Un lugar para caminar con San Pablo... para llevar a Cristo a cada persona en cada paso... un espacio para peregrinar a través de las Cartas de San Pablo, un lugar para reflexionar, compartir, y disfrutar de La Palabra a través de su gesta como el Apóstol de las Gentes. Una oportunidad más para conocer a Pablo de Tarso, misionar con él y llevar la Palabra de Jesús Resucitado.

miércoles, julio 2

1era de la Serie de Conferencias sobre San Pablo: Padre Struik

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SAN PABLO: FUEGO DE CRISTO
por: Padre Félix Strui


¿Viste alguna vez el acto de un trapecista de circo? ¿No te estremeciste al ver cómo, desde cincuenta pies, se lanzó de su trapecio al vacío, confiando que su compañero, al otro lado de la carpa, en el momento exacto le cogiera la mano? ¡Un segundo tarde, y se podía estrellar en el piso! ¡Qué confianza en la precisión de su compañero! ¿Te atreverías a confiar así a otra persona? ¿Pondrías así tu vida en manos ajenas?

Ésta es, exactamente, la aventura de Pablo: se desligó de todo lo que le había sido firme bajo los pies, y se lanzó al vacío. ¿Por qué se lanzó? ¿Por qué confió firmemente que allá, en el aparente vacío, había Alguien que lo cogería en sus brazos poderosos y lo salvaría?

Primeras Experiencias y Conversión

Pablo, aunque judío, nació en Tarso, una ciudad lejos de Palestina al sureste de la actual Turquía. Nació unos diez años después de Cristo en una familia devota de judíos fariseos. Tenía quince años cuando sus padres lo mandaron a Jerusalén, para estudiar la Ley de Moisés y las interpretaciones farisaicas, bajo Gamaliel. Quien le inculco que si cumplía minuciosamente todas las prescripciones de la Ley, se salvaría.

Durante el ministerio público de Jesús, Pablo no estaba presente en la Palestina, de manera que nunca conoció personalmente al Señor, ni oyó la Buena Nueva de sus labios. Cuando regresó a Jerusalén, se topó con los seguidores de Jesús y se indignó profundamente al notar la distinta interpretación de la Ley que éstos habían aprendido del profeta de Nazaret. Primero comenzó a discutir con ellos luego, con un celo fogoso no libre de fanatismo, comenzó a arrastrarlos ante los tribunales judíos, y perseguirlos hasta en el extranjero, hasta Damasco.

¡Pero allá Alguien lo estaba esperando: Jesús mismo! En un flash de luz, lo tumbó del caballo y con esto, de un solo golpe, le quitó el fundamento sólido de debajo de los pies: ¡aquella seguridad de salvarse por la Ley! Pero, al caer así del caballo, ¿se le estrelló la cabeza contra el suelo? ¡No, cayó en los brazos fuertes de Jesús! Aquel Jesús que, desde ese momento hasta el fin de su vida, fue fundamento, sólido como roca, bajo sus pies. Y no sólo roca bajo los pies, sino más aún, fuego en el corazón: fuego que le ha impulsado hasta los límites de su mundo mediterráneo, para contagiar a otros con esa experiencia.

Su Vida Apostólica

Desde ese momento su vida transcurrieron unos 22 años de continuo viajar y predicar el Evangelio, - y otros cinco años de prisión y cárceles por razón de este Evangelio. Entre los años 37 y 39 DC estuvo predicando en Damasco y sus alrededores. Entre los años 40 a 44 su área de trabajo apostólico era su ciudad natal Tarso, y desde allí las áreas de Siria al este y Cilicia al oeste. En el año 45 Bernabé lo invitó a que se asociara a él en la labor de evangelizar la gran ciudad de Antioquía de Siria. Pero pronto el Espíritu Santo impulsó a ambos a emprender un primer viaje misionero de cuatro años por Chipre y el área surcentral de Asia Menor. Al final de este periplo ambos compañeros participaron en el “Concilio de Jerusalén”, para zanjar la controversia sobre cuánta importancia seguía teniendo la Ley Mosaica para los cristianos.

Vuelto a Antioquía, tuvo un fuerte altercado con Pedro y, poco después, con el propio Bernabé, y desde entonces se separaron. Pablo se retiró de Antioquía, en su segundo viaje misionero por Asia Menor y Grecia. Durante este viaje estuvo durante un año y medio en Corinto, donde combinó la labor evangelizadora con su profesión como tejedor de lona. En estos años escribió la Primera (y quizás la Segunda) Carta a los Tesalonicenses sobre la Segunda Venida de Cristo.

Durante el tercer viaje misionero por la cuenca oriental del Mediterráneo, se quedó dos años trabajando en Éfeso, donde escribió su Carta a los Gálatas y la de los Romanos sobre la oposición fe-obras, o gracia-ley. Además escribió allí varias cartas a la Comunidad de Corinto sobre temas ocasionales. Allí, una de sus preocupaciones era que Corinto no se quedara aislado del resto de la Iglesia y, por tanto, que tuviera buenas relaciones con la Iglesia-Madre por lo que organizó una colecta para socorrer a los muchos pobres de la Comunidad de Jerusalén.

Cuando en el año 58 fue a entregar la colecta, fue arrestado y quedó preso, primero y Jerusalén y luego en Cesarea durante dos años. Apeló al Emperador, y fue enviado a Roma, donde fue preso otros tres años, quedado finalmente libre, sin juicio. Desde la cárcel escribió, sobre temas Cristológicos, sus cartas a los Filipenses, a los Colosenses y a los Efesios (si ésta realmente es de Pablo). Después de su liberación, si pudo o no cumplir su deseo de ir a predicar en España, no sabemos. Lo que parece cierto es que fue martirizado en Roma en el año 67, poco después del martirio de Pedro, con quien parece haberse reconciliado, y en efecto en Apocalipsis, 11 se refiere a esos dos Apóstoles como Columnas de la Iglesia Romana.

Valor y Dificultad de sus Cartas

El carácter nervioso, rápido, inquieto y hasta fogoso de Pablo se refleja no sólo en su persecución inicial a los Cristianos, y en las ‘ronchas’ que levantaba en todas partes (con Pedro, con Bernabé, con las autoridades civiles en las ciudades griegas, y con los Saduceos en Jerusalén). Sino también en su método misionero y en el estilo de sus cartas.

Cuando llegaba a una ciudad, esperaba hasta el sábado, y entraba en la sinagoga local y presentaba el Evangelio de Cristo. Generalmente tenía poco éxito entre los Judíos, pero muchos prosélitos y paganos que lo oían, acogían su mensaje y formaban una nueva Comunidad. Pablo solía quedarse muy poco tiempo: unas semanas o máximo, unos meses, y continuaba su viaje a la siguiente ciudad.

Luego de su partida, surgían dudas o disputas entre estos nuevos Cristianos quienes le enviaban una carta con la lista de dudas y preguntas y en gran parte las cartas de Pablo, son respuesta a esas preguntas (I Corintios un claro ejemplo). Ello explica por qué sus cartas son escritos ocasionales, sin pretender dar una exposición coherente y sistemática de la Fe Cristiana.

El estilo de sus cartas es vivo, muchas veces precipitado y gramaticalmente incorrecto. Por la dificultad que había en aquel tiempo de escribir con cálamo sobre papiro, era costumbre dictar las cartas a un secretario, que no lograba escribir con la velocidad del ‘torrente’ de ideas que Pablo dictaba. De ahí muchas oraciones inacabadas o incoherentes en sus cartas.

Pablo gustaba de exagerar las oposiciones ‘carne-espíritu’, ‘fe-obras’, ‘ley-gracia’, y otras que no se pueden tomar literalmente. No es de extrañar, pues, que ya el autor de II Pedro 3.15-16 diga que las cartas paulinas son “harto difíciles de entender”, y que se prestan a “interpretaciones torcidas”. Con más razón debemos esforzarnos por formarnos bien, y no dar malas interpretaciones, sino crecer en nuestra fe por el contagio del fuego de San Pablo.

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