Un lugar para caminar con San Pablo... para llevar a Cristo a cada persona en cada paso... un espacio para peregrinar a través de las Cartas de San Pablo, un lugar para reflexionar, compartir, y disfrutar de La Palabra a través de su gesta como el Apóstol de las Gentes. Una oportunidad más para conocer a Pablo de Tarso, misionar con él y llevar la Palabra de Jesús Resucitado.
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lunes, febrero 2

EL HIMNO AL AMOR


Una vez alcanzada la cima gloriosa, Pablo se siente embargado de admiración y llena plenamente sus pulmones con la brisa embriagadora del más allá. Canta su esperanza. Grita el amor de Dios. Desafía los obstáculos e invita a las potencias enemigas a ver si son capaces de arrancarla de ese amor. Himno desconcertante que nos ofrece la última palabra de la fe de Pablo. ¿Qué es un cristiano? ¿De qué sirve la fe? Todo está aquí. Nos sentimos invitados a ser los testigos privilegiados de una trascendencia de amor manifestada por el Padre en el Hijo con el Espíritu. Los testigos y los agraciados. “Si Dios está a favor nuestro, ¿quién podrá estar en contra? Aquel que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo es posible que él no nos lo regale todo?” (Rom. 8, 31-12).
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“¿Quién podr
á privarnos de ese amor del mesías?” (Rom. 8, 35). Pablo enumera siete posibles obstáculos: las dificultades, las angustias, las persecuciones, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada. A lo largo de toda su vida, los seis primeros fueron compañeros asiduos de sus correrías misioneras. En cuanto a la espada, lo consagrará mártir de Cristo diez años más tarde, en aquella ciudad de Roma a la que dirige su manifiesto. ¡Qué reto tan admirable a todas las potencias coaligadas del universo! No hay nada que logre romper el amor. Es cierto que siempre le queda al hombre esa posibilidad trágica de rechazar el amor, pero Pablo, aquí como anteriormente (Rom. 8, 22-30), se sitúa en el punto de vista exclusivo de Dios. “Ninguna criatura podrá privarnos de ese amor de Dios, presente en el mesías Jesús, señor nuestro” (Rom. 8, 39).
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De esta forma, tanto al comienzo como al final de la carta de Pablo
se inscribe un nombre que pertenece a la historia: Jesús, que tiene la función de ser el mesías, el Cristo, el enviado del Padre, y que por la resurrección ha sido establecido señor nuestro. Si las tres personas divinas no dejan de ser el objeto de la experiencia cristiana vivida por san Pablo, vemos cómo Cristo resucitado es el que ilumina con el esplendor de su gloria todas las etapas de la historia de la salvación, desde la creación hasta la glorificación universal. Para Pablo, fiel al realismo de sus maestros palestinos, lo mismo que para toda la iglesia primitiva, Jesús resucitado recibió un “cuerpo espiritual”, no solamente en un sentido relacional que lo pondría en contacto con el universo, sino también en un sentido físico, en cuanto que los elementos materiales son sublimados por el Espíritu.
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La salvación no consiste solamente en el encuentro con Cristo por la fe, sino también en la transfiguración de todo lo que Dios ha creado para su gloria en el amor.

. Amédée Brunot
Los escritos de san Pablo
Cartas a las jóvenes comunidades

Editorial Verbo Divino

Tomado de: http://www.sanpablohoy.com/2008/10/el-himno-al-amor-rom-8-31-39.html

miércoles, julio 23

La “fatiga” de ser san Pablo en un mundo globalizado













Un santo grande, “no popular”. Uno de los mayores admiradores de san Pablo y famoso orador Juan Crisóstomo, ya en el siglo IV, se quejaba que muchos cristianos, no sólo no leían al Apóstol sino que ni sabían cuántas cartas había escrito. Lo cierto es que Pablo nunca ha sido un santo popular como san Antonio de Padua, san Expedito o santa Teresita de Lisieux. El papa Benedicto XVI, con la convocatoria del Año Paulino, espera un mayor conocimiento de la vida, de la misión y de los escritos de san Pablo que repercuta favorablemente en las tareas pastorales y ecuménicas de la Iglesia. Estas notas apuntan precisamente a eso: ayudar a hacerlo entrar en el imaginario colectivo.

Cinco ciudades en su destino. – Pablo, cuyo nombre judío era Saulo, nació, entre los años 6/10 de nuestra era, en Tarso de Cilicia (en la actual Turquía), famosa por sus universidades. Allí realiza los primeros estudios y aprende el oficio de tejedor de tiendas de campaña. Poco más que adolescente, emigra a Jerusalén donde estudia La Ley (las Sagradas Escrituras) en la escuela del Rabí Gamaliel. Aquí conoce el Movimiento de “El Camino” que reúne a los secuaces de Jesús y se vuelve adversario apasionado primero, y luego perseguidor violento del mismo. A los 30 años, camino de la ciudad siria de Damasco, donde va en busca de cristianos para encarcelarlos, se le revela prodigiosamente Jesús resucitado que le habla. Pablo es bautizado y se convierte en un ferviente discípulo de ese Jesús que antes había perseguido. Rechazado por los viejos compañeros y sospechado por lo nuevos – lo creen un “infiltrado”-, es presentado a los Apóstoles por un amigo común, Bernabé, y es aceptado en la comunidad con la motivación que “ha visto al Señor en el camino” (Hech 9,27). En Antioquía de Siria, donde reside un tiempo, recibe con Bernabé la misión del Espíritu Santo de ir a predicar a las regiones lejanas. Y comienzan los grandes “viajes misioneros” que llevan a Pablo y a sus compañeros a anunciar el Evangelio a todo el mundo conocido, y a ser protagonistas de eventos extraordinarios como el Concilio de Jerusalén (año 49), que define la libertad de la Iglesia ante el judaísmo: el Antiguo Testamento queda “situado” y se afirma con claridad la “novedad” cristiana. Todo esto no sin dificultades, rupturas y hasta persecuciones (Cfr 2 Cor 11,16-33). Finalmente, Roma, es su meta, para implantar a Cristo en el corazón del Imperio; y allí, en la persecución de Nerón, muere mártir en el año 64 o 67.

Hijo de tres culturas “en un mundo globalizado”.Sabemos que el agente principal de la Evangelización es el Espíritu Santo y, en la aventura de Pablo y de sus compañeros, eso se revela en forma palmaria. Pero se aprecia también con fuerza el factor humano del “instrumento escogido” (Hech 9,15) para llevar el nombre de Cristo a todos. En Pablo se dan tres mediaciones “naturales” que facilitan sus tareas misioneras: es de raza y religión judía – a las que no sólo no renuncia, sino que las va madurando y perfeccionando-, y hacen de soporte bíblico a su misión ; es de cultura griega que, con su dialecto – la koiné – le permite relacionarse con muchos pueblos, “inculturando” el Evangelio a sus lenguajes y costumbres; es ciudadano romano, capaz de comprender y aprovechar las facilidades administrativas del Imperio, orientadas -con sus tribunales, artes, correos, rutas, a hacer del mundo un solo gran pueblo (¡la Paz Romana!), globalizado ante litteram, un hecho que favorecía con creces el universalismo cristiano...

La “novedad” de Pablo: comunidades para comunicar. En Pablo las tres características recordadas generan un dinamismo prodigioso. En cifras se calcula que recorrió unos 20 mil Km., predicando al Cristo del Evangelio. Utiliza una estrategia urbana de gran eficacia: no se instala en aldeas y villorrios, sino en grandes urbes donde se hacía el pensamiento, hervía el comercio y la movilidad social, con influjo también en el agro. Pensemos en la primera Iglesia de Europa, en la ciudad de Filipos, en casa de Lidia, una comerciante de púrpura, donde llegaban comerciantes de todas partes. Catequizados sobre Cristo, lo hacían conocer en sus lugares de origen y la “Palabra se difundía”. Pablo crea, mejor recrea las “cartas” que ya existían, para comunicar con su comunidades. De las muchas, se conservan 13. Inventa nuevas palabras, da nuevo sentido a las antiguas para que el Evangelio de la salvación sea entendido y acogido. Se revela así un gran misionero de la metrópolis, sabedor de que los “medios” son urbanos: de la urbe puede enviar noticias a sus comunidades rápidamente, estar informados de las mismas, responder tempestivamente a sus problemas, completar su catequesis, crea una gran empatía con sus corresponsales que lo hace amar mucho y que también lo expone a grandes desilusiones, como revela la 2ª. Carta a los Corintios… Pero valía la pena, aunque fuese para salvar sólo a algunos (Cfr 1Cor 9, 22). En la ciudad hay la posibilidad de que las cartas sean transcritas y multiplicadas para que lleguen a otras comunidades más apartadas y así se realice lo que pide en las oraciones: “En fin hermanos, rueguen por nosotros, para que la palabra del Señor siga difundiéndose y sea estimada, como es entre vosotros” (2Tes 3, 1).

Tal sigue siendo Pablo de Tarso hoy: el misionero “tipo” de las metrópolis, cosmopolita -por raza, cultura, y ciudadanía- y que tiene mucho que decir aún, en un tiempo globalizado, muy parecido al suyo; Pablo que todo lo hizo por el Evangelio, con el ánimo de ser partícipe del mismo (Cfr. 1Cor 9,23). ¡Y que “fatiga” le costó!


Benito D. Spoletini, ssp
desde Argentina

Este es..

... un espacio para peregrinar a través de las Cartas de San Pablo, un lugar para reflexionar, compartir, y disfrutar de La Palabra a través de su gesta como el Apóstol de las Gentes. Una oportunidad más para conocer a Pablo de Tarso, misionar con él y llevar la Palabra de Jesús Resucitado.