Un lugar para caminar con San Pablo... para llevar a Cristo a cada persona en cada paso... un espacio para peregrinar a través de las Cartas de San Pablo, un lugar para reflexionar, compartir, y disfrutar de La Palabra a través de su gesta como el Apóstol de las Gentes. Una oportunidad más para conocer a Pablo de Tarso, misionar con él y llevar la Palabra de Jesús Resucitado.

lunes, septiembre 29

San Pablo y La Vida en Cristo



“Vivo, pero no yo, es Cristo quien vive en mí” (Gál. 2,20)


En estos tiempos de caos social, político, económico y espiritual, estas palabras del Apóstol deben
servirnos de bálsamo, estímulo y empeño. Bálsamo, porque aunque hemos echado a Cristo a un lado, “El permanece fiel porque no puede negarse a sí mismo”. El vive en nosotros, en lo más íntimo de nuestras conciencias; el problema es que no sacamos el tiempo para escucharlo, para dialogar con El. Nuestra sociedad puertorriqueña se dice “cristiana”, pero no ejerce su título. Si fuera así, no estaríamos llorando a cada rato las víctimas de la violencia, de los suicidios, de las masacres…. Si Cristo viviera en nosotros de veras, mucho sería el esfuerzo de nuestros líderes por mejorar la calidad de vida del pueblo, en lugar de buscar su propio bienestar.

Si nuestra vida estuviera fundada en Cristo, trabajáramos por el bien común, por los más débiles y desamparados; los ancianos no sufrirían de soledad, los niños serían respetados y los
índices de divorcio en la Isla no fueran tan alarmantes. En fin, a pesar de todas esas cosas, “Cristo vive” en cada uno de los que hemos sido bautizados en nombre de la Santísima Trinidad. Ojalá que una de las gracias de este Año Paulino sea la de darnos cuenta de este enorme “Tesoro” que llevamos “en vasijas de barro”.

Estar conscientes que Cristo vive en nosotros, que nos ama tal cual somos, que nos escucha desde lo más profundo de nuestras realidades, que nos perdona y nos redime constantemente, que es compañero inseparable en el arduo caminar, es suficiente estímulo para querer vivir a plenitud. El Cristo que vive en nosotros quiere hablar por medio nuestro, quiere usar nuestras manos para construir un mundo más justo; Cristo necesita de nuestros labios para bendecir, de nuestro corazón para amar, de nuestras entrañas para solidarizarnos con el dolor hermano. ¡Qué grande es este Cristo que vive en nosotros que nos estimula a unirnos a Él en la salvación de este mundo! “Para mí, la vida es Cristo”, decía el Apóstol. Al ver y leer su vida encontramos que esta integración, esta unión de almas, mentes, corazones y voluntades no se adquirieron de un momento a otro ni que ese primer encuentro de ambos en el camino de Damasco fue definitivo. Fue necesario que Pablo se retirara a orar, a meditar las Palabras del Maestro y de sus apóstoles. Fueron inclusive, necesarios, el dolor, las carencias materiales, las discusiones con los hermanos y el rechazo de las gentes.

La vida de Pablo fue una de empeño por conocer cada vez más a ese Cristo que lo habitaba, que le llenaba de amor, de ternura, que lo escuchaba y proveía en sus necesidades. Para entrar en comunión con el Cristo vivo, Pablo decidió tomar el camino del Señor. No la “puerta ancha” sino más bien la “estrecha” que lleva a la Vida. “Para mí la Vida es Cristo y morir una ganancia”. A cuántas cosas materiales estaremos dispuestos a morir con tal de ganar la Vida. ¿Serán el prestigio social, el económico, inclusive el religioso, impedimentos en este arduo camino?

Hacen falta “cristos” decía una canción. Que este año el Apóstol nos ayude en este empeño para Gloria de Dios y la salvación de nuestros hermanos.

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