las ideas claves de su evangelio, sobre todo a los puntos más controvertidos y más propensos a crear dificultades en el seno de las nacientes comunidades cristianas.


    2. Esquema y división:

  • Introducción (Rom 1, 1-15).
  • Sección doctrinal (Rom 1-11)
  • Sección exhortativa (Rom 12-15)
  • Sección conclusiva (Rom 15-16).


    3. Contenido teológico-espiritual:

  • Contenido teológico: La fuerza salvadora de Dios actúa en el hombre por medio de la fe en Jesucristo. Es toda la doctrina de la justificación o salvación, proveniente de Cristo, que nos libera del pecado. Jesús nos ofrece la salvación y el hombre, por la fe, acepta esta salvación, se convierte y se abre a esa salvación.
  • El fruto más precioso de la salvación es la vida sobrenatural; es decir, la participación en la vida íntima de las tres Personas divinas, cuya obra de arte es la santificación de nuestras almas y la creación del hombre nuevo en nosotros.
  • El proyecto salvador de Dios alcanzará también al pueblo de Israel.


    4. Estilo: prevalece el estilo homilético o exposición teológica del tema doctrinal, entremezclado con exhortaciones. Mezcla también estilo litúrgico, himnos, demostración rabínica y diatriba o controversia.



    C) CARTAS DE LA CAUTIVIDAD: Filipenses, Colosenses, Filemón, Efesios

    Entre los años 58 y 63, Pablo pasa cuatro años en la cárcel, primero en Palestina y luego en Roma. Tiene tiempo para meditar y profundizar en el misterio de Cristo y de la Iglesia.


    * Carta a los Filipenses:

    1. Situación de la Iglesia: Filipenses es, junto con la dirigida a Filemón, la carta más familiar y confidencial de las cartas paulinas. Es la carta del amigo que se encuentra en dificultades a los amigos que ni por un instante se han olvidado de él y le han tratado de ayudar con todos los medios a su alcance. Es la carta de un corazón agradecido y a la vez preocupado, porque también en aquella comunidad se vislumbran desavenencias e incomprensiones. También a Filipos parece que han llegado unos predicadores judaizantes que pueden amenazar seriamente la acción evangelizadora de Pablo, como había ocurrido en las comunidades de Galacia.


    2. Esquema y división: este es el esquema

    · Pablo y la comunidad de Filipos (1-2): noticias, proyectos.
    · Exhortaciones contra los predicadores judaizantes en Filipos (3)
    · Invitación a la alegría y agradecimiento por la ayuda recibida (4)


    3. Contenido teológico-espiritual:

    · Invitación constante a la alegría, incluso ante la perspectiva de la muerte.
    · La preocupación por el crecimiento espiritual y por la armonía y la unidad de la comunidad.
    · Papel central de Cristo en la historia de la salvación, y modelo supremo del cristiano en todo y para todo.


    4. Estilo: es una carta personal, atenta, cordial y tierna. No hay que buscar doctrina sistemática. Usa la exhortación, alusión al pasado y al presente.


    * Carta a los Colosenses

    1. Situación de la Iglesia: en Colosas había una considerable comunidad cristiana, formada en su mayor parte por gente convertida del paganismo. Pero debía contar con un buen número de judeo-cristianos, como se deduce de los problemas que se mencionan en la misma carta. Entre los cristianos de Colosas había algunos que enseñaban errores gravemente peligrosos, donde se mezclaban elementos cristianos, judíos y paganos 117. ¿Cuáles eran estos errores?

  • Tendencia judaizante: los judíos convertidos al Cristianismo querían obligar a todos a la circuncisión, a la observancia del sábado, a la abstinencia de ciertos alimentos.
  • Culto excesivo a los ángeles hasta hacer de ellos unos dioses.
  • Ascetismo rígido: purificaciones, abstinencia de alimentos, etc.


    2. Esquema y división:

  • Introducción
  • Parte dogmática (1-2): supremacía de Cristo en la Creación y en la Redención.
  • Parte moral o exhortativa (3): les exhorta a la firmeza en la fe, frente a los errores; y a fundamentar su vida cristiana sobre la resurrección de Cristo.
  • Conclusión:


    3. Contenido teológico-espiritual:

  • Himno cristológico: Pablo hace una teología sobre Jesús más desarrollada, considerándolo como centro del universo, primogénito de toda la creación y redención, y cabeza de la Iglesia. Cristo es presentado como el “Hijo del amor”. Se reitera la relación entre Él y todo118 , con evidente tono polémico contra el gnosticismo que despreciaba el mundo material y lo atribuía a otro creador.

  • Más tarde, Pablo presenta a Cristo como “cabeza del cuerpo”que es la Iglesia. La Iglesia, por tanto, es presentada como Cuerpo Místico, que tiene a Cristo por cabeza y recibe de Él su impulso vital, y es Esposa de Cristo. Cristo es la Cabeza del cuerpo, porque es el primero en la resurrección: el primero en resucitar y aquel por el que resucitan los demás, al hacerles partícipes de su muerte y resurrección mediante el bautismo.

  • Pablo ataca en la carta la ascesis y el culto a los seres intermediarios que proponían los nuevos maestros. Éstos esperan que ciertas prácticas les alcancen la salvación. Pero Pablo dice bien claro que la salvación sólo vendrá si estamos unidos a la cabeza que es Cristo.

  • Como exigencia del bautismo y de la unión con Cristo cabeza el cristiano bautizado tiene que ser hombre nuevo y renunciar al hombre viejo, para recobrar la imagen del Creador. Una tabla de moral familiar indica las obligaciones morales de cada uno de los miembros de la familia.


    4. Estilo: multiplicación de sinónimos, complementos que se suceden en cascada. Vocabulario paulino: cabeza, cuerpo, misterio, plenitud, sabiduría, riqueza, conocimiento, potencias cósmicas. Influencia de la literatura sapiencial.


    * Carta a Filemón

    1. Situación de Filemón: Filemón es un cristiano pudiente de Colosas, ganado para el evangelio por Pablo y a quien hace algún tiempo se le ha fugado un esclavo llamado Onésimo. Este esclavo se encuentra ahora con Pablo, que desearía mantenerlo junto a sí. Sabe que le asisten razones para hacerlo, pero no quiere forzar la situación, y con una gran delicadeza deja la decisión en manos del propio Filemón. Le devuelve al esclavo, al que hace portador de esta preciosa carta.


    2. Esquema y división: no hay esquema, pues es muy breve. Pablo da gracias, intercede por Onésimo y se despide.


    3. Contenido teológico-espiritual: el tema es la esclavitud, que era aceptada en aquella sociedad grecorromana, pero que estaba en abierta contradicción con el mensaje de Cristo. Pablo no encara directamente el problema; se limita a exponer con una maestría insuperable los principios cristianos de los que Filemón deberá sacar las consecuencias. La idea principal es ésta: todos somos iguales ante Dios.


    4. Estilo: es muy sencillo y cordial. Es la carta más breve del Nuevo Testamento.


    * Carta a los Efesios (años 62-63)

    1. Situación de la Iglesia: Éfeso, capital de la provincia romana de Asia, estaba situada en la costa occidental de la península del Asia Menor. Su importante puerto y su numerosa población hacían de ella en tiempos de Pablo una ciudad muy floreciente. Está dirigida a cristianos de la segunda generación, los cuales han quedado deslumbrados por ciertas filosofías paganas 119 y necesitan que alguien les ayude a profundizar en el misterio de Cristo. Hay división, permisividad y atracción del mundo pagano.


    2. Esquema y división:

  • Un saludo.
  • Parte doctrinal y teológico (1-3): Cristo y la Iglesia.
  • Parte moral y exhortativa (4-6): invitación a la unidad y deberes del propio estado.
  • Conclusión


    3. Contenido teológico-espiritual:

  • La acción del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo en el plan de la Salvación. El Padre nos elige para ser sus hijos. El Hijo nos obtiene la redención con su sangre. El Espíritu Santo nos sella y es la garantía de nuestra herencia. Entona un himno sobre el Plan salvador de Dios: a todos –judíos y paganos- nos ha llamado Dios a ser santos e irreprochables en el amor, hacernos hijos suyos, redimirnos en Cristo y darnos la fuerza del Espíritu. En la historia de salvación, Cristo Jesús es el centro. La salvación que ha traído Cristo es una don gratuito

  • Unidad de la Iglesia en cuanto cuerpo de Cristo. La Iglesia es el lugar donde toda discriminación desaparece –yo soy judío, yo soy pagano-, donde no hay particularismos ni privilegios raciales, religiosos, culturales o sociales, donde la unidad no es uniformidad ni pasividad, sino dinamismo y colaboración. Cristo ha derribado el muro de la Ley que antes separaba a judíos y paganos.

  • Exhortación a la nueva vida en Cristo. Muestra un programa de vida cristiana para todos, y a los hijos y padres de familia les recuerda los deberes del cuarto mandamiento de la Ley de Dios. Nos invita a renovarnos en Cristo, imitar el amor de Cristo, a caminar como hijos de la luz. Para ello, Pablo nos da las armas para luchar contra los enemigos: el escudo de la fe, el yelmo de la salud y la espada del Espíritu. Al exponer las relaciones entre los esposos aparecen los elementos básicos que servirán a la Iglesia para comenzar la reflexión que concluirá con la definición del sacramento del matrimonio: la relación entre la unión de los esposos y la unión de Cristo con la Iglesia. Este gran misterio del cual fluye la santificación más alta del matrimonio, muestra el carácter sagrado, y, prohíbe considerarlo como un contrato puramente civil, sujeto a la fluctuación de las voluntades. Por eso la Iglesia no reconoce el enlace civil como matrimonio legítimo para el cristiano.


    4. Estilo: tiene un aspecto de carta circular; parece una disertación teológica destinada a toda la iglesia cristiana, y no sólo a los efesios. En la parte doctrinal y dogmática se nota un estilo solemne y redundante, frases profundas, imágenes largas, y los pensamientos no se ordenan de forma progresiva. En la parte moral, es más claro, preciso y en forma imperativa o exhortativa.



    D) CARTAS PASTORALES: Timoteo y Tito


    1. ¿Por qué se llaman cartas pastorales?

    Se llaman pastorales porque están dirigidas a dos grandes pastores, colaboradores de Pablo, y porque se ocupan de la función y normas de los pastores, es decir, de aquellos que mantienen la unidad y la fe dentro de una iglesia particular, que empieza a estructurarse.


    2. ¿En qué año fueron escritas?

    Las cartas pertenecen a la época final del siglo I. Posiblemente son de un discípulo que, después de la muerte de Pablo, le hace hablar en las nuevas situaciones que se habían creado en las comunidades.


    3. ¿Qué problemas surgieron en las iglesias a las que se dirigen las cartas pastorales?

  • Falsos doctores practicaban y enseñaban doctrinas de carácter judaizante gnóstico, que debían suponer un grave peligro, dada la insistencia con que las cartas las mencionan.
  • No aparece el fervor y el entusiasmo de los creyentes del tiempo de Pablo, sino que los cristianos se han vuelto mediocres y conformistas.
  • Se sentía también la necesidad de unos dirigentes de iglesias locales que asegurasen el depósito de la fe que Timoteo y Tito habían recibido de Pablo.


    4. ¿Por qué son tan importantes las cartas pastorales?

  • Ellas mantienen viva la herencia de Pablo, dado que había corrientes que querían una especie de vuelta al judaísmo.
  • Defienden el carácter genuino del Evangelio, para que no se diluyese en una especie de intimismo esotérico y sectario, que evadía los problemas del mundo, en busca de pura interioridad espiritual, y con una visión dualista del mundo (maniqueísmo).
  • Nos dan las pautas sobre la organización de la Iglesia, con las funciones de los varios ministerios.
  • Dan unas reglas de vida para la fe de la comunidad: la fe verdadera es la que enseñaron los apóstoles, y fue transmitida en los inicios; los ministros deben mantener intacto el depósito de la fe recibido por los apóstoles; los creyentes crecerán en la fe, no pronunciando discursos inútiles, sino guardando la unidad con los apóstoles y poniendo en práctica la bondad que Cristo enseñó.


    5. ¿Qué principios doctrinales tienen estas cartas pastorales?

  • Cristo, en quien se hace visible el plan salvífico de Dios, es el único mediador universal. El nuevo nacimiento que comporta el bautismo no es debido a nuestras obras, sino a la bondad de Dios.
  • La Iglesia aparece como el nuevo pueblo de Dios, purificado por el sacrificio de Cristo, como la casa del Dios vivo, como la gran familia de Dios, como el fundamento y la columna de la verdad. Tiene la misión de enseñar y conservar el depósito recibido. Los ministros, que reciben el ministerio por la imposición de las manos tienen la misión de enseñar y el poder de jurisdicción.
  • La salvación por Cristo lleva consigo unas exigencias: ante todo la fe, esperanza y la caridad, fundamento de toda vida cristiana. Además oración y espíritu de lucha; obediencia, paciencia y mansedumbre, pureza, fidelidad a la sana doctrina y práctica de las buenas obras.
  • Virtudes humanas: sobriedad, laboriosidad, amabilidad, hospitalidad, honradez.


    6. Veamos ahora las cartas pastorales:

    * Cartas a Timoteo

    1. Situación de Timoteo: Timoteo era hijo de una judía y de un griego. Fue el discípulo predilecto de Pablo. Pablo en esta carta aparece como el Pastor que transmite normas que asegurasen la continuidad de las Iglesias fundadas por él.

    2. Esquema y división: no hay un esquema fijo. Se trata de una serie de consejos y recomendaciones para que sea fiel a su misión de pastor.


    3. Contenido teológico-espiritual:

  • La primera carta: Organización de la comunidad. Forma de combatir los errores120 . La vida cristiana de los fieles.
  • La segunda carta: Pablo desde la cárcel le da consejos pastorales a Timoteo: mantenerse fiel al ministerio y conservar la sana doctrina. Son como un testamento de Pablo, antes de morir.


    4. Estilo: es muy cordial, sencillo, ardiente y, por momentos, apasionado.


    * Carta a Tito

    1. Situación de Tito: era griego, no circunciso Lo había llevado Pablo en su viaje a Jerusalén, donde deseaba obtener la aprobación de los Apóstoles para la libertad de los gentiles frente a la ley de Moisés. Parece que Pablo le encomendó la Iglesia de Creta, y se supone que está al frente de ella cuando le escribe la carta.


    2. Esquema y división: tampoco aquí hay un esquema fijo, al igual que en las cartas a Timoteo.


    3. Contenido teológico-espiritual:

  • Organización de la Iglesia.
  • Lucha contra los errores de los falsos maestros.
  • Vida cristiana de los fieles, con consejos para ancianos, jóvenes y esclavos.
  • Exhortaciones a la obediencia y la caridad.
  • Puntos doctrinales: la muerte sacrificial de Cristo y su manifestación gloriosa al final de los tiempos; el amor de Dios a los hombres y su voluntad salvífica universal; la renovación por el Espíritu a través del bautismo y la acción transformadora de la gracia que nos constituye herederos de la vida eterna.


    4. Estilo: igual que en las cartas a Timoteo.



    VI. CONCLUSIÓN: San Pablo ha sido, es y será el gran apóstol de Cristo. Toda la teología le debe a él sus reflexiones y sus principales puntos doctrinales. Pablo de Tarso es un monumento a la gracia de Dios. Pablo nos demuestra cómo Dios no destruye nuestra naturaleza humana, sino que la eleva, la transforma, respetando nuestro temperamento y propia idiosincrasia. Dios se sirvió de Pablo para sistematizar la doctrina de Cristo. Cristo no dejó nada escrito, simplemente habló y obró. Pero dejó a sus apóstoles la tarea de anunciar, de palabra o por escrito, su mensaje de salvación.



    ORACIÓN: San Pablo, te pedimos la misma pasión que tú tuviste por Cristo. Que también nosotros, como tú, vayamos por este mundo predicando el evangelio, pues “Ay de nosotros, si no anunciamos el evangelio”. Que nos gastemos y nos desgastemos por las almas, como lo hiciste tú. Amén.

    _____________________________

    1. A través de esta carta podemos conocer el colosal esfuerzo misionero realizado por Pablo: sus fatigas y peligros; el estado de tensión interior que devoraba su vida; su amor apasionado a Cristo y a la Iglesia; las extraordinarias experiencias místicas con que fue agraciado...Y su magnífica, excepcional personalidad en el esplendor de los contrastes: a la vez teólogo y misionero, fundador y organizador, contemplativo y caminante infatigable; lírico y polemista. Y en cuanto a su carácter: altivo y humilde, audaz y tímido, sereno y apasionado, afectuoso y sarcástico, cortés y duro, generoso y amargo, prudente y arrebatado. Todo un mosaico de luces y sombras, éxitos y fracasos, esperanzas y abatimientos.regresar

    1. La carta a los Romanos es la más extensa de las escritas por Pablo. No es una síntesis completa y definitiva de la enseñanza de Pablo y mucho menos de la doctrina cristiana; pero sí es el gran escrito de Pablo y el primer ensayo de gran envergadura en la historia de la teología cristiana. Juntamente con Gálatas, esta carta a los Romanos ha constituido el principal punto de referencia en la polémica entre católicos y protestantes, hasta el punto de que podría decirse que la Reforma protestante ha hecho de Romanos el texto sagrado por antonomasia. Algunos han considerado esta carta como el testamento teológico de Pablo, pues fue escrita en uno de los momentos más críticos de su vidaregresar
    .
    1. Estos colosenses se parecen a algunos creyentes actuales que confían más en devociones particulares no aprobadas por la autoridad eclesiástica, que en Cristo, o se refugian en la astrología, magia, supersticiones, horóscopos.regresar

    1. La palabra “todo” está repetida ocho veces en el himno.regresar

    1. Una de esas filosofías es el gnosticismo. Esta corriente de pensamiento amalgamó enseñanzas originadas en la religión del Irán, la filosofía platónica, el judaísmo y, finalmente, el cristianismo. Se caracterizó por el dualismo que rechazó la materia como mala y aceptó sólo el espíritu como bueno. El alma, una chispa de la divinidad encerrada en la cárcel del cuerpo, debía ser liberada por un redentor que le transmitiera un conocimiento (gnosis) salvador. El redentor debía comunicar el conocimiento de los medios ascéticos por los cuales el alma llegara a dominar el cuerpo, se liberara y pudiera volver a fundirse con la divinidad. Era característico de este pensamiento el desprecio del cuerpo humano. Sostenían que había un complicado sistema de seres celestiales e intermediarios entre lo divino y lo terrenal, que regían la vida de los hombres y a los cuales les atribuían poder y se les debía rendir culto. Estas nuevas corrientes de pensamiento pretendieron instalarse dentro de la Iglesia.regresar

    1. Corrían por ahí ya tendencias gnósticas, es decir, algunos falsos maestros ponían la salvación en el conocimiento, fruto del propio esfuerzo personal. regresar



  • Preguntas o comentarios al autor
  • P. Antonio Rivero LC



    TEMA DE DISCUSIÓN EN EL FORO

    1. Pablo comparte con los romanos su propia lucha interior (Rom 7, 15-21)"No acabo de comprender mi conducta, pues no hago lo que quiero, sino que hago lo que aborrezco..."
    ¿Qué nos quiere decir San Pablo en esta cita?

    2.En la cita 1 Corintios 15, 3-4, Pablo nos presenta el primer Credo cristiano. ¿Qué semejanzas existen con el actual?


    Esperamos tus comentarios en el foro de la 30a. sesión. Las Cartas de San Pablo
    FUENTE: CATHOLIC.NET

    viernes, abril 15

    Para fortalecer el corazón en tiempo de la Pasión del Señor

    Encuentros 2 n.3

    Vitaminas sanadoras

    Para fortalecer el corazón en tiempo de la Pasión del Señor

    Este es el momento favorable,

    ahora es el día de la salvación

    Ya es hora de despertarse, porque la salvación está ahora más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe.

    La noche está muy avanzada y se acerca el día. Abandonemos las obras propias de la noche y vistámonos con la armadura de la luz.

    Como en pleno día, procedamos dignamente: basta de excesos en la comida y en la bebida, basta de lujuria y libertinaje, no más peleas ni envidias. Por el contrario, revístanse del Señor Jesucristo, y no se preocupen por satisfacer los deseos de la carne. (Romanos, 13,11-14)

    Reflexión para la vida.- Éste es el tiempo favorable en que el Señor nos llama a todos a la “conversión del corazón”: a reconciliarnos con los hermanos y a ser generosos con los pobres. San Pablo, a su vez, nos indica el camino seguro para ello: “revestirse de Cristo”. Esto exige que aceptemos la cruz diaria, en la familia, en el trabajo y la profesión, como lo haría hoy Jesús. Así podremos participar de su resurrección, con nuestros hermanos.

    Es un aporte de la Sociedad de san Pablo de Córdoba - Argentina. Con los saludos y las oraciones del
    p. Benito: domingos@arnetbiz.com.ar. Difúndelo

    jueves, marzo 17

    Recursos sobre San Pablo: Fotos, fichas y mucho más

    Hoy les recomendamos esta página de Paulinas donde encontrarán recursos para trabajar con la figura de San Pablo. Ideal para toda la familia y vital para las parroquias en catequesis catecumenado y grupos parroquiales. Excelentes recursos que te puedes bajar gratuitamente. :) Disfrútalos.

    http://www.paulinas.org/index.php/san-pablo/

    miércoles, enero 26

    Conversión de San Pablo

    Hemos escogido algunos artículos interesantes sobre la conversión de Pablo.
    Se los sugerimos aquí.

    De MAGNIFICAT

    ZENIT : PABLO MODELO DE CONVERSIÓN EVANGÉLICA POR RAINIERO CANTALAMESA

    CATHOLIC.NET : FIESTA DE LA CONVERSIÓN DE SAN PABLO

    ADJUNTAMOS UNO MUY INTERESANTE QUE HEMOS ENCONTRADO EN MERCABA.ORG SOBRE LA CONVERSIÓN DESDE UN PUNTO DE VISTA TEOLÓGICO Y PSICOLÓGICO
    QUE POR EL FORMATO SE HACE DIFÍCIL DE LEER ALLÍ PERO QUE AQUÍ LES DEJAMOS


    LA CONVERSIÓN ESTUDIO TEOLÓGICO Y PSICOLÓGICO

    Y. M. J. CONGAR

    NOCIÓN DE «CONVERSIÓN» CV/QUE-ES

    La conversión, en el amplio sentido de la palabra, es un cambio del o de los principios que rigen la síntesis o la dirección de nuestra vida. Conversión, de por sí, no significa conversión a Dios, ni siquiera hacia el bien. Uno puede convertirse al mal, o convertirse al racionalismo o al marxismo; hay conversiones del catolicismo al protestantismo y hasta al judaísmo o a religiones fuera de la tradición judeo-cristiana. Tomada en esta acepción tan general, la categoría de los «convertidos» se identifica, en suma, con la de los hombres que los anglosajones llaman «twice born» para distinguirlos de los «once born». Hay, en efecto, un nacimiento común a todos: aquel por el que recibimos la existencia de hombres, según las cualidades de la naturaleza humana; así venimos al mundo. Algunos tienen un segundo nacimiento a un determinado mundo de valores, a los que libremente se abren y entregan.

    Uno descubre, por ejemplo, la miseria de los hombres o la justicia; se siente conmocionado, golpeado de tal forma, que consagrará su vida a luchar por lo que ha descubierto. Para que haya «conversión» es necesario algo más que una pura información intelectual o incluso una convicción especulativa. Un encuestador, un sociólogo, pueden saber todo sobre la miseria o el hambre de los hombres y, sin embargo, no «convertirse» para remediarlas. Es necesaria una experiencia personal y llevados a cambiar algo en sus vidas. Recordemos, por ejemplo, la diferencia existente entre el sencillo atestado y el testimonio. El testigo tiene la sensación de ser requerido por la verdad, de tal forma, que llegaría a comprometerse onerosamente por sostener una afirmación en la que el hecho se duplica para él con un valor. Para que verdaderamente haya conversión es menester que el valor que se apoderó de nosotros sea de tal naturaleza, que oriente nuestra vida dando un sentido a nuestro destino.

    CONVERSIÓN MORAL Y CONVERSIÓN RELIGIOSA:

    La conversión moral es un cambio de nuestros principios éticos o un paso de no practicarlos a practicarlos. Ciertas filosofías han propuesto un ideal que reclamaba una conversión así: el estoicismo, por ejemplo, y Plotino. La conversión propiamente religiosa tiene puntos de semejanza con la conversión moral. Pero es diferente. No supone únicamente que la vida tiene un sentido que puede «convertirse», sino que ese sentido esté determinado por un Dios personal y que el principio de la «conversión» sea la realización de la verdadera relación que ese Dios quiere que establezcamos con El.

    A menudo, conversión religiosa y conversión moral están íntimamente mezcladas; la conversión moral se produce en el interior de una fe, que en principio nunca se había dejado de profesar, pero a cuyas exigencias se conformaba poco o nada. Este caso, al que algunos dan el nombre de "conversión mística", es el de Francisco de Asís, Ignacio de Loyola y Pascal. Es también el caso de las "segundas conversiones" de que hablan los autores espirituales. Sin embargo, nos parece que en estos casos existe siempre -al principio de la conversión moral o acompañándolo- un nuevo descubrimiento del Dios vivo, de Cristo y de la verdadera relación religiosa: luego... conversión religiosa. Se puede reducir a conversión moral el paso de los que, en el latín eclesiástico de la época de los Padres, recibían el nombre de conversi. Es decir, los que en vez de la vida del "mundo" abrazaban una vida según los consejos evangélicos, sobre todo el de la castidad, sin por ello tomar el hábito monástico.

    LA CONVERSIÓN EN LA SAGRADA ESCRITURA

    a) Vocabulario

    Dos verbos hebreos y dos griegos expresan la idea de conversión. En hebreo: sub, volver: en sí no tiene valor religioso, pero al emplearlo fue tomando el significado de conversión expresado por su sustantivo derivado tesubah. Convertirse es volver a Dios. Así aparece frecuentemente. Ejemplos: Am 4, 6 ss.; Is 9, 12; 19, 22, Jer 3; Ez 33; Dt 4, 30; Dan 9, 13. Naham, apenarse, arrepentirse. Ejemplos: 1 S 15, 29; Sal 110, 4; Jer 8, 6. Es empleado acompañado y siguiendo a sub. por ejemplo en Jer 38, 18-19. Griego: sub es generalmente traducido en los Setenta como epistréfein, que tiene el mismo sentido: volver, volver de nuevo, tornar a, venir... luego, convertirse. Cf. Os 14, 2 s.; Am 4, 8; Jon 2, 13; ls 55, 7; 6, 10 (citado por Mt 13, 15; Mc 4, 12; Act 28, 27); Jer 31, 14; Dt 30, 10. En el Nuevo Testamento se habla, por ejemplo, de volver de las tinieblas a la luz (Act 26, ]8). Se vuelve de (apó, ek) (Act 8, 22; Ap 2, 21 s.; 9, 20 s.; 16, I l; Heb 6, 1) y se vuelve hacia (Epí, prós). Cf. I Pe 2, 25, donde el verbo está empleado sin preposición, como en Lc 22, 32: Act 3, 19; Metanoein, substantivo metanoia, era bien conocido en el griego clásico con el sentido de: cambiar de espíritu o intención; cambiar la orientación del propio pensamiento. Tampoco le es extraño el sentido de arrepentimiento, que se acentuó en la época helenística. La traducción de los Setenta de "a metanoein" un sentido fuerte y técnico de conversión, siendo equivalente a epistréfein, cuando esta palabra se emplea en sentido moral y religioso. También en los Setenta se traduce algunas veces sub por metanoein: así en Ecl 48, 16; ls 46, 8. De modo que el verbo metanoein estaba preparado para usarse en el Nuevo Testamento como expresión técnica para expresar: cambiar de espíritu, volverse hacia (Dios), convertirse; y esto con toda la densidad del sub de los profetas, conservando, sólo secundariamente, el valor de pena y arrepentimiento. Varias veces, en los Setenta (Jer 38, 18-19) y en el Nuevo Testamento, las palabras metan. y epist. aparecen unidas, señal esto de su similar sentido. En esta casi equivalencia, sin duda met. expresa preferentemente el cambio de actitud interior, y epist. el de relación con otro (Dios).

    En latín, la palabra conversio expresaba bien la idea de volver, dar la vuelta, convertirse; pero metanoia fue traducida por poenitere, poenitentia. De lo que se han seguido dos inconvenientes: 1) No se conserva la tan expresiva imagen del sub hebreo y del metanoein griego. 2) Aunque paenitere venía realmente de paena con el sentido de «no estar satisfecho de», se vio como absorbido por la palabra poena de la que incluso tomó la grafía, y así recibió un predominante sentido de: compensación onerosa, aflicción, reflejando sólo uno de los valores y no precisamente al más profundo del empleo bíblico de metanoia. "Penitencia" sugiere en primer lugar obras de penitencia.

    b) Teología bíblica de la conversión

    El doctor E. Würthwein distingue, hasta llegar a oponerlas, la concepción de penitencia que tenían en Israel antes de los profetas y la de conversión que éstos predicaron. Existían, realmente, en Israel costumbres penitenciales ocasionales o legalizadas y ritualizadas en las instituciones cultuales, y que incluían ayuno, lamentaciones, súplicas e incluso signos exteriores tales como saco, cilicio y ceniza. Hasta se decretaba una penitencia general, que alcanzaba incluso a los niños y animales (cf. Jon 3, 7 s.; Jdt 4, 10 s.). Pero llegan los profetas y dicen: todo esto no es volver a Dios (cf. /Am/04/06-11). Para los profetas, lo esencial y lo que cualifica todo lo demás es realizar el auténtico encuentro religioso. Es una relación personal entre un hombre que se compromete todo él, es decir, su «corazón» o su conciencia, y el Dios vivo, es decir, el Dios que tiene una voluntad, un plan, que llama y exige. Es el contacto o relación por los que verdaderamente Yahvé es el Dios de Israel e Israel el pueblo de Dios. Un individuo, un pueblo, se convierte cuando para él Dios es realmente Dios... Esta relación se concreta en tres puntos: obedecer la voluntad de Dios, fiarse plenamente de El, apartarse del mal que Dios odia. De hecho, las exigencias son extremadamente concretas en el plano del comportamiento humano. La Alianza pide que se observe plena justicia, que se trate a los demás como hermanos, sobre todo a los pobres y débiles, etc. Esto es el verdadero ayuno... (cf. /Is/58/04b-07; Zac 7, 5 s.). En resumen, los profetas predican menos la «penitencia» que la «conversión»; para ellos todo se decide en el plano teologal y no en el ético-ascético.

    Hay algunos textos que escapan a este esquema. Los profetas conocen y admiten los ritos penitenciales (Is 22, 12 s.; Jl 2, 12). E. Würthwein sitúa también durante el exilio el monumental caso de Ezequiel, que tradujo un sentimiento pastoral muy vivo de la responsabilidad personal y de la posibilidad que el hombre tiene de orientarse hacia la justicia o la injusticia. La neta distinción establecida por Würthwein, ciertamente, es exacta, en el fondo; tiene sus equivalencias en otros campos: Templo y Presencia de Dios, sacrificios y fiestas, etc. Es verdad: los profetas han comprendido y demostrado que es un modo de practicar la religión, que en realidad aleja de Dios, o que es cómplice del movimiento del pagano que cada uno llevamos dentro, para huir de Dios, representárnoslo a nuestra propia imagen humana, en fin, hacernos un ídolo; cuando la verdadera religión consiste en dejarse modelar por Dios a su imagen y dejarse interrogar totalmente por El, en el absoluto de la fe y del amor. Sin embargo, hay un peligro en esquematizar la oposición señalada: el de no ver más que la relación de fe y hesed, que es la sustancia de la conversión en la que coinciden los profetas, pero incluyendo, y no excluyendo, la realidad concreta de la «penitencia» como tristeza por el pecado, contrición, enmienda y satisfacción.

    Los autores protestantes dicen, algunas veces, que lo contrario del pecado no es la santidad, sino la fe. No; es la justicia. Inconscientemente, tienden con frecuencia a llevar a otros campos el debate de las obras y la fe -algo hay de esto en el admirable Eros y Agapè de A. Nygren-, y no ven bastante el estatuto de una fe que se hace verdadera por las obras (12). No se trata, pues, sino de completar las indicaciones de Wurthwein sobre la predicación profética de la verdadera conversión a Dios, porque esta predicación incluye también enunciados sobre la detestación y el repudio del pecado. En resumen, sobre la verdadera penitencia a la que lleva la relación de fe, justicia, fidelidad, misericordia y conocimiento de Yahvé.

    En el Nuevo Testamento, la idea de conversión es absolutamente fundamental. El Evangelio comienza con la llamada de Juan Bautista, tomada luego por Jesús al principio de su predicación: «arrepentíos (metanoeite), pues el Reino de Dios está cerca» (Mt 3, 2; cf. Mc 1, 4; después, Mt 4, 17; Mc 1, 15). Es una llamada a un cambio de vida profundo e interior, que corresponde al acto decisivo y completamente inaudito de Dios viniendo a liberarnos y perdonar los pecados. La conversión a que invitan, primero Juan y después Jesús, obliga a revisar por completo el sentido de la vida propia con relación a este acto decisivo de Dios. Es la respuesta del hombre a la soberana iniciativa de Dios; implica primeramente un arrepentimiento o una penitencia para abandonar el pecado (Mt 3, 8; dignas obras de penitencia); inmediatamente la fe por la que uno se entrega totalmente a Dios («Arrepentíos y creed en la Buena Nueva»: Mc 1, 15; Act 20, 21; 26, 18; Heb 6, 1); finalmente, consecuencias para toda la vida, que será renovada por completo. La vida tendrá otro estilo, el que conviene al Reino de Dios y que se resume maravillosamente en una actitud de «no posesión», de pureza, disponibilidad y confianza; un a priori de afectuosa apertura..., en resumen, una actitud de infancia espiritual.

    Este mensaje evangélico tiene un valor absoluto y definitivo para todos los hombres hasta el fin del mundo. Los apóstoles lo han hecho resonar a través del espacio y el tiempo: todo hombre es llamado a hacer penitencia y a convertirse, al anuncio de un heraldo de la Buena Nueva (Mc 6, 12; Mt 12, 41; Lc 5, 32 par.; 24, 47; Act passim). San Pablo y San Juan han pensado en las implicaciones teológicas de la vida cristiana como conversión: fundamentalmente, los dos tienen la misma teología. Aunque San Juan no emplea las palabras metanoein, metanoia, sin embargo, presenta, en el sentido más estricto del término, la theo-logia más profunda de la conversión como acto y proceso por los que el fiel se deja engendrar y formar por Dios, en dependencia de Jesucristo. El mismo San Pablo ha desarrollado progresivamente, a través de sus Epístolas, una síntesis teológica de la conversión cristiana, uniendo los tres aspectos siguientes. Primero, la fe, que es no tanto una consecuencia de la penitencia-conversión, cuanto su principio. Inmediatamente, el bautismo y el hombre nuevo: San Pablo toma ideas judías sobre el bautismo de los prosélitos, pero el Bautismo cristiano adquiere todo su sentido en Jesucristo y su Pascua. Finalmente, todo un programa de vida al que comprometen la fe y el Bautismo: éste, que nos configura con la muerte y resurrección de Cristo, tiene un contenido moral más concreto y exigente; uno se convierte, para servir a Dios (cf. I Tes 1, 9-10; Gál; Rom 1, 25; 12, 1-2); uno se compromete por la fe y el bautismo a un género de vida que consiste en hacer morir el hombre viejo y realizar en nosotros el hombre nuevo (2 Cor 4, 16; I Ts 1, 9-10, 4, 4-5. 9-12; Rm 1, 25-31 y caps. 12 y 13, etc). Nada más teologal, sacramental y ético a la vez que la conversión en San Pablo; nada más acto de Dios comprometiendo al hombre a un continuado esfuerzo; nada como la conversión que se realice una vez y, sin embargo, tiene que realizarse sin cesar...

    COMPONENTES DE LA CONVERSIÓN Y PUNTOS DE VISTA EN QUE SE PUEDEN CONSIDERAR LOS HECHOS

    Consideremos ahora la realidad de la conversión tal como la presentan cada día los hechos, en nuestros países o en los países antes llamados de misión. La conversión es un paso personal que afecta la vida de un hombre moralmente adulto, es decir, de un hombre cuyo principio de síntesis moral es personalmente poseído y puede ser libremente elegido o ratificado. La conversión incluye todo un conjunto de movimientos psicológicos y morales; de motivaciones intelectuales y afectivas. Hay preparaciones, positivas, que abren el espíritu a ciertos valores, y negativas, que ayudan a superar ciertas actitudes de retroceso: entre estas causas hay que situar de modo muy especial el papel del sufrimiento, de los «callejones sin salida», de todo lo que significa para nosotros decepción, herida... Hay etapas, relevos: San Agustín pasó por el neo-platonismo; Görres volvió al catolicismo a través de la idea de unidad política, y muchos hombres de su tiempo a través de la Iglesia como fuerza de estabilidad y de orden (Von Haller, por ejemplo). Las preparaciones juegan su papel, después ceden su lugar a otra cosa, que permanece... Los factores del medio cultural y sociológico tienen también su influencia, sobre todo el sentido de inhibición, como se comprueba en los estudios referentes a los medios obreros europeos o a las condiciones de conversión en algunos países de misión, sobre todo en aquellos donde está instalado y reina el Islam. Ciertos casos conocidos por el autor llevarían a preguntarse si a veces en las conversiones confesionales no juega su papel un determinado atavismo... Valdría la pena estudiarlo.

    Todo esto demuestra que las conversiones encierran una realidad humana muy compleja: moral, social, histórica, quizá incluso genética, y cuyo estudio sería también muy interesante. Si no siempre, sí en muchos casos podría hacerse una historia puramente psicológica de las conversiones, y los más exigentes teólogos nos dejan, a este respecto, en plena libertad. También se podría, con una base suficientemente documentada, realizar una clasificación y tipificación de las conversiones, si, a pesar de su extremada variedad, se pueden reducir a algunos tipos y si esta clasificación presenta verdadero interés. Una posible clasificación, tomada desde el punto de vista psicológico o de motivos psicológicamente determinantes, es ésta:

    1. Conversiones en que domina la inquietud, la necesidad de encontrar la verdad y las motivaciones intelectuales: caso frecuente en las conversiones confesionales, por ejemplo Newman, Cornelia de Vogel.

    2. Conversiones en que predomina la voluntad de realizar un ideal puro: muchas conversiones del paganismo o del Islam al cristianismo.

    3. Conversiones de tipo emocional, especialmente numerosas en las reuniones de evangelización de los pentecostales, del Ejército de Salvación... Hay también conversiones lentas y conversiones repentinas, pero en estas últimas el brusco momento decisivo ha sido frecuentemente precedido por preparaciones y seguido de todo un largo trabajo: el caso, por ejemplo, de Teodoro Ratisbonne (visión de la Virgen, Roma, 1842). Sucede entonces que las razones siguen al momento decisivo en que se da la «vuelta» moral o religiosa, que es lo esencial de la conversión; el nuevo principio de síntesis se adquiere repentinamente o de un solo golpe por una iluminación instantánea, y la estructura de los razonamientos o de las respuestas sólo llega después. Tal es, por ejemplo, el caso de un P. Robert Bracey, y especialmente, más ilustrado y formulado por él mismo en términos de insuperable verdad, el de Paul Claudel. Transcurrieron cerca de cuatro años entre su iluminación (Navidad 1886) y su primera confesión (1880). Animus que debía razonar las dificultades y sacar las conclusiones, tenía que estar retrasado respecto a Anima.

    Hay conversiones completamente personales. La Iglesia católica les da preferencia. Algunas conversiones en masa, como la de los monjes anglicanos de Caldey en 1913, no son en realidad sino la pluralidad de conversiones personales, más o menos ligadas y simultáneas. Por el contrario, el psicólogo y el sociólogo deben hacer un lugar a las conversiones verdaderamente colectivas. Las ha habido en la historia (¡los sajones!), y sin duda existen aún en la historia misionera contemporánea, casos de grupos sociales que siguen en masa a su jefe. Existen también los «Revivals» o las campañas de evangelización de tipo «evangelical» que desembocan en movimientos más o menos colectivos de conversiones repentinas: acción de Moody, de Evan Roberts con los «Revivals» del país de Gales, de 1904-1905, campañas de Billy Graham, sesiones de llamada del Ejército de Salvación... Las grandes misiones de los siglos XVII, XVIII y XIX en la Iglesia católica han presentado, a veces, rasgos semejantes a los «Revivals» protestantes. En el fondo, se trata de una predicación que imita la de los grandes profetas de Israel. "EI "Despertar" es la vuelta a la obediencia a Dios» (Finney).

    Sería peligroso insistir demasiado en los aspectos espectaculares, incluso algo románticos, de una conversión repentina, sobre todo si es fruto de un choque sentimental. En tales conversiones se arriesga dejar para el futuro todos los verdaderos problemas. En realidad, toda la vida cristiana es conversión. Cada fiel debe esforzarse en llegar a ser, día tras día, lo que es y a realizar su ser espiritual en profundidad. Hay que ver bien a lo que obliga el bautismo de niños; por un lado, compromete a cada cristiano y, por otro, a la Iglesia, para que prosiga un esfuerzo de auténtica pastoral. El bautismo exige, imprescindiblemente, instrucción y conversión. En la Iglesia anterior a Constantino, cuando era peligroso ser cristiano, estaba formada principalmente por hombres convencidos; sin duda, lo más frecuente es que el Bautismo se diera sólo a personas previamente convencidas y convertidas: representaba, realmente, no sólo desde el punto de vista dogmático, sino también desde el psicológico y moral, un segundo nacimiento. Hoy, en que se confiere a los niños recién nacidos, corre el riesgo de aparecer sólo como un aspecto del nacimiento común; el nacimiento por el que entramos en el mundo, en determinada sociedad, que en nuestros países es «cristiana»... Pero la obligación de instrucción y conversión permanece indisolublemente ligada: sencillamente, debe realizarse después por medio de un caminar personal, ya que no se realizó antes. La vida del cristiano lleva consigo la obligación rigurosa de llegar a ser verdaderamente cristiano, ya que lo hicieron sin elección personal. Es decir, hay una obligación de conversión...

    Se han propuesto diversas «explicaciones» psicológicas para el hecho de la conversión: la presión social, el debilitamiento del tonus vital, el subconsciente, la sexualidad, etc. Estas explicaciones se basan generalmente en un aspecto real de las conversiones -en el plano fenomenológico-, pero son demasiado limitadas o parciales para percibir el hecho en su totalidad, sobre todo si se le mira en su relación con la totalidad de la existencia y con su significación.

    Explicaciones frecuentemente dominadas, en las obras de psicología religiosa, por la preferente atención concedida por E. D. Starbuck -iniciador de estos estudios- a la adolescencia como momento privilegiado para la conversión (Psychology of Religion, Londres, 1889); o también por el punto de vista, tan querido a los protestantes, de la conversión repentina y definitiva con predominio del sentimiento de pecado del que uno se libera por un «surrender» (entrega) total a la gracia, a la voluntad y al servicio de Dios. William James (Varieties of Religious Experience, 1902) veía la conversión como la última consecuencia de una incubación inconsciente de ideas y sentimientos que terminan apareciendo o más bien explotando, saliendo a la superficie de la conciencia, movidos por nuestra tendencia de reemplazar los elementos caducos o dispersos de nuestra síntesis mental, por un principio más fuerte y más unificador: y esto bajo el choque de una emoción, de una percepción nueva o de un conjunto de circunstancias que sacan a luz el desgaste, la desorganización y la ausencia de cohesión de nuestro anterior sistema...

    Un psicólogo contemporáneo, R. H. Thouless (An introduction fo the Psychology of Religions, Oxford, 1923, caps. 13 y 14), aun distinguiendo varias clases de conversiones, algunas de las cuales desbordan esta explicación, la toma después en forma diferente: sentimientos, habitualmente frenados por una resistencia que se opone a su afirmación y a su éxito, rompen esta resistencia y se afirman en el plano de la vida consciente. Este esquema se aplica en particular a las conversiones juveniles, en las que actúa el deseo de escapar a ciertos hábitos de pecado que pesan precisamente en la edad en que se busca conquistar y afirmar la propia síntesis. Pero el mismo Thouless reconoce que así no tiene en cuenta las conversiones intelectuales, que son el mayor número de conversiones confesionales.

    Algunos psicoanalistas han dado a los hechos de conversión una interpretación demasiado sencilla: los candidatos a la conversión serían seres de psiquismo inseguro, desprovisto de unidad innata. La necesidad de unificarse les lleva a subordinar o expulsar una parte de sí mismos en beneficio de la otra parte. Además, como no se bastan a sí mismos, se buscan un amigo poderoso que les complete, les apacigüe y permita compensar sus fracasos. Pero esta solución para su angustia se produce a costa del valor humano. Hay en estas consideraciones de los psicólogos mucho, al menos parcialmente, de exacto; pero dependen mucho más de la simple descripción que de la explicación. Es cierto que la conversión se opera a menudo en el término de una crisis caracterizada por un cierto desequilibrio del que se quiere salir, o por una pérdida de seguridad interior. Por eso la conquista de la personalidad por el joven, la vergüenza de un pecado -sentida hasta el paroxismo-, o bien una pena, enfermedad, guerra, fracaso, cautividad, hasta una sencilla emigración, son momentos propicios para la conversión. Es cierto que la conversión representa la conquista de un principio de síntesis más satisfactoria, y es una integración. Todavía es preciso ver en qué condiciones y sentido se realizan esa conquista y esa integración.

    Como para todo lo que se desarrolla en la vida psíquica del hombre, es normal que los psicólogos, que exploran el consciente y el subconsciente, puedan dar una traducción psicológica de los hechos. Pero nos parece que hay dos clases de consideraciones que piden se pueda y deba ir más allá de esas explicaciones.

    1. La verdad representada por el método fenomenológico. La conciencia tiene un contenido, una intencionalidad. No es cuestión solamente de analizar y así «explicar» después el modo cómo suceden las cosas. Es preciso considerar y tratar de «comprender» el contenido y la significación de lo que pasa. Ahora bien, los convertidos experimentan y afirman ciertas cosas, y la convergencia de sus experiencias y afirmaciones tiene valor propio: creemos quc se puede sacar de ello una prueba que tiene certeza moral, del tipo de las pruebas por testimonios convergentes, en favor no sólo de la existencia de Dios, sino de su acción en las almas y de la realidad de ciertos hechos místicos. En efecto, una afirmación se repite en los relatos de conversión, menos sin duda en las "conversiones" juveniles -de las que los psicólogos se han ocupado con más gusto-, que en las conversiones «místicas»: la afirmación de la acción soberana de una persona viviente, pero trascendente e invisible. La historia que han vivido, no solamente les parece dirigida hacia Dios, sino llevada por El, y lo que ellos atestiguan de sus iniciativas y de esta conducta responde, de modo notable, a lo que los teólogos llaman la acción de la gracia. La aportación última por la que todo se esclarece y decide, no proviene de ellos, sino de la acción de Otro que está dentro de sí mismos (1). Del mismo modo un fenomenólogo de la religión concluía: "No podemos describir la estructura de la conversión sin añadirle esta acción divina como elemento de comprensión". Quizá no sea acertado hablar, como el padre Mainage, de un «dualismo» que existiera en el alma del convertido; sin embargo, no hay nada tan atestiguado como la certeza o evidencia moral experimentada por tantos convencidos, de que lo que les sucede no es fundamentalmente de ellos, sino de Dios.

    2. Desde el punto de vista fisiológico o médico, Juan Bautista murió, sencillamente, de una hemorragia. Desde el punto de vista teológico, su muerte es un martirio que corona su testimonio del Verbo encarnado; esa muerte pertenece a la historia de la salvación y tiene un valor sagrado. Este ejemplo nos ayuda a comprender que un mismo hecho puede suscitar apreciaciones diferentes, situadas en planos diferentes, debidos a medios de conocimiento y criterios diferentes. En una conversión, el psicólogo puede ver el desenlace de una crisis cuyo proceso analiza más o menos exacta y completamente; puede también señalar el momento en que una explicación sacada de las «leyes» ordinarias de las costumbres humanas se detiene ante datos que sobrepasan la medida o el orden natural. Así desemboca -y debe reconocerlo, como un posible más allá de su explicación- en un punto, a partir de cual el apologeta hablará quizá de milagro moral. Por el contrario, no habría nada más engañoso, y hasta ridículo, que pretender «explicar» con algún conflicto interior un hecho como la conversión de San Pablo. Jung es lo bastante gran psicólogo como para no quitarle ningún mérito, aunque digamos que sus intenciones con respecto a ese tema (citados por Thouless, ed. 1950, págs. 189 ss.), aun conteniendo algunos elementos válidos, son lastimosamente inadecuadas.

    La apreciación teológica de las conversiones tiene criterios propios. En primer lugar dogmáticos, procedentes de las afirmaciones de la Revelación y de la fe sobre la realidad de Dios y su acción. En segundo lugar espirituales y morales, que tengan en cuenta la calidad de la vida, pureza y frutos espirituales de las motivaciones, de la fecundidad y beneficios superiores que de ello se deriven. Porque una conversión que viene de Dios no es sólo un hecho fisiológico, es un hecho espiritual; no es sólo un término, un refugio, después de la tormenta; la conversión abre una fuente de vida para los demás, entra en la inextinguible historia de la caridad y del retorno de la creación a Dios por caminos de luz, de libertad, de cruz y de amor.

    TEOLOGÍA DE LA CONVERSIÓN

    a) La teología clásica apenas se ha ocupado de la conversión. Unicamente al estudiar el acto decisivo de la justificación. Las dos principales referencias son: Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica, Iª, IIae, q. 113 (y lugares paralelos), y el Concilio de Trento, ses. Vl, sobre todo los capítulos 5.° y 6.°. La justificación, que es el caso límite, manifiesta con toda fuerza las afirmaciones de la teología sobre la conversión al suponerla un acto gracioso y soberano de Dios: se realiza en el bautismo de los niños pequeños, sin que allí se produzca actividad alguna humana y consciente por su parte. Estamos en presencia de la conversión como acto espiritual de Dios (de la gracia) en estado puro. Es bastante curioso observar cómo el pensamiento protestante, que partía de una afirmación de pura gracia y de pasividad del hombre, ha llegado a insistir, de una parte, en el elemento «experiencia» de la conversión, y, por otra, a poner en duda, y frecuentemente a rechazar, el bautismo de los niños por razones teológicas. Pero los protestantes, fieles a las afirmaciones tradicionales sobre el valor sacramental del bautismo, incluso del bautismo de los recién nacidos, distinguen entre la regeneración producida en el bautismo por el acto de Dios (cf. Jn 3, 7) y la conversión, que implica una libre actividad del hombre (cf. Act. 3, 19).

    De hecho, lo que ordinariamente se llama conversión se produce en la vida consciente de un adulto y trae consigo, generalmente, todo un proceso de preparaciones y acercamientos progresivos. No es corriente que sea absolutamente instantánea y que se cubra por completo con la justificación. En ese caminar progresivo, la teología, al menos la de la tradición agustino-tomista, afirma la necesidad de gracias actuales de Dios, es decir, de mociones sobre la inteligencia y la voluntad del hombre, o de disposiciones externas que se ordenaban a su salvación. Es éste un punto de técnica teológica que recientemente se ha puesto, una vez más, sobre el tapete en el transcurso de una controversia suscitada por la obra del padre H. Bouillard, Conversion et gráce chez saint Thomas d'Aquin, París, 1944.

    b) Pero si la teología católica afirma sin ambigüedades el papel primordial y decisivo de una fuerza venida de Dios: la gracia -que previene al hombre sin mérito de su parte, de tal forma, que el propio comienzo de la conversión es fruto de la gracia-, afirma con igual energía la realidad y la parte de la libertad humana. La teología, desde San Agustín, se ha esforzado incluso en analizar todo lo posible el juego alternado entre la gracia y la libertad. Abundan los ensayos explicativos. Puede leerse, por ejemplo, el de Fenelón, en su VI Lettre sur la religion. Hablar de juego alternado entre gracia y libertad no es demasiado feliz: deja entrever que una se construye luchando contra la otra, cuando en realidad la gracia hace efectiva la libertad... Sin entrar en los detalles de un análisis fruto de un estudio más técnico, nos mantendremos muy cerca de los textos bíblicos y la experiencia de los convertidos que muestran el Dios de la gracia, y la libertad de hombre, aproximándose uno a otro en una especie de diálogo y de condicionamiento recíproco: algo así como el juego del dominó, en el que uno de los participantes no puede colocar un seis hasta que el otro no ha colocado otro seis... La religión bíblica, religión de la Alianza, tiene una estructura de diálogo. Cuando se estudia, sobre todo en el Evangelio de San Juan, las «llegadas» a la fe, se ve que: puestas en presencia de lo que será para ellas la verdad de Jesucristo, quien las acerca primeramente bajo la forma de un signo o un encuentro, las almas comienzan a decidirse a favor o en contra según una disposición fundamental, cuya realidad decisiva es, en definitiva, una psicología de apertura o de cierre sobre sí mismo. La cuestión es saber cuál es el sentido de nuestro amor. Si es abierto a las llamadas y exigencias del Otro, llegará hasta la caridad. El amor a Dios sobre todas las cosas se convierte, a la luz de la fe, en el nuevo principio de síntesis, apto para modelar y unificar toda nuestra personalidad. Porque el movimiento de conversión lleva hasta allí. Puede aplicársele lo que ·Kierkegaard dice de la fe: «Creer no es una empresa como otra cualquiera, un calificativo más que se aplica al mismo individuo (nosotros añadiríamos: una idea más...); no, cuando se arriesga a creer, el mismo hombre se convierte en otro.»

    En una carta del 21 de julio de 1849 a Alberic de Blanche, marqués de Raffin, -Donoso Cortés decía: "El misterio de mi conversión (porque toda conversión es un misterio) es un misterio de ternura. Yo no amaba a Dios, y Dios ha querido que le ame; y porque le amo, aquí estoy, convertido» (CV/DONOSO-Cortes).

    c) La teología analiza los actos típicos de la conversión-justificación. Son, según Santo Tomás de Aquino y el Concilio de Trento: la fe, el temor y la esperanza conjugados, el amor inicial, el arrepentimiento y el propósito firme. Salta a la vista que todo proviene de la fe... Los teólogos, por otra parte, saben que la vida no siempre respeta las clasificaciones, y sobre todo que es sintética y concreta, no analítica.

    ..................

    1. El padre Lacordaire escribía en una carta del 11 de mayo de 1824, a propósito de su propia conversión: "Un momento sublime es aquel en que el último rayo de luz penetra en el alma y reúne en un centro común las verdades esparcidas. Hay siempre una tal distancia entre el momento que sigue y el momento que precede a aquel, entre lo que se era antes y lo que se es después, que se ha inventado la palabra gracia para expresar este relámpago que viene de lo alto» (FOISSET, Vie du P. Lacordaire t. 1, pág. 61).

    Y. CONGAR
    EVANGELIZACION Y CATEQUESIS
    CELAM-CLAF.MAROVA.MADRID-1968.Págs. 65-82




    lunes, enero 3

    El momento de la crisis: el testimonio de Esteban en San Pablo Apostol Trabajador del Evangelio de Carlos Mesters

    5. El momento de la crisis: el testimonio de Esteban

    Muy probablemente Esteban y Pablo fueron compañeros de estudio. Pero los caminos se separaron. Esteban entró en la nueva comunidad de los cristianos, creada hacía tres o cuatro años. Pablo estaba contra ella. El conflicto entre los dos fue violento.

    En su discurso ante el Sanedrín (congreso: Hch 6,12), Esteban interpretó la historia de Moisés como espejo de la historia de Jesús (Hch 7,1-50). Miraba a Moisés y, aparentemente, hablaba de él. En realidad estaba pensando en Jesús y hablaba de él. Para Esteban, condenar a Jesús era lo mismo que condenar a Moisés. Al final del discurso, dejó de lado el espejo y habló claro. Acusó a los judíos de ceguera y sordera ante la Palabra de Dios manifestada en Jesús (Hch 7,51-53). La reacción fue violenta: agarraron a Esteban y lo mataron a pedradas (Hch 7,54-60). Pablo estaba presente como testigo (Hch 7,58), y aprobaba la muerte de Esteban (Hch 8,11) ¿Qué pasó con Pablo en aquel momento dramático? No lo sabemos. Pero los hechos que vinieron después nos permiten hacer la siguiente interpretación.

    Esteban, que estaba muriendo, de repente exclama: “¡Señor, no los condenes por este pecado!” (Hch 7,60) y más aún: “Estoy viendo el cielo abierto, y al Hijo del Hombre, de pie, a la derecha de Dios!” (Hch 7,56). En este testimonio se transparentan dos evidencias:

    1. Esteban ve el cielo abierto. Es decir, él está siendo acogido por Dios; está en el lugar en el que Dios le quiere. ¡El es ‘justo’! En el momento de morir, Esteban estaba en posesión de la justicia-santidad que Pablo no consiguió alcanzar, a pesar de todo su esfuerzo por observar la Ley. ¡Y Esteban consiguió la justicia-santidad, sin observar la Ley!

    2. Esteban ve a Jesús a la derecha de Dios. Es decir, Dios acoge a Jesús, el mismo Jesús que había sido condenado como blasfemo por el tribunal que ahora estaba condenando a Esteban (Mt 26,65). Entonces, al acoger a Jesús, Dios condenaba al tribunal; condenaba al propio Pablo.

    Según este testimonio, una cosa es evidente: el ideal de la observancia ya no podía ser el verdadero camino. A través de su manera sencilla de vivir y morir, sin decir ninguna palabra, Esteban estaba gritando en el oído de Pablo: ‘¡Todo lo que tú viviste hasta hoy, ya no es camino para conducirte a la justicia, hasta Dios, pues yo recibí la justicia, sin observar la Ley!’ ¿Quién tenía razón, Esteban o Pablo? Esteban era solo uno. Junto a Pablo estaba la multitud del pueblo judío; estaba la tradición de más de mil años; estaban las autoridades todas: sacerdotes y doctores. En esta balanza, el peso estaba a favor de Pablo. ¡Su camino era el camino verdadero! El de Esteban, el de los cristianos, debía ser el camino equivocado. Por eso, Pablo aprobó la muerte y empezó a perseguir a los cristianos. Pensaba que estaba prestando un servicio a Dios en defensa de las “tradiciones paternas” (Gál 1,13-14).

    ¡Pero Esteban “dio su sangre’! Y cuando alguien da su sangre, entra con todo lo que tiene. ¡Así es hasta hoy! Pablo buscaba acallar la voz de Esteban y de los cristianos. ¡Quién sabe, tal vez quisiera callar la voz de su propia conciencia ! Al perseguir a los cristianos, Pablo estaba huyendo de sí mismo y de Dios. Hasta que Dios le dio alcance y lo derribó en el camino de Damasco. Allí fue donde se acabó la fuente de la que Pablo sacaba agua para beber. Fue allí donde el testimonio de Esteban llegó a dar resultado.

    Este es..

    ... un espacio para peregrinar a través de las Cartas de San Pablo, un lugar para reflexionar, compartir, y disfrutar de La Palabra a través de su gesta como el Apóstol de las Gentes. Una oportunidad más para conocer a Pablo de Tarso, misionar con él y llevar la Palabra de Jesús Resucitado.