Un lugar para caminar con San Pablo... para llevar a Cristo a cada persona en cada paso... un espacio para peregrinar a través de las Cartas de San Pablo, un lugar para reflexionar, compartir, y disfrutar de La Palabra a través de su gesta como el Apóstol de las Gentes. Una oportunidad más para conocer a Pablo de Tarso, misionar con él y llevar la Palabra de Jesús Resucitado.
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miércoles, agosto 5

Mensaje Final de Paulinas para el Año Paulino

Un saludo fraternal desde Paulinas Puerto Rico para todas y todos nuestros hermanos y hermanas del mundo que nos visitan en este espacio, muy especialmente a nuestros hermanos países latinoamericanos.

Hemos concluido juntos un camino hermoso y lleno de frutos durante el pasado Año Paulino 2008-2009. Hemos celebrado el bimilenario del nacimiento del Apóstol de los Gentiles y nuestra piedra angular, luego de Jesús, como ejemplo en la misión. Todos estamos llamado a como Pablo llevar la Palabra con nosotros no solamente en el rincón más profundo de nuestros corazones sino también con cada paso que damos. La Palabra de Dios debe estar siempre contenida, su presencia ha de ser intríncseca o esencial en todo lo que hacemos, decimos, pensamos...

Aunque haya concluído el año jubilar oficial dedicado a San Pablo y declarado por el Papa Benedicto XVI, para nosotros todos los días del año hay una celebración, celebramos la vida que tenemos, y el mensaje de vida que podemos transmitir cada día. Así que desde Paulinas Puerto Rico queremos enviarles un cariñoso saludo y habiendo concluido así el Año Paulino nos sentimos orgullosos de haber establecido con ustedes una relación a distancia, pero asu vez muy íntima y muy cercana como la relación que tenía San Pablo con los destinatarios de cada una de sus cartas, cartas contenidas en la Biblia, cartas llenas de sacrificio, de dolor, de cansancio pero también repletas de esperanzas, de amor y de fe.

Gracias a todos por acompañarnos en este caminar, hemos aprendido muchas cosas y esperamos que ustedes también y que el contenido que tiene este blog, el cual permanecerá abierto para beneficio de todas las personas que nos encontraron un poquito después del cierre del año jubilar, pueda ser disfrutado por muchas más personas alrededor del mundo. Agradecemos todas las colaboraciones, toda la gente linda que nos ha dejado un mensaje o que nos han escrito, tode dos los que han orado por nosotros, a los que nos han deseado lo mejor, a todos los que han sonreído o llorado frente a la pantalla con alguno de nuestras entradas, vídeos o cualquier otro contenido. Para ustedes es nuestro trabajo, porque ustedes son la razón para realizar esta labor, todos juntos continuemos la ruta de San Pablo hacia la evangelización de todo el Pueblo de Dios para Gloria de Jesús Maestro.

¿Quién nos separará del amor de Cristo? - San Pablo


Los invitamos a continuar compartiendo con Paulinas Puerto Rico nuestra presencia en estas nuevas iniciativas en el Ciberespacio.

Ven a TOMARTE UN CAFÉ...

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lunes, junio 15

Evitando un Encuentro con San Pablo (Parte III-Tomando el Toro por los Cuernos)

La Iglesia nos invita a leer la biografía de los santos. Con ello pretende enseñarnos que es posible vivir por el Amor. De esta forma, los santos se convierten en nuestros mejores compañeros cuando decidimos emprender el camino cristiano.

Ahora bien, todo biógrafo corre el riesgo de mutilar la historia personal de cualquier santo. No digo que sea un acto intencional. Se trata de una mutilación que se fundamenta en una buena intención. El resultado final, sin embargo, es inevitable. Porque en el proceso de destacar la vida de un ser humano, por regla general, se comete el error de enfatizar sus aciertos y esconder sus desaciertos. Luis Espinal, por tal razón, oraba a Jesús en sus Oraciones a Quemarropa diciendo: “Nos pareces demasiado adusto en tus santos; te preferimos a Ti, con una cruz caliente de sangre y Amor. … Jesucristo, tal vez nos sobre presunción, pero nos asquean ciertas palabras: ‘perfección’, ‘virtudes’, ‘santidad’. Palabras de autopsia, estructuras que ocultan la vida, Tu vida. Líbranos del riesgo de volverte a desencarnar.”

Me pregunto, por lo tanto, si San Pablo no habrá sido otra víctima de una mutilación biográfica. La respuesta es obvia. Después de todo, Pablo de Tarso era tan humano como nosotros. Un hombre con defectos y virtudes, logros y fracasos, avances y retrocesos. ¿No ocurre lo mismo con San Pedro? Todos conocemos al San Pedro de los Evangelios. Todos sabemos de sus contradicciones y tropiezos. Cuando Jesús lo invita a caminar sobre las aguas, Pedro se hunde. Jesús le llama "hombre de poca fe". Cuando Jesús habla de la misericordia, Pedro intenta limitar el número de veces que hay que perdonar. Jesús le contesta: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Cuando el Maestro lava los pies a sus discípulos, Pedro se niega a participar. A renglón seguido Jesús le dice: "Si no te lavo, no tienes parte conmigo". Cuando Jesús habla del Mandamiento del Amor, Pedro interviene y confiesa a Jesús que estaría dispuesto a dar la vida por él. Jesús le contesta: "¿Que darás tu vida por mí? En verdad te digo: no cantará el gallo antes que tú me hayas negado tres veces". Jesús, sin embargo, llama a Pedro para decirle: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia".

Lo dicho hasta ahora me sirve de preámbulo para entrar a la parte final de la Carta de los Efesios. Allí San Pablo recurre a dos planteamientos que provocan cierto rechazo entre sus lectores.

El primer planteamiento es uno que provoca una sonrisa de satisfacción entre los caballeros de mi parroquia y, al mismo tiempo, dibuja un rostro serio entre las damas. ¿A cuál planteamiento me refiero? Aquel en que San Pablo señala que las mujeres tienen que estar sometidas a sus maridos en todo. (Efesios 5, 24).

Ante este tipo de expresión, se puede recurrir a una evasión del tema alegando que San Pablo nunca escribió esa carta. Luis Alonso Schokel, por ejemplo, señala que los estudiosos de las cartas paulinas han llegado a la conclusión que la misma fue escrita por un discípulo de San Pablo. ¿No es ese señalamiento de Schokel un acto solapado de mutilación en torno a la vida de San Pablo? Es obvio, que San Pablo era hijo de su época y de su raza. Por lo que, no debe extrañarnos su posición en torno a la relación matrimonial. Pienso, sin embargo, que esa postura no lo priva de su grandeza como Apóstol de los Gentiles.

Ahora bien, no debemos pasar por alto el mensaje que San Pablo da a los hombres en el mismo capítulo. Allí San Pablo señala: “Así tienen los maridos que amar a sus mujeres, como a su cuerpo. Quien ama a su mujer se ama a sí; nadie ha odiado nunca su cuerpo, antes lo alimenta y cuida, como Cristo a la Iglesia, ya que somos miembros de su cuerpo. Por eso abandonará el hombre a su padre y su madre, se pegará a su mujer, y serán los dos una sola carne. (Efesios 5, 28-30) En una sociedad en que la violencia doméstica es un problema serio, este texto de San Pablo sugiere un cambio de perspectiva para romper definitivamente con los esquemas machistas.

El segundo planteamiento que hace San Pablo al final de la Carta a los Efesios es en tono a la esclavitud. (Efesios 6, 1-9) Aunque San Pablo no refrenda la esclavitud directamente, pide a los esclavos que obedezcan a sus amos. Es lógico pensar que los primeros discípulos de Jesús no estaban interesados en promover un cambio político radical en las nuevas comunidades cristianas. Esa lógica, sin embargo, no es suficiente para lograr que la figura de San Pablo quede inmaculada. Y, después de todo, no es eso lo que pretendemos con estos ensayos.

El planteamiento en torno a la esclavitud que hace San Pablo nos da una gran lección. Me refiero a que, por momentos, los navegantes de la Barca de la Iglesia pierden el rumbo. Quizás porque no pueden mirar las estrellas. Quizás porque los ha sorprendido una tempestad. ¿Un recordatorio de nuestra pobreza? Y en esos momentos de tormenta y obscuridad aparece el Maestro para calmar la tempestad y fijar nuevamente el rumbo. (CF. Mateo 8, 25-26)

Por lo que al concluir esta Carta a los Efesios veo a San Pablo vestido con la armadura de Dios (Efesios 6, 11) y, al mismo tiempo, me percato de su fibra humana. Es desde esa fibra humana que los santos se hacen santos. Después de todo, Dios, “ha elegido a los débiles del mundo para humillar a los fuertes, los plebeyos y despreciados del mundo ha elegido Dios, a los que nada son, para anular a los que son algo”. (1 Corintios 1, 27-28)

En la próxima ocasión empezaré a revisar la Carta a los Romanos.


Por: Lic. Manuel Izquierdo

Abogado y Colaborador Paulino

lunes, junio 8

Pablo: Su vida y sus comunidades

Evitando un encuentro con San Pablo Parte II

En mi último escrito manifesté que era alérgico al típico discurso teológico. Mi alergia se fundamenta en que muchos teólogos se dedican a escribir obras complejas que, por regla general, evaden las enseñanzas básicas del Evangelio. Mi apreciación en torno a los tratados de teología no es un asunto nuevo. En “La Imitación de Cristo”, por ejemplo, el autor se pregunta: “¿De qué te sirve hablar profundamente acerca de la Trinidad, si por vivir sin humildad desagradas a la misma Trinidad?” Posteriormente añade: “Puedes saber de memoria las doctrinas de todos los sabios. ¿De qué te sirve todo eso si no tiene caridad o no estás en gracia de Dios? (Libro Primero, Capítulo Primero, núm. 3)



Al leer las Cartas de San Pablo me encuentro, por un lado, con algunas manifestaciones teológicas que no escapan de lo trivial. Por otro lado, me encuentro con que San Pablo nunca olvida en sus cartas el eje de la vida cristiana. Me refiero al nuevo mandamiento dado por Jesús a sus discípulos en la Última Cena: “Los exhorto a que se amen unos a otros como yo les he amado…. En eso conocerán todos que son mis discípulos, en que se aman unos a otros.” (Evangelio según San Juan, 13, 34-35) Quizás por esta razón, empieza sus epístolas declarando: “De Pablo, … discípulo del Mesías Jesús….”. (Ver por ejemplo: Efesios 1, 1)



Al continuar el escrutinio de la Carta a los Efesios no es difícil encontrar expresiones del “Apóstol de los Gentiles” invitando a vivir por el Amor. Por ejemplo, me detengo en un texto en que San Pablo exhorta a todos “…a proceder … con toda humildad y modestia, con paciencia, soportándose unos a otros con Amor, esforzándose por mantener la unidad del espíritu con el vínculo de la paz.” (Efesios 4, 1-3) Para San Pablo, por lo tanto, ser cristiano no es asunto de llevar crucifijos colgados al cuello, llevar una Biblia en la mano, o llevar un pegadizo en el cristal trasero del vehículo de motor que informa nuestras creencias. Ser cristiano para San Pablo es vivir de una manera diferente. Y esa diferencia la hace el Amor. Porque, después de todo, la fuerza del Evangelio de Cristo radica en que se nos revela que el ser humano por el Amor tiene la capacidad de vivir al cien por ciento (100%).



Si vivimos sin Amor somos como “…niños, juguete de las olas, zarandeados por cualquier ventolera de doctrina, por el engaño de la astucia humana, por los trucos del error.” Por lo que San Pablo nos invita a vivir “…con la sinceridad del Amor, [para crecer] hasta alcanzar del todo al que es la cabeza, a Cristo. Gracias a Él, el cuerpo entero, trabado y unido por la presentación de las junturas y por el ejercicio propio de la función de cada miembro, va creciendo y construyéndose con el Amor.” (Efesios 4, 14-16) Y en ese momento, comenzamos a despojarnos del “hombre viejo” y nos revestimos del “hombre nuevo creado a imagen de Dios”. (Efesios 4, 22-24).



En todo esto hay otra enseñanza. Me refiero a que San Pablo enfatiza que el Amor no puede vivirse en soledad. ¿Cómo podemos hablar de comunidad cristiana si cada cual vive preso del individualismo? Por eso, San Pablo enfatiza que “…desechando la mentira, hablen con verdad cada cual con su prójimo, pues somos miembros los unos de los otros. Si se irritan, no pequen; no se ponga el sol mientras dura su ira, ni cedan ante las tentaciones. El que robaba, que ya no robe, sino que trabaje con sus manos, haciendo algo útil para que pueda socorrer al que tiene necesidad. No salga de sus bocas palabra ofensiva, sino una palabra buena que edifique a quien la necesite y agrade al que la escucha. … Alejen de ustedes toda amargura, pasión, cólera, gritos, insultos y cualquier tipo de maldad. Sean amables y compasivos unos con otros. Perdonen, como Dios los perdón, en atención a Cristo. (Efesios 4, 25-32)



Este reencuentro con San Pablo, que he querido evadir por tanto tiempo, se me está convirtiendo en un regreso a la esencia del cristianismo. Por lo que al releer esta Carta a los Efesios recuerdo una historia de Tony De Mello que refleja las enseñanzas de San Pablo aquí expuestas. En la historia se relata que un turista visitó cierto país. En el taxi, camino al hotel, se percató que en aquella ciudad habían muchos templos (católicos, metodistas, evangélicos, adventistas). Por lo que comentó al taxista: “Los habitantes de este país deben ser muy religiosos”. Ante ese comentario el taxista contestó: “No sé si son muy religiosos….pero me consta de que se odian los unos a los otros.” En otras palabras, el cristianismo sin Amor es otro movimiento religioso.



Será hasta la próxima.


Autor: Lic. Manuel Izquierdo

miércoles, mayo 27

Las Perlas de San Pablo : Sufrimiento y Consuelo de Dios

Sufrimiento y consuelo de Dios

Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de las misericordias y Dios de todo consuelo, que nos reconforta en todas nuestras tribulaciones, para que nosotros podamos dar a los que sufren el mismo consuelo que recibimos de Dios.

Porque así como participamos abundantemente de los sufrimientos de Cristo, también por medio de Cristo abunda nuestro consuelo. Si sufrimos, es para consuelo y salvación de ustedes; si somos consolados, también es para consuelo de ustedes... (2Corintios 1,3-6).

Reflexión: Pablo pasó por toda clase de sufrimientos: persecuciones, rechazos, cárcel; y los vivió como participación a los padecimientos de Cristo, y por eso fue consolado por Dios, y está capacitado para consolar a quienes están probado por el dolor.

Consigna:Ante tanto dolor que hay en el mundo,más que dar consejos a los enfermos, ayudarlos, con amabilidad, a non “desperdiciar” el dolor, sino a darle sentido canalizándolo a las grandes necesidades del mundo: la paz, los pobres, la concordia, las vocaciones, el trabajo…

Con los saludos y las oraciones del P. Benito

Divúlgalo entre tus amistades

lunes, mayo 18

Pablo nos enseña a mantener abierta la herida del corazón

En el camino a Damasco, me parece que san Pablo descubre una orientación nueva en su vida espiritual. El, en aquel momento, ya sabe hasta donde ha sido capaz de llegar llevado por el celo de su religiosidad: hasta la persecución, el odio y la muerte… Esta triste realidad se le hace evidente ante la presencia amorosa del crucificado. Efectivamente, Pablo se descubre en su odio, mirado con un inmenso Amor, con un Amor salvífico. Muchos años después nos describirá su nueva experiencia vital al escribir su himno a la caridad (1Cor 13). Aquel encuentro con el resucitado, aquella presencia amorosa le indicará a Pablo el camino que ha de seguir: la prioridad de la Caridad. Pablo dirá: Tened en vosotros los mismos sentimientos que tuvo Cristo… Y también: Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí (Gal 2,20). Una última cosa. ¿Cómo llegó el Apóstol hasta esta identificación con Cristo? Este hombre orgulloso y fanático ¿qué camino siguió para alcanzar la santidad? Veamos.

Pablo fue un cruel perseguidor de la Iglesia: “Yo me sentía obligado a combatir con todos los medios el nombre de Jesús Nazareno. Así lo hice en Jerusalén… Yo mismo encerré a muchos santos en las cárceles; y cuando se les condenaba a muerte, yo contribuía con mi voto. Frecuentemente recorría todas las sinagogas y a fuerza de castigos les obligaba a blasfemar y, rebosando furor contra ellos, los perseguía hasta en las ciudades extranjeras” (Act 26,9-11). Sin embargo, llama la atención el hecho de contar tan repetidamente este pasado que tanto parece herirle. Es como si intencionadamente no quisiera que se le cerrara esa herida que le humilla y le duele tanto… De este modo Pablo llenaba su oración personal de afectos de dolor y pena: la tristeza según Dios produce firme arrepentimiento para la salvación (2Cor 7,10). Pablo parece preguntarse ¿por qué permitió el Señor este comportamiento mío? Y él parece responder que el Señor lo permitió para que pudiera recorrer el camino que va del orgullo y la soberbia a la humildad del corazón herido. Muchas veces, Dios Padre, hiere el corazón profundamente como hizo con su Hijo. Y solo entonces, la oración se hace más humilde y afectuosa, más desde el corazón. Dicen los místicos que el Corazón de Jesús fue abierto para que el Amor divino pudiera derramarse sobre nosotros y para que a través de esa santa herida tuviéramos acceso a Dios. Y que sólo podremos recibir esa efusión de Amor, si nuestro propio corazón se abre también por una herida. Solo entonces habrá un auténtico intercambio de amor que es el único fin de la vida de oración; entonces llega a ser lo que debe: ¡un corazón en otro Corazón!

(continuará)

Autor: Pbro. Rafael Sanz Carrera


Las Perlas de San Pablo; La Alegría, fuente de paz y esperanza.

Vitaminas del Año paulino- 5

La alegría fuente de paz e de esperanza

Alégrense siempre en el Señor. Vuelvo a insistir, alégrense.Que la bondad de ustedes sea conocida por todos los hombres. El Señor está cerca.No se angustien por nada, y en cualquier circunstancia, recurran a la oración y a la súplica, acompañadas de acción de gracias, para presentar sus peticiones a Dios. Entonces la paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, tomará bajo su cuidado los corazones y los pensamientos de ustedes en Cristo Jesús.(Filipenses 4,47)

Reflexión:Pablo utiliza 131 veces el término alegría”,en sus cartas. Es para él, el segundo fruto del Espíritu Santo(Gál 5,22); y Pablo es un modelo de alegría, que, incluso en las tribulaciones, se siente animado Y lleno de alegría (1Cor 7,4), porque sabe que está con el Señor.

Consigna:Como cristiano quiero ser portador de paz, alegría y esperanza. El mundo de hoy lo necesita.

Con los saludos y oraciones del P.Benito

Divúlgalo entre tus amistades

lunes, mayo 4

San Pablo, Maestro de Oración por Rafael Sanz Carrera











“Todo eso que para mi era ganancia, lo tuve por pérdida comparado con el Mesías; más aún, cualquier cosa tengo por pérdida al lado de lo grande que es haber conocido personalmente al Mesías Jesús mi Señor”
(Flp 3, 7-8).

Para Pablo, en aquel encuentro con el Resucitado camino de Damasco, hubo algo que cambió ya para siempre su modo de relacionarse con Dios ¿Qué fue “eso” que percibió con gran claridad en su encuentro personal con Jesús de Nazaret? Fue, sin duda, una clara percepción de que en realidad todo es don, Gracia. Todo eso por lo que él había luchado, todo aquello que él había intentado cumplir de un modo, si se quiere decir así: técnico. Todo aquello en lo que el había puesto todo su empeño, aquel anhelo de santidad en el que había puesto todas sus fuerzas… Ahora sabe, con una luminosa claridad, que la prioridad radical de todo aquello es de Dios… Sí, todo es don.

Pero, si es un don, lo importante serán las disposiciones que nos permitan recibir dicho don. Efectivamente, a la hora de recibir no podemos ir con los puños cerrados, a fuerza de voluntad o exigiendo algo. Al contrario, si se trata de un don, habrá que abrir la mano y saber pedir con las disposiciones adecuadas para que se nos conceda… Pero ¿qué disposiciones? Veamos.

Si la primacía esencial está en Él, entonces la primera disposición es la fe en Él: he de confiar en Él. Pablo vive de y en esa fe: “Yo vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Flp 1,21). Entonces, en mi relación con Dios ¿qué hacer con mis estados de ánimo o desánimo? ¿Y con mis miserias…? ¿Desanimarme? No. Confiar en sus promesas: Cuando ores entra en tu habitación y tu Padre que ve en lo escondido te escuchará… Al que viene a Mí no lo echaré fuera… Y si me encuentro sin frutos, estéril, o dormido… ¿Abandonar? No. Hacer un profundo acto de fe en que sus promesas se cumplirán: Pedid y se os dará, buscad y hallareis, llamad y se os abrirá, porque el que pide recibe, el que busca encuentra y al que llama se le abre… Como la fe de Abraham que: “esperando contra toda esperanza, creyó… y respecto a la promesa de Dios, Abraham no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios… con el pleno convencimiento de que poderoso es Dios para cumplir lo prometido” (Rom 4,18.20-21).

(continuará)

Autor: Rafael Sanz
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Pastoral Universitaria de Palencia

viernes, abril 24

Las Perlas de San Pablo

Explicación del nuevo programa:


Aprovechando el “Año Paulino” fuimos presentando el programa - “Con san Pablo a Cristo”-, alcanzando a publicar sólo 17 de las más bellas páginas de san Pablo, sobre 50 seleccionadas. En la imposibilidad de retomar el programa, he pensado continuarlo en forma más simple, con la que yo llamo las “perlas” de san Pablo, a manera de vitaminas para nuestra vida espiritual. Confío que nuestros cibernáutas, sabrán aprovecharlas. Desde ya gracias.



Cualquier observación será bienvenida. Gracias.

“La prueba que Dios nos ama es que Cristo murió por nosotros cuando todavía éramos pecadores” (Rom 5,8).





“Reflexión. “En el hecho de la muerte de Cristo para nosotros, acontecida cuando todavía éramos pecadores, hallamos una prueba tangible del amor de Dios hacia nosotros, un amor cuya medida es dada por el empeño puesto por Dios en nuestra salvación”.(trad. Nuovo Testamento, Tomo II, EP,Roma,1977, P.487, Nota 8).

Consigna: El amor se paga con el amor.

Con los saludos y las oraciones del p. Benito, ssp

lunes, abril 20

BENEDICTO XVI - AUDIENCIA GENERAL - 15 de abril 2009

Queridos hermanos y hermanas:

La tradicional audiencia general de los miércoles hoy está impregnada de gozo espiritual, el gozo que ningún sufrimiento ni pena pueden borrar, porque es un gozo que brota de la certeza de que Cristo, con su muerte y su resurrección, ha triunfado definitivamente sobre el mal y sobre la muerte. "¡Cristo ha resucitado, aleluya!", canta la Iglesia en fiesta. Y este clima festivo, estos sentimientos típicos de la Pascua, no sólo se prolongan durante esta semana, la octava de Pascua, sino que se extienden también a lo largo de los cincuenta días que van hasta Pentecostés. Más aún, podemos decir que el misterio de la Pascua abarca todo el arco de nuestra existencia.

En este tiempo litúrgico son realmente numerosas las referencias bíblicas y los estímulos a la meditación que se nos ofrecen para profundizar el significado y el valor de la Pascua. El via crucis, que en el Triduo sacro recorrimos con Jesús hasta el Calvario reviviendo su dolorosa pasión, en la solemne Vigilia pascual se transformó en el consolador via lucis. Podemos decir que todo este camino de sufrimiento, visto desde la resurrección, es camino de luz y de renacimiento espiritual, de paz interior y de firme esperanza. Después del llanto, después del desconcierto del Viernes santo, al que siguió el silencio lleno de espera del Sábado santo, al alba del "primer día después del sábado" resonó con vigor el anuncio de la Vida que ha derrotado a la muerte: "Dux vitae mortuus regnat vivus", "El Señor de la vida había muerto, pero ahora, vivo, triunfa".

La novedad conmovedora de la resurrección es tan importante que la Iglesia no cesa de proclamarla, prolongando su recuerdo especialmente cada domingo. En efecto, cada domingo es "día del Señor" y Pascua semanal del pueblo de Dios. Nuestros hermanos orientales, con el fin de evidenciar este misterio de salvación que afecta a nuestra vida diaria, en lengua rusa llaman al domingo "día de la resurrección" (voskrescénje).

Así pues, para nuestra fe y para nuestro testimonio cristiano es fundamental proclamar la resurrección de Jesús de Nazaret como acontecimiento real, histórico, atestiguado por muchos y autorizados testigos. Lo afirmamos con fuerza porque, también en nuestro tiempo, no falta quien trata de negar su historicidad reduciendo el relato evangélico a un mito, a una "visión" de los Apóstoles, retomando o presentando antiguas teorías, ya desgastadas, como nuevas y científicas.

Ciertamente, la resurrección no fue para Jesús un simple retorno a la vida anterior, pues en ese caso se trataría de algo del pasado: hace dos mil años uno resucitó, volvió a su vida anterior, como por ejemplo Lázaro. La Resurrección se sitúa en otra dimensión: es el paso a una dimensión de vida profundamente nueva, que nos toca también a nosotros, que afecta a toda la familia humana, a la historia y al universo.

Este acontecimiento, que introdujo una nueva dimensión de vida, una apertura de nuestro mundo hacia la vida eterna, cambió la existencia de los testigos oculares, como lo demuestran los relatos evangélicos y los demás escritos del Nuevo Testamento. Es un anuncio que generaciones enteras de hombres y mujeres a lo largo de los siglos han acogido con fe y han testimoniado a menudo al precio de su sangre, sabiendo que precisamente así entraban en esta nueva dimensión de la vida.

También este año, en Pascua resuena inmutable y siempre nueva, en todos los rincones de la tierra, esta buena nueva: Jesús, muerto en la cruz, ha resucitado y vive glorioso, porque ha derrotado el poder de la muerte, ha introducido al ser humano en una nueva comunión de vida con Dios y en Dios. Esta es la victoria de la Pascua, nuestra salvación. Así pues, podemos cantar con san Agustín: "La resurrección de Cristo es nuestra esperanza", porque nos introduce en un nuevo futuro.

Es verdad: la resurrección de Jesús funda nuestra firme esperanza e ilumina toda nuestra peregrinación terrena, incluido el enigma humano del dolor y de la muerte. La fe en Cristo crucificado y resucitado es el corazón de todo el mensaje evangélico, el núcleo central de nuestro "Credo". En un conocido pasaje paulino, contenido en la primera carta a los Corintios (1 Co 15, 3-8), podemos encontrar una expresión autorizada de ese "Credo" esencial. En él, el Apóstol, para responder a algunos miembros de la comunidad de Corinto que paradójicamente proclamaban la resurrección de Jesús pero negaban la de los muertos —nuestra esperanza—, transmite fielmente lo que él, Pablo, había recibido de la primera comunidad apostólica sobre la muerte y la resurrección del Señor.

Comienza con una afirmación casi perentoria: "Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os prediqué, que habéis recibido y en el cual permanecéis firmes, por el cual también sois salvados, si lo guardáis tal como os lo prediqué. Si no, habríais creído en vano" (vv. 1-2). Inmediatamente añade que ha transmitido lo que él mismo había recibido. Y a continuación viene el pasaje que hemos escuchado al inicio de nuestro encuentro. San Pablo presenta ante todo la muerte de Jesús y, en un texto tan escueto, pone dos añadiduras a la noticia de que "Cristo murió": la primera: murió "por nuestros pecados"; la segunda: "según las Escrituras" (v. 3). La expresión "según las Escrituras" pone el acontecimiento de la muerte del Señor en relación con la historia de la alianza veterotestamentaria de Dios con su pueblo, y nos hace comprender que la muerte del Hijo de Dios pertenece al entramado de la historia de la salvación; más aún, nos hace comprender que esa historia recibe de ella su lógica y su verdadero significado.

Hasta ese momento la muerte de Cristo había permanecido casi como un enigma, cuyo éxito era aún incierto. En el misterio pascual se cumplen las palabras de la Escritura, o sea, esta muerte realizada "según las Escrituras" es un acontecimiento que contiene en sí un logos, una lógica: la muerte de Cristo atestigua que la Palabra de Dios se hizo "carne", "historia" humana, hasta el fondo. Cómo y por qué sucedió eso se comprende gracias a la otra añadidura que san Pablo hace: Cristo murió "por nuestros pecados". Con estas palabras el texto paulino parece retomar la profecía de Isaías contenida en el cuarto canto del Siervo de Dios (cf. Is 53, 12). El Siervo de Dios —así dice el canto— "indefenso se entregó a la muerte", llevó "el pecado de muchos", e intercediendo por los "rebeldes" pudo obtener el don de la reconciliación de los hombres entre sí y de los hombres con Dios: su muerte es, por tanto, una muerte que pone fin a la muerte; el camino de la cruz lleva a la Resurrección.

En los versículos que siguen el Apóstol se refiere a la resurrección del Señor. Dice que Cristo "resucitó al tercer día según las Escrituras". ¡De nuevo "según las Escrituras"! No pocos exegetas ven en la expresión "resucitó al tercer día según las Escrituras" una alusión significativa a lo que se lee en el Salmo 16, donde el Salmista proclama: "No me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción" (v. 10). Este es uno de los textos del Antiguo Testamento que, en el cristianismo primitivo, se solía citar a menudo para probar el carácter mesiánico de Jesús. Dado que según la interpretación judía la corrupción comenzaba después del tercer día, las palabras de la Escritura se cumplen en Jesús, que resucita al tercer día, es decir, antes de que comience la corrupción.

San Pablo, transmitiendo fielmente la enseñanza de los Apóstoles, subraya que la victoria de Cristo sobre la muerte se produce por el poder creador de la Palabra de Dios. Este poder divino trae esperanza y alegría: este es, en definitiva, el contenido liberador de la revelación pascual. En la Pascua Dios se revela a sí mismo y revela el poder del amor trinitario que aniquila las fuerzas destructoras del mal y de la muerte.

Queridos hermanos y hermanas, dejémonos iluminar por el esplendor del Señor resucitado. Acojámoslo con fe y adhirámonos generosamente a su Evangelio, como hicieron los testigos privilegiados de su resurrección; como hizo, algunos años después, san Pablo, que se encontró con el divino Maestro de un modo extraordinario en el camino de Damasco. No podemos tener sólo para nosotros el anuncio de esta Verdad que cambia la vida de todos. Con humilde confianza oremos: "Oh Jesús, que resucitando de entre los muertos has anticipado nuestra resurrección, nosotros creemos en ti".

Me complace concluir con una exclamación que solía repetir Silvano del Monte Athos: "Alégrate, alma mía. Siempre es Pascua, porque Cristo resucitado es nuestra resurrección". Que la Virgen María nos ayude a cultivar en nosotros, y en nuestro entorno, este clima de alegría pascual, para ser testigos del Amor divino en todas las situaciones de nuestra vida.

Una vez más, ¡feliz Pascua a todos!

lunes, abril 6

Meditación sobre Pablo (Última Parte) Conclusión


Conclusión

Pablo es el santo más humilde del mundo, pues sabe rectificar delante de todos, sabe pedir perdón y liderar desde la entrega, porque tiene autoridad cuando es necesario y llora como un niño cuando se emociona. Porque es transparente y no se esconde. Porque es tierno y firme a la vez y sobrevive a tempestades y naufragios, pero sufre como un niño cuando un amigo le falla. Pablo nos muestra tanto su debilidad como su entrega, su intolerancia primera con los cristianos como su aceptación del martirio en el momento en que Dios se lo pide.

De nuevo, aprovechemos este tiempo que nos ofrece la Iglesia de reflexión a través de la cuaresma. Para que, como pueblo de Dios, se nos caigan las escamas de nuestros ojos, se rompan los velos de todo lo que no está según la voluntad de Dios y sea ésta la nuestra. Que como María podamos decir: …hágase en mí según tu palabra…

A Pablo lo decapitan, pero murió con la cabeza bien en alto, salvando su dignidad de ser humano, ciudadano romano, judío, cristiano e hijo de Dios.

Hay muchos caminos. Todos están en la tierra. Y de Dios es la tierra y cuanto hay en ella. El camino de Saulo fue el de Damasco, persiguiendo a los cristianos. El nuestro… a saber Dios…tenemos que descubrirlo…


Autora: Maité M. Rodríguez

Colaboradora Paulina en Puerto Rico


¡Anímate, háblanos de San Pablo!

lunes, marzo 30

Meditación sobre Pablo (Segunda Parte) : ¿Qué le pasó camino a Damasco?



Cuando Saulo sale de Jerusalén camino de Damasco a perseguir a los cristianos con cartas del sumo sacerdote, al acercarse a Damasco de repente lo envuelve el resplandor de una luz del cielo. Cae al suelo y oye una voz que le dice:

Saulo, Saulo porqué Me persigues.

El responde

¿Quién eres Señor?

Y le contestan

Yo soy Jesús, a quién tú persigues. Levántate, entra en la ciudad y se te dirá qué hacer.

Los hombres que andaban con él escuchan la voz pero no ven nada: de la misma manera que los que están a nuestro alrededor se pueden dar cuenta de algo en nuestras vidas. Saulo se levanta del suelo, y teniendo los ojos abiertos no ve nada. Es llevado de la mano a Damasco y está tres días sin vista y sin comer y beber. (Ver Hc 9,1-9)

Mientras tanto en Damasco, Ananías recibe un llamado del Señor a ir a un lugar preciso en busca de un hombre de Tarso, llamado Saulo, que estaba orando. Ananías le dice al Señor que como lo manda a ir a la cueva del lobo donde un hombre, que había estado persiguiendo a: “tus santos de Jerusalén”. El Señor le revela el que Saulo es un “instrumento elegido” para llevar su mensaje a un pueblo en específico: a los gentiles.

Saulo a la vez recibe una visión de que un hombre llamado Ananías entra en la casa, le impone las manos, para recobrar la vista. (Ver Mc 8:23-25)

Cuando Ananías llega le dice:

    “Me envía el Señor Jesús, el que se te apareció en el camino por donde venia para que recobres la vista y te llenes del Espíritu Santo.”

Inmediatamente caen de sus ojos unas especies de escamas, recobra la vista; se levanta y es bautizado, recuperando las fuerzas.

Su historia y la mía

Conocimiento de la ley

Nosotros hoy día tenemos conocimiento de la ley de Dios. Y conocemos lo que Jesús nos ha dejado como modelo de vida a través de los evangelios. Con todo y esto, debido a nuestra condición humana, transgredimos de palabra, obra y omisión. Esto no es una justificación sino una realidad. De la misma manera que somos hijos de Dios por adopción y estamos llamados a la santidad, como nos llama el Concilio Vaticano II en la Constitución Dogmatica Lumen gentium, sobre la Iglesia, #39, citando a Pablo en 1Tes 4,3: cf. Ef 1,4. Y el contestar a ese llamado

de nuestro Padre es una vocación continua, que se renueva cada día.

Creencias

Tenemos unas creencias que hemos aprendido a través de las enseñanzas de las escrituras, heredadas y modeladas por nuestros padres. Posiblemente los aquí reunidos sean de la primera generación la cual sufre directamente los efectos de padres que se han separado, luego de la aprobación del divorcio en Puerto Rico durante la segunda mitad del siglo XX. Hoy día, un gran número de jóvenes vienen de familias disfuncionales o con grandes carencias en muchos aspectos de sus vidas. Familias en las cuales el padre está ausente y la madre está trabajando sin poder atender como quisiera a sus hijos. El modelo presentado por Dios en el Génesis no es modelado en el seno de la familia promedio. (Ver Gn 1,27-28; 2,18-25) Y no es que quiera generalizar, pero es lo que las estadísticas nos dicen. Lo que antes era correcto ya no lo es

. Nuestras creencias han dado un giro de 180 grados. Siendo hoy correcto o aceptable lo que hace 50 años era visto como incorrecto o inmoral. Tratando de ser “políticamente correcto” lo que no está de acuerdo al plan de Dios. Y en este ambiente es que nuestra juventud se está criando. Las enseñanzas no han cambiado, pero ha habido una pérdida de valores en nuestra sociedad que ha tocado todos los niveles: algo parecido a lo que Pablo enfrentó en su tiempo.

Búsqueda

Pero de la misma forma el hombre y la mujer tienen un hambre en su corazón de búsqueda de la verdad al igual que Pablo. Hoy día su ejemplo nos llama a buscar el fundamento de la verdad en la Palabra de Dios. Para tener un norte seguro que nos guíe a seguir la voluntad de Dios para nuestras vidas.

Encuentro

En el momento que ocurre este encuentro, que ocurre en el instante menos esperado de nuestras vidas, comienza una catarsis en mi vida, como ocurrió con Pablo a través del testimonio de Esteban…cambios que permiten cuestionarme mis creencias.

Caída

Se rompe en ese momento un paradigma en mi vida.

Ceguera

En ese momento paso por un proceso en el cual no veo claro el camino a seguir. Puede que no sepa cómo levantarme, que me sienta que no tengo alguien que me ayude a llegar a Damasco. Pero siempre habrá alguien que me ayude. Cumpliéndose la promesa de Jesús de que estará con nosotros

hasta el fin de los tiempos. Utilizando a hermanos en la fe, parientes, amigos, en ese caminar por la vida a llegar a Damasco como lo hicieron con Pablo. Y volveremos a ver, recibiendo la luz y al Espíritu Santo que nos ilumina. No significa que llegamos a la meta… ya habrá otros Damascos que recorrer. Recobraremos fuerzas y continuaremos el camino.

Conversión

Estas vivencias nos han llevado a un proceso de conversión que se realiza en la vida cotidiana, mediante: gestos de reconciliación, de atención a los pobres, de ejercicio y defensa de la justicia y el derecho, mediante el reconocimiento de nuestras faltas ante los hermanos, la corrección fraterna, la revisión de vida, el examen de conciencia, la dirección espiritual, la aceptación de los sufrimientos. (Cfr. Código de Derecho Canónico, c.1435) Y, yo añadiría el sacramento de la Reconciliación, que se encuentra lamentablemente en desuso. A través de este sacramento, tan incomprendido en nuestros días, se nos ofrece sanidad y paz a nuestra alma. Aprovechemos un tiempo fuerte como la Cuaresma para acercarnos a este sacramento de sanación interior.

Autora: Maité M. Rodríguez
Colaboradora Paulina en Puerto Rico

lunes, febrero 23

La espiritualidad desde la Perspectiva Paulina (Parte 1)


La espiritualidad cristiana es la experiencia viva de la fe cristiana por la fuerza del Espíritu; es la dimensión en virtud de la cual, la persona es capaz de una relación trascendental con Dios. Vivir de acuerdo al Espíritu es disfrutar la vida y la paz. Toda persona, por lo tanto, es capaz de vivir la espiritualidad ya que es un ser espiritual creado a imagen y semejanza de Dios

Ser espiritual es vivir de acuerdo al conocimiento que Dios está presente como el principio de transformación personal, interpersonal, social y cósmico. Estar abiertos al Espíritu es aceptar quienes somos, quienes estamos llamados a ser y dirigir nuestras vidas a responder a la gracia de Dios en nosotros. La espiritualidad cristiana tiene que ver con nuestra manera de ser cristianos, como respuesta al llamado de Dios realizado por Jesús, por la fuerza del Espíritu.


La espiritualidad cristiana es Trinitaria, está arraigada en el Dios Trino; cristológica, centrada en Jesús el Cristo; eclesiológica, situada en al Iglesia; peumatológica, responsiva al Espíritu Santo; y escatológica, orientada hacia la llegada del Reino de Dios con toda su plenitud al final de los tiempos.

La espiritualidad cristiana es también visionaria, porque ve de una manera nueva la realidad que le rodea; sacramental, ya que la realidad creadora que le rodea está llena de la presencia oculta de Dios; relacional, porque somos seres en relación con Dios, con nosotros mismos, con el prójimo, con el mundo y con el cosmos; transformativa, porque nos pone en contacto con el Espíritu que sana, reconcilia, renueva, da vida, confiere paz, sostiene la esperanza, crea unidad.


Las dimensiones esenciales de toda espiritualidad son: el camino hacia el interior, el camino a lo trascendente, y el camino hacia los otros. El camino hacia el interior es fruto de la tendencia elemental de orientar todo hacia ese punto absoluto del espíritu en la persona. Es descubrir el Dios que habita en mi interior. El camino a lo trascendente supone la relación con el Misterio, con el Dios que nos habla y nos salva. Es importante para la espiritualidad cristiana sacar su fuerza vital de la acción salvífica de Dios en Jesucristo, presente en la Iglesia y transmitida por su palabra y los sacramentos. El camino hacia los otros es esencial en la espiritualidad cristiana, pues es el mandato recibido de amar al prójimo. Que nos invita al compromiso con los demás, con la sociedad, para transformarla en una más justa y practicar la justicia con los menos afortunados. La espiritualidad cristiana es espiritualidad del amor gratuito; es la integración de toda la persona desde la fe, la esperanza y el amor.


Podemos señalar que las características de la espiritualidad cristiana son: una espiritualidad


· Integradora de la persona

· Que sea experiencia personal de la fe, encuentro de comunión con Dios

· Vivida en el Espíritu

· Que se desarrolla contando con la vida cotidiana y con el mundo

· De diálogo, es decir abierta al modo de hablar de Dios que supone una llamada a la escucha

· Fraterna y apostólica es decir misionera

· Eclesial

· Que entraña la relación con el Dios Trino

· Pascual, que afronte la cruz


Vivir la espiritualidad cristiana supone participar de la Pascua del Señor, ser en él criatura nueva y vivir la nueva relación de hijos en el Hijo. Se trata de una realidad a la que se accede desde el don de la fe, que nos abre al misterio de la Trinidad, y desde el amor de Dios, nos introduce en la intimidad de su vida. No se puede vivir una espiritualidad sino se vive en Cristo, si no nos adentramos en el corazón del Padre y del Hijo con la ayuda del Espíritu.


Por: Irma Hernández Torres, D.Min., Ph.D .

Presidenta del Instituto Teológico Internacional de Puerto Rico (ITIPRI)



(Continuará)


lunes, febrero 2

EL HIMNO AL AMOR


Una vez alcanzada la cima gloriosa, Pablo se siente embargado de admiración y llena plenamente sus pulmones con la brisa embriagadora del más allá. Canta su esperanza. Grita el amor de Dios. Desafía los obstáculos e invita a las potencias enemigas a ver si son capaces de arrancarla de ese amor. Himno desconcertante que nos ofrece la última palabra de la fe de Pablo. ¿Qué es un cristiano? ¿De qué sirve la fe? Todo está aquí. Nos sentimos invitados a ser los testigos privilegiados de una trascendencia de amor manifestada por el Padre en el Hijo con el Espíritu. Los testigos y los agraciados. “Si Dios está a favor nuestro, ¿quién podrá estar en contra? Aquel que no escatimó a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo es posible que él no nos lo regale todo?” (Rom. 8, 31-12).
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“¿Quién podr
á privarnos de ese amor del mesías?” (Rom. 8, 35). Pablo enumera siete posibles obstáculos: las dificultades, las angustias, las persecuciones, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada. A lo largo de toda su vida, los seis primeros fueron compañeros asiduos de sus correrías misioneras. En cuanto a la espada, lo consagrará mártir de Cristo diez años más tarde, en aquella ciudad de Roma a la que dirige su manifiesto. ¡Qué reto tan admirable a todas las potencias coaligadas del universo! No hay nada que logre romper el amor. Es cierto que siempre le queda al hombre esa posibilidad trágica de rechazar el amor, pero Pablo, aquí como anteriormente (Rom. 8, 22-30), se sitúa en el punto de vista exclusivo de Dios. “Ninguna criatura podrá privarnos de ese amor de Dios, presente en el mesías Jesús, señor nuestro” (Rom. 8, 39).
.
De esta forma, tanto al comienzo como al final de la carta de Pablo
se inscribe un nombre que pertenece a la historia: Jesús, que tiene la función de ser el mesías, el Cristo, el enviado del Padre, y que por la resurrección ha sido establecido señor nuestro. Si las tres personas divinas no dejan de ser el objeto de la experiencia cristiana vivida por san Pablo, vemos cómo Cristo resucitado es el que ilumina con el esplendor de su gloria todas las etapas de la historia de la salvación, desde la creación hasta la glorificación universal. Para Pablo, fiel al realismo de sus maestros palestinos, lo mismo que para toda la iglesia primitiva, Jesús resucitado recibió un “cuerpo espiritual”, no solamente en un sentido relacional que lo pondría en contacto con el universo, sino también en un sentido físico, en cuanto que los elementos materiales son sublimados por el Espíritu.
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La salvación no consiste solamente en el encuentro con Cristo por la fe, sino también en la transfiguración de todo lo que Dios ha creado para su gloria en el amor.

. Amédée Brunot
Los escritos de san Pablo
Cartas a las jóvenes comunidades

Editorial Verbo Divino

Tomado de: http://www.sanpablohoy.com/2008/10/el-himno-al-amor-rom-8-31-39.html

lunes, enero 26

LA CONVERSIÓN DE PABLO


Pablo, llamado Saulo en el uso y rigor judío, afirmaba con vehemencia que el Evangelio que predicaba no lo había aprendido o recibido de los hombres.

Perteneció a la casta de los fariseos. Había nacido en Tarso, ciudad que pertenecía al mundo grecorromano; quien nacía allí tenía la categoría de ciudadano romano y lo era tanto como el centurión, el procurador, el tribuno o magistrado. Necesariamente, por ser judío no le cupo más suerte en la niñez que andar disimulando su condición entre los demás del pueblo, ocultando su creencia, tenida como superstición por los paganos romanos. Es posible que esto le fuera encendiendo por dentro y le afirmara aún más en su fe, cuando iba creciendo en edad y tenía que defenderse marchando contra corriente.

Era más bien bajo, de espaldas anchas y cojeaba algo. Fuerte y macizo como un tronco. Un rictus tenía que le hacía fanático. Conocía los manuscritos viejos escritos con signos que a los griegos y a los romanos les parecían garabatos ininteligibles, pero que encerraban toda la sabiduría y la razón de ser de un pueblo. Listo como un sabio en las escuelas griegas de Tarso, familiarizado con los poetas y filósofos que habían pasado el tiempo escribiendo en tablillas o pensando. Para los griegos solo era un hebreo, miembro de aquellas familias que vivían en un islote social, aislado entre misterios inaccesibles a los de otra raza, uno de los que tenían prohibido el acceso a las clases cultas y dirigentes; era de esos que se hacían despreciables por su puritanismo, por sus rarezas ante los alimentos, su modo de divertirse, de casarse, de entender la vida, de no asistir a los templos ¡un ambiente nada claro!

A los dieciocho años se fue a Jerusalén para aprender cosas del judío verdadero, las de la Ley patria, la razón de las costumbres; ansiaba profundizar en la historia del pueblo y en su culto. Gamaliel lo informó bien por unos cuartos. Aprendió las cosas yendo a la raíz, no como las decía la gente poco culta del pueblo sencillo y llano. Supo más y mejor del poder del Dios único; aprendió a darle honra y alabanza en el mayor de los respetos y malamente soportaba con su pueblo el presente dominio del imponente invasor. Esto le ponía furioso. Los profetas daban pistas para un resurgimiento y los salmos cantaban la victoria de Dios sobre otros pueblos y culturas muy importantes que en otro tiempo subyugaron a los judíos y ya desaparecieron a pesar de su altivez; igual pasaría con los dominadores actuales. El Libertador no podría tardar. Mientras tanto, era preciso mantener la idiosincrasia del pueblo a cualquier costa y no ser como los herodianos, para que la esperanza hiciera posible su supervivencia como nación. No se podía dejar que un ápice lo apartara de la fidelidad a las costumbres patrias. Eso le hizo celoso.

Y mira por donde, aquella herejía estaba estropeando todo lo que necesitaba el pueblo. Locos estaban adorando a un hombre y crucificado. No se podía permitir que entre los suyos se ampliara el círculo de los disidentes. Había que hacer algo. No pasaban, sino que las noticias decían que estaban por todas partes como si se diera una metástasis generalizada de un cáncer nacional. Hacía años que ya estuvo, colaborando como pudo, en la lapidación de uno de aquellos visionarios listos, serviciales, piadosos y caritativos pero que hacían mucho daño al alto estamento oficial judío; fue cuando lo apedrearon por blasfemo a las afueras de Jerusalén, y lastimosamente él sólo pudo guardar los mantos de los que lo lapidaron. Hasta le parecía recordar aún su nombre: Esteban.

Su conversión fue en un día insospechado. Nada propiciaba aquel cambio. Precisamente llevaba cartas de recomendación de los judíos de Jerusalén para los de Damasco; quería poner entre rejas a los cristianos que encontrara. Hasta allí se extendía la autoridad de los sumos sacerdotes y principales fariseos; como eran costumbres de religión, los romanos las reconocían sin hacerles ascos. Saulo guiaba una comitiva no guerrera pero sí muy activa, casi furiosa, impaciente por cumplir bien una misión que suponían agradable a Dios y purga necesaria para la estabilidad de los judíos y para proteger la pureza de las tradiciones que recibieron los padres. Aquello parecía la avanzada de un ejército en orden de batalla, con el repiqueteo de las herraduras en las pezuñas de las monturas sobre el duro suelo de roca ante Damasco donde caracoleaban los caballos. Llevaban ya varios días de caminata; se daban por bien empleados si la gestión terminaba con éxito. Iba Saulo "respirando amenazas de muerte contra los discípulos del Señor". En su interior había buena dosis de saña.

"Y sucedió que, al llegar cerca de Damasco, de súbito le cercó una luz fulgurante venida del cielo, y cayendo por tierra oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Dijo: ¿Quién eres, Señor? Y él: Yo soy Jesús, a quien tú persigues. Pero levántate, y entra en la ciudad y se te dirá lo que has de hacer. Y los hombres que le acompañaban se habían detenido, mudos de espanto, oyendo la voz, pero sin ver a nadie. Se levantó Saulo del suelo y , abiertos los ojos, nada veía. Y llevándole de la mano lo introdujeron en Damasco, y estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió" (Act. 9, 3-9).

Tres días para rumiar su derrota y hacerse cargo en su interior de lo que había pasado. Y luego, el bautismo. Un cambio de vida, cambio de obras, cambio de pensamiento, de ideales y proyectos. Su carácter apasionado tomará el rumbo ahora marcado sin trabas humanas posibles _su rendición fue sin condiciones_ y con el afán de llevar a su pueblo primero y al mundo entero luego la alegría del amor de Dios manifestado en Cristo.

El relato es del historiador Lucas, buen conocedor de su oficio. Se lo había oído veces y veces al mismo protagonista. No hay duda. Vió él mismo al resucitado; y lo dirá más veces, y muy en serio a los de Corinto. Por ello fue capaz de sufrir naufragios en el mar y persecuciones en la tierra, y azotes, y hambre y cárcel y humillaciones y críticas, y juicios y muerte de espada; por ello hizo viajes por todo el imperio, recorriéndolo de extremo a extremo. Y no creas que se lamentaba; le ilusionaba hacerlo porque sabía que en él era mandato más que ruego; el dolor y sufrimiento más bien los tuvo como credenciales y las heridas de su cuerpo las pensaba como garantía de la victoria final en fidelidad ansiada.

Entre tantas conversiones del santoral, la de Pablo es ejemplar, paradigmática. Más se palpa en ella la acción divina que el esfuerzo humano; además, enseña las insospechadas consecuencias que trae consigo una mudanza radical.

Autor: Arquidiócesis de Madrid
La conversión de San Pablo
Fiesta, 25 de enero

Tomado de :
http://www.es.catholic.net/santoral/articulo.php?id=732

Este es..

... un espacio para peregrinar a través de las Cartas de San Pablo, un lugar para reflexionar, compartir, y disfrutar de La Palabra a través de su gesta como el Apóstol de las Gentes. Una oportunidad más para conocer a Pablo de Tarso, misionar con él y llevar la Palabra de Jesús Resucitado.